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Full text of "Odas de Píndaro"

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BIBLIOTECA (ILASIGA. 

TRES PESETAS CADA TOMO.— CUATRO ENCUADERNADO- 
OBRAS PUBLICADAS. ''^O'»**»- 
HOMERO. --£a Iliada^ traducción directa del griego en 

Terso y con notas de D . Jo3é Gómez Hermosilla 3 

CERVANTES -^Novelas pimplare* y viaje del Parnaso 2 

HBRO DOTO. —Lo« nueve libros de la htsíoria, traducción 

directa del griego, del padre Bartolomé Pou 2 

ALCALÁ QALIANO. -Recuerdos dé un anciano I 

VIRGILIO.— La Sneida, treducción directa del latín, en ter- 
so y con notas de D . Miguel Antonio Caro 2 

— Las égloga», traducción en verso, de Hidalgo.— üo* 
geórgicas, traducción en verso, de Caro: ambas traduc- 
ciones directas del latín, con un estudio d«l Sr. Me- 
néndez Pelayo 1 

MACAULAY.— É:«/udwí literarios.— Estudios históricos. —Es- 
tudios politicón." Estudios biográficos - Estudios críticos. 
Traducción directa del inglés de M. Juderías Bénder. 5 

— Historia de la Revolución de Inglaterra^ traducción di- 
recta del inglés de M. Juderías Bénder 2 

QUINTANA.— Vidas de españoles célebres 2 

CICERÓN. - Tratados didáclioos de la elocuencia, traducción 

. directa del latín de D. Marcelino Menéndez Pelayo. . . 2 
8 AIAJSTIO.— Conjuración de Catilina. — Guer> a de Jugurta^ 
traducción del Infante D. Q&hriel,— Fragmentos de la 
g' ande historia, tTAáucci6n del Sr. Menéndez Pelayo, 

. ambas directas del latín L 

TÁCITO.— ¿Oí anales, traducción directa del latín de don 
Carlos Coloma 8 

— Laa Awíorio*. traducción del mismo 1 

PLUTARCO. — ¿a« vidas p>aralelas, traducción directa del 

griego por D. Antonio Ranz Romanillos 5 

ARISTÓFANES.— Tíflíro completo, traducción directa del 

griego por D. Federico Baráibnr 3 

POETAS BUCÓLICOS GRIEGOS fTeóerito, Bió^ y MoseoJ. 

Traducción directa del griego, en verso, por D. Ignacio 

Montes de Oca. Obispo de Linares (Méjico) 1 

MANZONI.-LoíiVorto*, traducción de D. Juan NicasioGa- 
* llego 1 

— La Moral Católica ., 1 

ESQUILO. ~r«aíro completo, traducción directa del griego, 

con notas, por D . Fernando Brieva Salvatierra 1 

QUEVEDO. - Obras satiHcas y festivs 1 

DUQUE DE RIVAS .—Sublevación de Ñapóles 1 

CALDERÓN DE LA BíiRCK.— Teatro selecto 4 

HURTADO DE M ENDOZ A. - O^rw #npr6«a 1 

SCHILLER. — Teatro completo, traducción directa del ale- 
mán por Eduardo de Mier. 2 

JULIO CESAR.— jCoí Comentarios 2 

XENOFONTE. — Historia de la entrada de Cyro el Menor 

en Asia 1 

— r a Cyrope4ia 6 Historia de Cyro el Mayor 1 

UILTOV.— Paraíso perdido 2 

LAMA RTIN E . -^Civilizadores y conquistadores 2 

LUCIANO.— 06ra« co»ii)teto« 1 

MADRID.— «IMPRENTA CENTRAL Á CARGO DE V. SAIZ, COLEGIATA, 6. 



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BISUOTECA CL.ASICA 

^OMO LVII 



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^ .'ODAS 

DE 

PlNDAEO 



TRADUCIDAS EN VERSO CASTELLANO 



CON CARTA -PRÓLOGO Y NOTAS 



POR EL ILMO. SEÑOR 



X).. IGNACIO MONTES DE OCA 

Obispo de Linares (Méjico) 



; ;»«í . 



MADRID 
Í-UIS NAVARRO, EDITOR 

CALLE DE LA COLEGIATA , 6 

l883 - * 



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^.^r-^R. ;-áNOX AND 
r*jL.DAW ¿-OüNDATlONS 



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Cantando apacentaba su rebaño. 
Mosco, Idil. iiu 






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is. 



CARTA-PRÓLOGO 

Á 

D. MARCELINO MENÉNDEZ PELA YO, 

DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. 



Querido amigo: 
Al fin remito á V. la versión de Píndaro, 
»con tanto ahinco solicitada y hace mucho 
tiempo ofrecida; pero no va manuscrita, 
como V. la espera, sino impresa con bellos 
tipos en la capital de la que fué Nueva-Es- 
paña. A pesar de las ventajosas proposicio- 
nes de los editores de Madrid, prevaleció en 
mi. ánimo un sentimiento de patriótica vani- 
dad, y quise que la primera traducción mé- 
trica española del Príncipe de los líricos sa- 
liese á luz en la misma México que vio nacer 
^1 traductor. Buena ó mala, llena un vacío 
«n la literatura castellana, que intentaron en 



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71 CATRA PROLOGO. 

vano colmar Berguizas y Canga Arguelles^ 
habiéndose limitado á trasladar á nuestro 
idioma las catorce Olímpicas. He tenido^ 
además, la ventaja de poder atender yo- 
mismo á la impresión, habiendo v^ido de 
mi diócesi á esta capital á asuntos eclesiásti- 
cos, que no me han impedido dedicar algu- 
nas horas á la revisión de los trabajos tipo- 
gráficos. 

No por esto retiro á nuestros amigos m? 
consentimiento para hacer en España una 
nueva edición; ni mucho menos relevo á V. 
del compromiso de escribir un prólogo que 
sirva' de amparo á mis versos en su vuelo por 
el antiguo Continente. Ninguno más que V. 
tiene el derecho, y el correlativo deber, de 
ser mi introductor; pues A V. debe Píndaro 
el traje 'español que acabo de ponerle. Es 
cierto que, hace veintitrés años, cuando yo 
era aún colegial y V. estaba casi en la cuna, 
me vino la primera idea de traducir al gran 
Lírico, y puse, en efecto, en castellano algu- 
nos versos de la Nemea III. Es cierto tam- 
bién, que al dar á luz los Bucólicos, dos co- 
legas de la Academia Mexicana me excitaron 
á llevar á cabo mi antiguo propósito, el uno 
diciéndome con Virgilio: Paulo majora ca-- 
namus; el otro regalándome un ejetriplar de 
las Olímpicas en griego, y exigiéndome su 
devolución en castellano. Fué V., empero,, 
quien dio el impulso final, con su lisonjersi 



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CARTA PRÓLOGO. Vil 

carta de setiembre de 1878. Entonces tra- 
duje las Olímpicas XI y XII, y no volví á 
poner mano á'la obra hasta que nos vimos 
en Madrid en. marzo de 1880. Entonces re- 
cordará V. que vertí, á toda prisa, la Pí- 
rica XII, las Nemeas IV y VIII, y la íst- 
mica HL El juicio favorable que me dieron 
usted y nuestros amigos Fernández-Guerra, 
Tamayo, Nocedal, Collado, Valera, etc., 
cuando las leí en la tertulia literaria de la 
calle de Valverde, me animaron en la em- 
presa; y durante la travesía del Océano, en 
mayo del mismo año, quedaron terminadas 
la Pírica VII y la ístmica VI, y empezada la 
ístmica IV. 

Píndaro, como V» bien sabe, es un autor 
tan profundo, tan oscuro á veces y tan difí- 
cil de interpretar, que para entenderlo y ha- 
cerlo entender al público, profano se necesita 
consagrarse á su estudio con toda el alma y 
con todas las fuerzas. Teócrito, Mosco, Bión, 
Anacreonte, se traducen jugando, y su fácil 
lectura distrae y hace olvidar penas al amante 
de las letras. Con Píndaro es menester hacer 
á un lado, ante todo, amargos recuerdos y 
extrañas ocupaciones, transportarse por com- 
pleto al mundo ideal, y absorberse todo en- 
tero, sin divagar en lo más mínimo, en su 
lectura é interpretación. Usted que conoce 
cuan importantes y laboriosos son los debe- 
res de mi augusto ministerio, comprenderá 



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VIII CARTA-PROLOGO. 

también cuan difícil ha sido para mí seme- 
jante tarea, y á cuántas interrupciones habrá 
estado sujeta. 

En efecto, sólo el 3o de julio de 1880 ter- 
miné la Nemea III, empezada hacía cuatro 
lustros. £1 II del mismo había acabado la 
Nemea V, y el 12 la II; en todo el mes de 
agosto sólo pude consagrar algunos instan* 
tes á la versión de la VI, y en setiembre tra- 
duje el resto de las Nemeas, que terminé 
el 10 de octubre. No pude reasumir mi tra- 
bajo hasta el año siguiente, en que del 7 al i3 
de enero vertí las seis ístmicas que me fal- 
taban. 

Del 20 de febrero al 14 de marzo del mismo 
año de 1881 trasladé á nuestra lengua todas 
las Píticas, excepto las cinco primeras. En- 
tonces, como escribí á V. en esa época, al 
emprender la traducción de la difícil y lar- 
guísima Pítica IV, el carro de mi musa quedó 
atollado en el fatigo^ y me. vi obligado á imi- 
tar á algunos caminantes y arrieros cuando 
les sorprende la estación de las lluvias en 
estas regiones tropicales; lo abandoné, hasta 
que, cesando los aguaceros, quedase el ca- 
mino expedito. 

Durmió Píndaro en mi biblioteca el resto 
de marzo, todo abril, mayo, junio y los pri- 
meros veinticuatro días del caliente julio. 
El 6 de agosto, de las Píticas sólo faltaba la 
famosa IV, y el 7 puse mis manos, tem* 



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CARTA-PRÓLOOO. IX 

blando y casi avergonzado, en la Olím- 
pica XIV, que V. tradujo, y que yo sólo in- 
terpreté por no dejar incompleta mi versión. 

Favorable en extremo me fué el mes de 
setiembre: veinte días me bastaron para po- 
ner en castellano las once Olímpicas que me 
faltaban. Volví entonces á la Pítica IV, de 
que sólo cien versos llevaba traducidos, y 
el 24 del mismo di cima á la entera versión. 

Con tantas interrupciones, mi trabajo tiene 
que ser muy desigual; y si á las fechas que 
acabo de consignar hubiera añadido los nom- 
bres de los diversos lugares en que (durante 
la visita pastoral las más veces), consagré á 
las letras mis noches insomnes y mis siestas 
solitarias, más me compadecerían V. y el 
lector. 

Ya que, invirtiendo el orden debido, em- 
pecé por hablar de la traducción y del tra- 
ductor, agotaré el asunto antes de disertar 
sobre el autor y el original. Mi versión es de 
poeta y no de gramático. He tenido constan- 
temente á la vista varias ediciones; pero al 
compararlas, he adoptado el texto que más 
bello me ha parecido, aunque fuese el menos 
genuino. En los muchos pasajes que, como 
observa á menudo Heyne, necesitan un adi- 
vino más bien que un traductor, he hecho las 
adivinan:{as que más poéticas he juzgado. 
Creo que ningún erudito me echará en cara 
esta libertad. Casi no hay dos versiones igua- 



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X CARTA-PROLOGO. 

.les de esos pasajes tan difíciles de entender; 
y los comentadores más autorizados cambia- 
ban á cada paso de modo de ver, y corregían 
en una edición lo que en la anterior habían 
escrito. ¿Qué ha de hacer el poeta en seme- 
jantes circunstancias, sino inclinarse á lo 
más bello? 

Hay en mi libro gran variedad de metros. 
Sabe V. cuánto desconfío de mi destreza en 
manejar el verso suelto. Con todo, en obse- 
quio de V. especialmente, á quien tanto fas- 
tidia la rima, la hice á un lado en tres odas; 
y en la Olímpica VIH y en la Pítica III pro- 
curé con todo empeño ajustarmé á la letra y 
trasladar fielmente los epítetos, frases y gi- 
ros griegos. Bastante me he servido de ter- 
cetos, y no sé hasta qué punto habré tenido 
razón: en la Olímpica I adopté esta combi- 
nación sólo por no seguir á Fr. Luis de León 
(que empleó la canción Petrarquesca en esa 
oda, la única que tradujo), á Berguizas ó á 
Canga Arguelles, que hicieron uso de la 
silva. 

Empecé en octavas la Pítica IV, verdadero 
canto épico, imitando en ello al italiano 
Borghi. Presto me cansé de su prolongado 
retintín, y juzgando que el lector se cansaría 
lo mismo que yo, introduje, á estilo de las 
leyendas románticas, diversos metros. ¿Qué 
le parece á V. esta trasgresión de los pre- 
ceptos clásicos? En una versión, por ejemplo. 



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CARTA PRÓLOGO. XI 

de los Argonautas de Apolonio Rodio ó de 
la Odisea de Homero, ¿podría seguirse el 
mismo método? 

Largas disertaciones han hecho los co- 
mentadores de Píndaro, y en especial Au- 
gusto Boeck, que tengo á la vista, sobre los 
metros de nuestro Poeta. Mucho nos hablan 
de los ritmos Jónico^ Dórico, Frigio, Lidio, 
MixolidiOj Eólico, etc., etc. Detiénense á en- 
comiar la gravedad, templanza, igualdad y 
Severidad varonil del ritmo Dórico; y eti el 
Lidio encarecen la dulzura, suavidad y ar- 
moniosa ternura. Confieso á V. que quise al 
principio imitar los metros del original, y 
según la diversa clasificación de las odas en 
Dóricas, Eólicas, Lidias, etc., así servirme 
de versos mayores ó cortos, de estancias lar- 
gas ó breves. Algo lo conseguí, sobre todo 
en las piezas en que prevalece el suavísimo 
ritmo Lidio, y que aparecen en mi traduc- 
ción en versos anacreónticos, unas veces aso- 
nantados, otras veces en estrofitas con sabor 
de endechas. Pero no es practicable en lo 
general este método, ni lo aconsejo á los fu- 
turos traductores. 

Debo igualmente disuadirlos de la división 
griega en estrofas, antiestrofas y epodos, 
sobre todo si los últimos han de contener 
diverso número de versos que las primeras. 
Yo hice un ligero ensayo en la Olímpica XI, 
pero el éxito infeliz que el famoy D. Fran- 



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XII CARTA-PRÓLOGO. 

cisco de Quevedo Villegas tuvo en una ten- 
tativa análoga, me dejó escarmentado para 
siempre. Además, no se obtiene la ventaja 
de traducir estrofa por estrofa, y hacer que 
cada antiestrofa y epodo de la versión co- 
rresponda á los del original. En griego se 
puede terminar una estrofa sin que se com- 
plete el período, pero no así en castellano. 
En la traducción del Idilio II de Teócrito lo 
intenté una sola vez, y no estoy del todo sa- 
tisfecho. En la espléndida oda á Diágoras de 
Rodas traduje estancia por estancia; pero no 
pude ceñirme al original hasta el extremo 
de dejar el sentido incompleto, y tuve que 
sacar de su lugar varios versos que en las 
estrofas castellanas habrían parecido remien- 
dos heterogéneos. Me permito hacer estas 
observaciones, hijas de mi propia reciente 
experiencia, no sólo á los futuros intérpretes 
de Píndaro, sino también á V. y nuestro Va- 
lera, esperando no les sean del todo inútiles 
en la versión de los coros de Esquilo y de 
Sófocles, cuya traducción aguardan con an- 
sia las letras castellanas. 

No sabré decir á V. precisamente qué 
texto he seguido. La edición que más me ha 
acompañado es la de Londres de 1814; pero 
he tenido también á la vista otras dos de 
Londres, dos de Leipzig, una. de Padua y 
otra de Glasgow. Me han servido mucho las 
versiones latinas en prosa de Heyne y de 



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CARTA- PRÓLOGO. Xlll 

Boeck, la paráfrasis Benedictina, las traduc- 
ciones inglesas de Turner, Moore y West, y 
la italiana de Borghi. He consultado algunas 
otras en diversos idiomas, que han caído á 
mis manos, y si más hubiera logrado reunir, 
más habría estudiado. Si al traducir á los 
Bucólicos me bastó muchas \tcts la pequeña 
edición de Boíssonade, para interpretar á 
Pindaro me habrían parecido pocas cuantas 
se han dado á la estampa, y cuantos manus- 
critos encierran las bibliotecas europeas. 

He sido muy parco en las notas. Salva una 
que otra excepción, he evitado repeticiones, 
que las habrían hecho interminables. ¿A. qué 
repetir, por ejemplo, la historia de Perseo 
cada vez que se hace alusión á sus aventuras? 
Tampoco he creído necesario asentar hechos 
ó fábulas bien conocidas, y que en todo caso 
se encuentran fácilmente en cualquier jpa- 
nual ó diccionario mitológico. He omitido, 
por tanto, enumerar los trabajos de Hércu- 
les, darlos nombres de las Musas, clasificar 
á las ninfas, y otras cosas semejantes. 

Apartándome de la opinión y práctica de 
usted y de muchos alemanes é ingleses, he 
dado á las divinidades griegas los correspon- 
dientes nombres latinos. A mi modo de ver, 
poco importa que el Zeus, la Hera, el Cronos 
ó el Hermes helénicos, no sean exactamente 
los mismos que el Júpiter, la Juno, el Sa- 
turno ó el Mercurio romanos. Estamos acos- 



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XIV CARTA^PRÓLOGO. 

tunabrados á confundirlos; la generalidad de 
los lectores conoce á los últimos é ignora á 
los primeros, y el adoptar el método que 
repruebo traería confusión y disminuiría la 
belleza de la poesía. Además, ¿no tenemos el 
ejemplo de Virgilio mismo, de Ovidio y de 
los poetas antiguos? ¿No llaman Venus á la 
madre de Eneas, que en Homero es Afródíte, 
Minerva á la deidad tutelar de Atenas, Vul- 
cano al Hefestio que fabricó las armas de 
Aquiles, Marte al mismo dios Ares que diri- 
gía los combates frente á Troya? No obs- 
tante, en uno que otro caso llamo Atena á 
Minerva, Artemis á la cazadora Diana, Mer- 
mes al mensajero de los Dioses; y viceversa, 
doy á las Musas el nombre poco usual y ex- 
clusivamente itálico de Camenas. También 
me tomo, no raramente, la libertad de alte- 
rar algún tanto las terminaciones de los 
nombres propios, cuando así conviene á la 
armonía ó al ritmo. 

He dejado los títulos de las odas, tales 
como se encuentran en el original; pero tuve 
tentaciones de suprimir el género de certa- 
men en que eran vencedores los héroes que 
celebra el poeta. Sé me antoja que una de las 
razones porque Píndaro se lee tan poco, es 
la idea que tales títulos sugieren al vulgo, de 
que sólo canta su musa golpes y heridas, ha- 
zañas de carreteros ordinarios y de púgiles 
de baja ralea. 



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CARTA- PROLOGO. XV 

{Cuánto se engañan los que tal se imagi- 
nan! (iCómo haremos para que se persuada el 
mundo profano de que las lides atléticas y las 
carreras á caballo ó en carro (fuera de la alta 
estimación en que las tenían los antiguos) 
daban ocasión á que cantase nuestro poeta 
batallas, hazañas y aventuras gloriosas de 
ilustres varones, de semidioses, de divinida- 
des? ¿Cómo disipar, por el contrario, la pre- 
ocupación de algunos literatos nada vul- 
gares, que afírman que las victorias y los 
béroes que pretende celebrar Píndaro, no 
forman sino un asunto muy secundario de 
sus cantos? Olvidan estos críticos -que los 
Griegos consideraban al hombre, no como 
individuo, sino como miembro de su familia 
y de su república. Bajo este aspecto, toca al 
vencedor cuanto se refiere á sus antepasados, 
á la historia de su ciudad natal, á las leyen- 
das relativas á la fundación de la misma, y 
á sus misteriosas relaciones con dioses y 
diosas. ' 

No sé si habrá V. leído en cierto autor, 
por otra parte de gran mérito, que i» Píndaro 
cambia á menudo de metrOy llevado por el 
poético entusiasmo.» Se figuró el censor, al 
ver los versos, ya cortos, ya largos de nues- 
tro poeta, que tenía delante alguna de aque- 
llas leyendas que después escribieron Víctor 
Hugo, Espronceda ó Zorrilla, en que sin 
orden alguno se recorren todos los metros. 



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XVI CARTA PRÓLOGO, 

desde el raro unisílabo hasta el cansado ale- 
jandrino. Destruyamos, amigo mío, las falsas 
ideas que haya engen drado tan temeraria y 
falsa aseveración. Si hay algo regular y or- 
denado desde el principio hasta el fin, son 
las odas de Píndaro. Aunque éstas entre sí 
no se parezcan, las estrofas y antiestrofas de 
cada una constan de igual número de versos 
(al grado que se pone con cifras este número 
al principio de cada estancia); y si bien el 
epodo difiere de aquellas, todos los epodos 
de un canto, cuando los hay, son idénticos. 
No puedo yo menos que deplorar con V. y 
con todos los amantes de las letras, la pér- 
dida de los cantos.procesionales (icpoxróSia), los 
himnos de vírgenes (napO^veta), la canciones 
bailables (ónop^i/)iJ.axa), las cantilenas báquicas 
(djcoXtá), las odas encomiásticas á Príncipes 
(€Yxa>(jLCGi) y los lamentos fúnebres (Opisvoi) que 
sabemos que escribió Píndaro y que no han 
llegado hasta nosotros. Sin embargo, no con- 
vengo con aquellos que creen que valían más 
que los himnos triunfales que poseemos, y 
que éstos no nos dan sino una ligera idea del 
valer de Píndaro. ¿No le parece á V. que 
tiene razón el alemán MüUer cuando afirma 
que los imvixta deben haber sido decidida- 
mente superiores á los demás, puesto que 
multiplicándose sus copias llegaron hasta la 
■edad presente? «En todo caso, añade, estas 
odas, por la gran variedad de sus asuntos y 



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CARTA-PRÓLOGO. XVU 

estilo, compensan ampliamente la pérdida de 
las otras clases de poesía lírica.» 

Y con justicia. ¡Qué pensamientos tan su- 
blimes, qué máximas tan puras, qué ideas 
tan profundas adornan las poesías del gran 
Líricol Parece á veces que estamos leyendo 
los Libros Santos. Pasiijes hay dignos de 
Moisés» y otros que se podrían intercalar en 
el libro de Job, sin que se notase la diferen- 
cia. Vemos repetida la historia de José, casi 
al pie de la letra, en varios cantos, aunque 
aplicada á héroes mitológicos; y las frecuen« 
tes invectivas contra la envidia, la calumnia, 
la adulación, la mentira, parecen calcadas 
en los escritos inspirados de Salomón. 

Y, sin embargo, nada menos que eso. 
Siempre fué verdad lo que él cantaba con 
tristeza en la Nemea VIH, y entonces 

Cual hoy, se conocía 
La blanda adulación, la artera maña; 

El chisme, la falsía, 
Y la calumnia vil, que el brillo empaña 

De) mérito sublime. ■ 

Estas bajas pasiones acibararon la vida del 
gjran Lírico, y disminuyeron la alegría de 
sus triunfos. Con todo, no atribuyo á la en« 
yidia, ni menos á la ignorancia de los jueces,, 
el que Píhdaro haya sido vencido por Corana 
cinco veces en certámenes poéticos. Prescin- 
diendo de su juventud, pues apenas había 



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XVIII CAUTA-PRÓLOÓO. 

nacido en Tebas el año 52o antes de J. C. y 
la poetisa era mucho mayor que el vate im- 
berbe, era natural que los encantos y la 
maestría en recitar de la agraciada conten- 
diente, hiciesen resaltar sus versos mucho 
más que los del inexperto mancebo. En láá 
academias de Italia, eií que es tan común ver 
á poetisas tomar parte en justas literarias, 
¡desdichado el varón á quien toca pronunciar 
sus lucubraciones después de alguna hermosa 
versificadora! He visto á eminentes poetas 
deslucirse en semejantes circunstancias; y los 
espectadores más doctos poco atendían á sus 
palabras, embriagados con el recuerdo de la 
dulce voz que acababa de resonar en sus 
oídos. Algo parecido debe haber pasado con 
la encantadora Coriná; si bien, por otra 
parte, el mismo Píndaro nos demuestra que 
la galantería no era virtud favorita entre sus 
contemporáneos. De otra suerte, ¿cómo ha- 
brían tolerado que llamara í5< á su afortunada 
competidora, aunque el nombre del inmundo 
animal no tuviera el feo significado que hoy 
se le atribuye, especialmente en Italia? 

¿Tuvo Píndaro por padre á Daifanto ó á 
Escopelino? ¿Debió, en verdad, á la enseñan^- 
za de su madre Mirtis la destreza en versifi- 
car que han admirado los siglos? ¿Fueron 
realmente maestros suyos Simónides y su 
futura rival Corina? ¿Murió á los cincuenta 
y seis ó á los ochenta y seis años de edad? 



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CARTA-PRÓLOOO. XIX 

No quiero ni puedo entrar en el fondo de 
estas cuestiones. A V., querido Marcelino, 
tan familiarizado con el polvo de las biblio- 
tecas, toca dilucidarlas; y espero ver pronto 
un estudio, como los que V. acostumbra» 
sobre el gran poeta que tanto trabajo me ha 
costado interpretar. 

(cPíndaro, dice Quintiliano, es el principe 
de los nueve poetas Úricos griegos, sobresa* 
liendo por su inspiración, su magnificencia, 
sus sentencias, sus figuras. Es felicísimo en 
la riqueza de sus expresiones y la variedad y 
abundancia de sus asuntos, y se deja llevar, 
si así puedo expresarme, por un torrente de 
elocuencia, de tal suerte, que Horacio juzga 
que nadie es capaz de imitarlo.» 

Esta maravilla de ]a lírica poesía es la que 
yo' he osado manejar con mis indóciles ma- 
nos, y revestir con el tosco traje español que 
yo mismo he cortado. Que nadie me tache 
de temerario. A V. debo el haber acometido 
la empresa; á V. el haberla llevado á cabo; y 
á V. puedo aplicar los siguientes versos de 
nuestro Píndaro (Pítica X) que me servirán 
de respuesta á los que censuren mi osadía: 

Yo de Torace en el amor confío, 
Mi dulce huésped, cuya diestra amiga 
De las Musas me puso en la cuadriga 
Con ardor exigiendo ^1 cai>to mío. 



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XX CARTA PRÓLOGO. 

Creo que ya es tiempo de bajar del brillante 
carro de las hijas de Apolo, y que no volve- 
rá V« á hacerme empuñar sus doradas rien- 
das« A V. y á sus discípulos toca enriquecer 
nuestra literatura con las versiones de los 
clásicos griegos de que aun carece. Yo creo 
haber contribuido ya con un contingente 
proporcionado á mis fuerzas, traduciendo en 
verso castellano los Bucólicos, y ahora el 
Píndaro, que remito á V. y pongo bajo sus 
auspicios. Reciba V. en prenda de invariable 
amistad, este volumen, en cuya compañía 
quisiera de buena gana cruzar los mares y 
dar á V. un abrazo, quien se repite 

Siempre suyo, 

Ignacio Montes de Oca. 



México, febrero i5 de 1882. 



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VIDA DE PÍNDARO. 




Píndaro, príncipe de los poetas Iíhcos, fué Tebano, 
del pueblo de Cinoscéfalas, entre Tespias y Tebas, en 
Beocia. Su padre fué Daifanto; otros dicen que Esco- 
pelino ó Pagondas: algunos con|eturan que ééte ulti- 
mo filé su padrastro, y no faita quien llame al segundo 
su tto. Tuvo por madre y primera preceptora á Mirtis 
6 Mirto, y nació, poco más ó menos, el año Sao antes 
de Jesucristo, contando de 37 á 40 cuando la armada 
de Jerjes fué vencida frente á Salamina. Su principiil 
maestro, no sólo en la poesía, sino en pulsar la Hra, 
fué Laso de ^ermione, celebre poeta, autor de famo- 
sos ditirambos. Tuvo también por preceptor á Simó- 
nides, el lírico más insigne de aquellos tiempos; aun- 
que, si esto es cierto, poco imitó el fogoso discípulo 
al suave y templado maestro* 



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XXII \ VIDA DE PÍNDARO. 

Cuentan los anti^,,os que, siendo aún niño, un en- 
jambre de abejas forak^ió en la boca de Píndaro un 
panal de dulcísima miel; f'iresagio de su futura preemi- 
nencia sobre los poetas flhf-icos de todos los siglos y 
países. Casó con Megaclea (que^tros llaman Timoxe- 
na), y tuvo un hijo varón, á quien dllH(j^ el nombre de su 
abuelo Daifanto, y dos hijas llamadas n%%qtómaque y 
Polimetis. T^ 

Fué religioso en extremo, y se distinguió po^;' su 
singular veneración á Rhea, Apolo y Pan, y quiso qu? ' 
la casa de su habitación, en Tebas, se hallase situada 
junto al templo de la misma Rhea. Su pureza de cos- 
tumbres, su hospitalidad, patriotismo y mansedum- 
bre, lo hicieron muy popular; y gozó del favor de 
varios príncipes, especialmente de Alejandro (hijo de 
Amintas I) de Macedonia, de Cerón de Siracusa, y de 
otros cuyas hazañas cantó. Venció en un certamen 
musical á Mirtis, y fué cinco veces vencido en justas 
poéticas, por Corina de Tanagra, que algunos afirman 
había sido su maestra. 

Por haber llamado á Atenas celebérrima, espléndU 
da, gloriosa, y baluarte de Gr^ta^ AeicapaV xal &oi8ir- 
l&oi ^EXXdfSoc íp$ia\tAi x^vol 'AOl|vae, ló multaron en 
mil dracmas los Tebanos, entonces en guerra con los 
Atenienses; pero éstos; al saberlo, le regalaron doble 
cantidad. Fué el único entre sus conciudadanos que 
mereció ser admitido á los sacrificios de Apolo, y par- 
ticipar de sus sagrados banquetes; y la sacerdotisa de 
Delfos le asignó, además, la mitad de las primicias 
ofrecidas á aquella divinidad. Tuvo una muerte plá- 
cida ^ los 6í ú ^^ {(ños de su edad, en una reunión sa* 



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VIDA DE PÍNBARO. XXIII 

grada (quizá latf fiestas de Juno) en Argos: sus hijas 
trasladaron á Tebas sus restos mortales. 

Los Atenienses le erigieron una estatua de bronce. 
Cuando los Lacedemonios tomaron á Tebas, respeta- 
ron únicamente la casa de Píndaro; y otro tanto hizo 
* más tarde Alejandro el Grande, cuando incendió la 
misma ciudad. 



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ODAS olímpicas. 



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ODA PRIMERA. 



A GERÓN, REY DE SIRACUSA, 

VENCEDOR EN LAS CARRERAS DE CABALLOS. 



Nada hay mejor que el agua: brilla el or® 
Como luciente llama en noche oscura 
Entre las joyas de real tesoro. 

¿No ves ¡oh Musa! en la celeste altura 
Que en medio al solitario firmamento 
Ninguna estrella como el sol fulgura? 

I Si celebrar victorias es tu intento, 
; A la Olímpica lid lleva tu lira; 

Que otra no habrá más digna de tu acento. 



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4 OLÍMPICAS. 

Ella á los vates el cantar inspira 
Del Tenante en honor; con que resuena 
La augusta casa do Gerón respira; 

Rey que á Sicilia (de ganados llena) 
Mientras la flor de las virtudes liba, 
Con cetro bienhechor rige y ordena. 

La música dulcísima cultiva, 
Y, brillante cantor, el arpa hiere 
Con que el poeta en el festín cautiva. — 

Descuelga ya del clavo que la adhiere 
A la pared, la cítara de Doria 
¡Oh Musa! si cantar tu numen quiere 

Del Alfeo y Ferénico la gloria. 
¡Noble bridón! corrió sin acicate 
Y á los brazos llevó de la victoria 

A su dueño, de Pisa en el combate. 
¡Ah! Con razón del Rey siracusano, 
Sus corceles al ver, el pecho late. 

Su fama admira el pueblo fuerte y sano 
Que Pélope,de Lidia^condujera; [ 

A quien amó Neptuno soberano, ^ 



Después que en la purísima caldera « 

■ Volvió á formar su cuerpo Cloto santa i 

• Y el hombro de marfil le dio hechicera, , » ^ 



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ODA I. O 

Mil marayUlas hay; y al hombre encanta 
Fábula que de bella se gloría. 
Más que verdad cuya crudeza espanta. 

Tal hermosura da la Poesía 
Y tanta autoridad, que hace creible 
Lo que antes imposible parecía. 

Mas la posteridad es infalible 
r< ' Juez. Hable de los Númenes el sabio 
Sin proferir jamás calumnia horrible. 

¡Hijo insigne de Tántalo! el agravio 
De repetir antiguas falsedades, 
No te hará, no, mi reverente labio. 

Cuando, correspondiendo á sus bondades 
En Sípilo á banquete sin mancilla 
Convidó tu buen padre á las Deidades, 

El dios, cuyo tridente al ponto humilla. 
Sobre sus yeguas de oro, enamorado, 
Te trasportó de Olimpo á la alta silla, 

Do el tierno Ganimedes fué llevado 
Por el águila, el néctar delicioso 
A propinar á Jove destinado. 

Buscábante con rostro congojoso 
Tu madre y sus amigos por doquiera; 
/ Mas todo en vano. Entonces envidioso 

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<) OLÍMPICAS. 

Vecino, murmuró que en la caldera 
Hecho pedazos mil, en agua hirviente 
Tu cuerpo sumergió venganza fiera, 

Y tus miembros, en mesa irreverente 
Colocaron los Dioses, su apetito 

(ly En tí cebando con horrible diente. 

Yo blasfemias tamañas no repito. 
¿Cómo acusar á un dios de intemperancia? 
Es el murmurador siempre maldito. 

Si algún mortal se vio desde la infancia 
Colmado de riquezas y de honores, 
Por los que habitan la celeste estancia. 

Ese Tántalo fué; mas de favores 
Gozar no supo su soberbia loca, 
A sus débiles fuerzas superiores; 

ft j Y sobre su cabeza enorme roca 
Suspende Jove: aterrador castfgo 
due á una inquietud eterna lo provoca, 

Y esta vida sin techo y sin abrigo, ^ 
De la sed y del hambre los tormentos» ' 

Y de insomnio sin fin, lleva consigo. \ 

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El néctar y ambrosía tuvo alientos ^"^ 

De robar á los Dioses inmortales, 

Y dar como vulgares alimentos /; 



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ODA I. 7 

En eterno festín, á sus iguales, 
Los que inmortal lo hicieron. ¡Loca empresa! 
¿Qué se oculta á los ojos celestiales? 

Por crimen tal lo arrojan de su mesa 
Sus divos padres; y sobre él de muerte 
La sentencia común, de nuevo pesa. — 

Su juvenil mejilla apenas vierte 
La flor del primer bozo, cuando ansia 
A gloriosa doncella unir su suerte; 

Mas antes de pedir á Hipodamia 
Al Príncipe de Pisa, á la ribera 
Del mar, va solitario en noche umbría; 

Y al que en el ponto bramador impera 
Con el áureo Tridente, el joven llama; 
y el Numen de las aguas salta fuera. 

«¡Neptuno (dice), si de Venus ama 
Tu ardiente pecho los preciosos dones^ 
Hoy tus favores sobre mí derrama! 

»Ya de Enomao, trece corazones 
La lanza atravesó; de su hija el lecho 
Negando á los espléndidos varones. 

»Su férrea punta aparta de mi pecho; 
Y á Elis volando en rápida cuadriga, 
A la victoria llévame derecho. 



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^ OLÍMPICAS. 

jt Aborrece el peligro y la fatiga 
Imbele corazón; mas el valiente 
Que de morir la certidumbre abriga, 

»¿Cómo será posible que indolente, 
Sin gloria y sin honor, vejez oscura 
En paz inütil á aguardar se siente? 

»De la victoria pende mi ventura, 

Y emprenderé la lid: á mis afanes 
El anhelado triunfo tú asegura.» 

Dijo: y no fueron súplicas inanes. 
Neptuno lo agració con carro de oro 

Y alados incansables alazanes. 

Ganó á Enomao el virginal tesoro, 
Que seis héroes le dio, de las fulgentes 
Virtudes^ gratos al celeste coro. 

Y hoy día, á funerales esplendentes 
Cabe su altar y tümulo» á la orilla 
Concurren del Alfeo extrañas gentes. 

De Pélope la prez de lejos brilla 
En la Olímpica lid, de ligereza 

Y de atléticas fuerzas maravilla. 

¡Dichoso aquel que ciñe su cabeza 
Con el lauro del triunfo! De dulzura 
Vida eterna, y de paz, para él empieza . 




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ODA I. \ 

Place al mortal felicidad que dura 
Más que otro galardón. Al caballero 
Cuyo bridón cual vencedor figura, 

Con Eólicos himnos tejer quiero 
Corona triunfal. De altos loores 
Otro más digno señalar no espero. 

<Quién de los más esplendidos señores 
Los corceles como él doma robusto, 
Ó conoce del arte los primores? 

Tu numen protector, ¡Gerón augusto! 
Con tal afán sobre tu gloria vela, 
Que ordena los sucesos á tu gusto. 

Que presto entonaré, tu ardor revela, 
(n Himno más dulce á tu veloz cuadriga, 
Si no te deja su eficaz tutela. 

De Cronio la región, que el sol abriga, 
Palabras me dará: flecha volante 
Me guarda en su carcaj la musa amiga. 

Es de mil modos el mortal brillante: 
La regia dignidad es la suprema; 
No aspires á pasar más adelante. 

Conserva hasta la muerte la diadema: 
Cual la presente, espléndidas victorias 
A mis cánticos den sublime tema, 

Y admire Grecia por doquier mis glorias. 



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ODA SEGUNDA. 



A TERÓN, REY DE AGRIGENTO, 

VENCEDOR CON EL CARRO. 



¡Himnos, que de la lira 
Monarcas sois y dueños! 
¿Qué semidiós, qué numen. 
Cuál héroe cantaremos^ 
De Júpiter es Pisa, 
Y estableció los juegos 
f*> Olímpicos Alcides 
Cual bélico trofeo. 

Hoy celebrar el triunfo 
Con voz sonora debo 
Que la veloz cuadriga 
Donó á Terón excelso, 

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12 OLÍMPICAS. 

Varón hospitalario, 
Columna de Agrigento, 
Flor de gloriosa raza, 
Señor de vasto reino. 



r»^ A esta sagrada margen 
Trajo destino adverso 
A sus mayores, astros 
Del siciliano suelo. 
Propicia la fortuna, 
Oro y favor perpetuo, 
De ingénitas virtudes 
Les dio por justo premio. 

¡Hijo de Rhea, Jove, 
Que diriges el cielo, 

Y el más alto certamen, 

Y el cristalino Alfeo! 
Por mi cantar movido, 
A sus ilustres nietos 
Conserven tus bondades 
El heredado imperio. 

Mas ¡ay! justo ó injusto, 
Lo que pasó, ni el Tiempo 
A deshacer alcanza, 
Aunque de todo es dueño. 
Con mejor suerte, olvido 
Vendrá: cuando consuelo 
Manda el Hado, perece 
Del mal hasta el recuerdo. 



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ODA II. 13 

De Cadmo, á mi discurso 
Sirven de noble ejemplo, 
Las vírgenes augustas 
Que tanto padecieron; 
Pero de las cuitadas 
Cedió el enorme duelo 
De bienes más durables 
Bajo el precioso peso. 

Aunque del rayo herida, 
De Olimpo bajo el techo 
Vive Semele hermosa, 
La de gentil cabello. 
Minerva la ama siempre, 
Jove la adora tierno, 
Y su hijo (que de hiedras 
Se corona) Liéo. 

Vida inmortal de numen 
Ino en el ponto inmenso 
Lleva con las marinas 
Hijas del gran Nereo. 
El hombre de su muerte 
No sabe ni el momento, 
Ni si un día felice 
Querrá engendrarle Febo. 

Las olas de la vida 
Con incesante juego, 
Ya dan prosperidades. 
Ya dolores sin cuento. 






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14 OLÍMPICAS. 

El Hado así propicio 
f t ) Sonrió á tus abuelos, 
Haciéndolos dichosos, 

Y grandes, y opulentos. 

Mas antes la desgracia 
Manchó el hogar paterno, 
Desque el fatal Edipo 
Con homicida acero 
Atravesó á su padre 
Layo, sin conocerlo. 
El oráculo antiguo 
De Pitona cumpliendo. 

Erinis mira el crimen, 

Y en fratricida duelo 
Destruye vengativa 

, > Sus vastagos guerreros; 

Tersandro sobrevive 
A Polinices muerto, 
Famoso en la palestra 

Y en combates sangrientos. 

Él fué de los Adrástidas 
Vengador y renuevo; 
Progenitor del grande 
Hijo de Enesidemo, 
A cuyo triunfo, cantos 
Encomiásticos debo 
Consagrar, de mi lira 
Con los sonoros ecos. 



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ODA II. 15 

Terón en Pisa ciñe 
Su frente sola. En Delfos 
Y el Istmo, con su hermano » 

I Divide los trofeos 

Que á sus cuadrigas áureas 

1 Concede fallo recto, 

Al verlas doce veces ' ' 

Girar con raudo vuelo. 

El gozo que da el triunfo 
Destierra el humor negro. 
Riqueza que acompaña 
A la virtud y al mérito 
A la victoria al hombre 
Lleva por mil senderos, 
Y, astro luciente, excita 
Noble ambición su fuego. 

No ocúltase á quien goza 
Tal bien, lo venidero: 
Sabe qué penas sufren 
Las almas de los muertos; 
Crímenes cometidos 
De Jove en el imperio, 
Castiga inexorable 
Un juez en el Infierno. 

Cual de día, en las noches 
Alumbra el sol al bueno. 
¡Cuan superior su vida 
Es á la del perverso! 

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16 OLÍMPICAS. 

Labrar no necesita 
El ingrato terreno, 
Ni atravesar los mares 
En busca de sustento. 

Al lado de los Dioses 
fo Que venera el Averno, 
Los que guardaron fieles 
Sus santos juramentos 
Sin lágrimas disfrutan 
Reposo sempiterno. 
Mientras al malo afligen 
Terríficos tormentos. 

C ^ Y á los que por tres veces 
Cambiando mortal velo, 
Sin pecado en el mundo 
Y en el Orco vivieron, 
De Júpiter les abre 
El benigno decreto 
Camino de Saturno 

C,i Hasta el alcázar regio. 

¡Oh, cuan bella es la isla 
De los santos recreo! 
La bañan perfumadas 
Las brisas del Océano; 
Brillan doradas flores, 
Ya sobre el verde suelo, 
Ya en los copudos árboles, 
O ya del agua en medio. 



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ODA II. 17 

• Guirnaldas entretejen 
Y sartas con sus pétalos, 
Con que alegres circundan 
Frente, manos y cuello, 
Los bienaventurados 
Que á aquel paraje ameno. 
De Radamanto envía 
El fallo justiciero. 

Saturno, que disfruta 
El más sublime asiento 
En Olimpo, y de Rhea 
El conyugal afecto, 
Por asesor lo tiene; 
Y entrambos concedieron 
Estancia en aquella isla 
A Cadmo y á Peleo. 

Allí condujo Tctis, 
r> Ablandando con ruegos 
El corazón de Jove, 
A Aquiles, cuyo acero 
Derribó á la columna 
Invicta de Ilion, Héctor, 
Y á Cieno, y de la Aurora 
/ f ) , Al vastago moreno. 

Mil dardos voladores 
En el carcaj reservo 
Pendiente de mis hombros. 
Que disparar deseo; 



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18 OLÍMPICAS. 

Pero tan sólo el sabio 
Puede entender mis versos, 
É intérpretes sufridos 
Requiere el vulgo necio. 

Al cielo eleva al vate 
Su natural talento; 
Pero aquel á quien forma 
Estudio sin ingenio, 
Insoportable grazna 
Como estúpido cuervo 
Que al águila de Jove 
Quiere seguir rastrero* 



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Al blanco ¡oh Musa mía! 
Tiende el arco certero. 
¿A quién nuestras benévolas 
Flechas dirigiremos? 
Oid los que, apuntando 
A la ínclita Agrigento, 
Entusiasmado entono 
Elogios verdaderos: 

Desque, cien años hace, 
Surgió de sus cimientos 
La gran Ciudad (lo juro), 
No produjo su seno 
Amigo más constante, 
Príncipe más benéfico, 
Que Terón, de varones 
Generoso modelo. 




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ODA II. 19 



Su fama excita envidia; 
^ry É ingratos turbulentos 
Pretenden con maldades 
Oscurecer sus hechos. 
¡En vano! ¿Quién la arena 
Contó del mar inmenso? 
¿Ni quién narrar podría 
Sus favores sin cuento? 



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ODA TERCERA. 



AL MISMO TERÓN. 



Los ínclitos Gemelos 
(,^ De hospitalarios, tiernos corazones. 
Miren desde los cielos 
Con benévolo rostro mis canciones, 

Y Helena, á quien adoro, 
Alma beldad de cabellera de oro. 

Quiero cantar la gloria 
De la ciudad famosa de Agrigento, 

Y la feliz victoria 

Que de sus potros, émulos del viento. 

La infatigable planta, 
A Terón trajo, desde Olimpia santa. 



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22 OLÍMPICAS. 

La Musa bienhechora 
Me inspiró nuevo ritmo y melodía 

Con que mi voz sonora 
Pueda aplicar la Dórica armonía 

A la festiva danza, 
Del noble vencedor en alabanza. 

El lauro que las crines 
De los bridones coronó, me manda 

Unir en los festines 
A las flautas y lira mi voz blanda» 
f, ) De Enesidemo al hijo 

Honrando, con celeste regocijo. 

Exige mis loores 
También de Pisa la gloriosa arena» 

Do cánticos y honores 
(Del cielo rico don) la ley ordena ' 

Que estableciera Alcides, 
Para los venturosos adalides. 

¡Feliz aquel valiente 
En cuyas sienes brilla la corona 

De oliva refulgente, 
Que con fallo imparcial justo le dona 

Desde el dorado solio, 
Guardador de la ley, el juez Etolio! 

Trajo de las umbrosas 
Fuentes del Istro, de Hércules la diestra > 
Sus ramas olorosas» 



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ODA III. 23 

Para ser, en la Olímpica palestra, 

Del combate incruento 
El más esplendoroso monumento. 

A la Hiperbórea gente, 
f'^ Sierva de Apolo, la frondosa planta 
Ganó su ruego ardiente; 

Y ahora de Jove á la morada santa 

Presta su sombra densa, 

Y es del valor insigne recompensa. 

Los quinquenales juegos 
Del sacro Alfeo á la divina cuna 

Llamábanlo, y los fuegos 
ft-i A su Padre encendidos: ya la luna,. 

Pupila de la noche. 
Llena brillaba en su dorado coche. 

Ningún árbol los valles 
f • ) De Pélope Saturnio protegía; 

Y solares y calles 
Se abrasaban al sol de mediodía. 

Vínole entonces gana 
A Alcides, de marchar á Istria lejana. 

De Latona la diva 
Hija, á quien place sujetar bridones. 

Lo recibió festiva 
£n las Escitias frígidas regiones, 

Al llegar por extrañas 
Sendas, de las Arcádicas montañas. 

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*24: OLÍMPICAS. 

Los decretos paternos 

Y de Euristeo la maldad proterva, 

La dé dorados cuernos 

Y á Diana consagrada, rauda cierva 

A buscar, inhumanos 
Lo enviaron á países tan lejanos. 

Mientras le daba caza, 

Allá en el Norte descubrió el terreno 

De la Hiperbórea raza; 

Y el héroe se paró, de asombro lleno, 

A admirar de la fría 
Vasta comarca la arboleda umbría. 

Y le asaltó la idea 
De circundar la arena, que fogoso 

Doce veces rodea 
Con la cuadriga el potro belicoso, 

Con los verdes olivos 
Que en aquella región crecen altivos. 



Y las ñestas Alcides 
/ ' ) Con los Hijos de Leda ahora presencia. 

En las sagradas lides, 
f >> Al Olimpo al subir, la presidencia 

Les dio su mano amiga 
Sobre el atleta, el potro y el auriga. 



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A la tribu Emenida 

Y al ínclito Terón, honra sublime I 

La mano agradecida , /-/>v*^ I 

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ODA III. 25 

(' ' De los claros Tindárides imprime. 
¿Callar cómo pudiera? 
Ensalza ¡oh liral su piedad sincera. 

¿"O De los divos Jinetes 

Adornan con fervor los santuarios, 

Y sagrados banquetes 

Les ofrecen, cual nadie hospitalarios, 

Teniéndolos propicios 
Sin cesar, con solemnes sacrificios. 

Si el agua es la primera 
De los cuatro elementos primordiales, 

Y si el oro supera 

En esplendor á todos los metales, 

¿Quién disputar podría 
Al valor de Terón la primacía? 

Desde Sicilia llega 
<n A las Columnas de Hércules su nombre. 
¡Musa! Tus alas plega: 
Avanzar más allá no puede el hombre, 

Y la barrera en vano 
Pretenderá saltar, cuerdo ó insano. 

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ODA CUARTA. 



A SAÜMIS DE CAMARINA, 

VENCEDOR CON LOS CABALLOS. 



lOh Jove soberano, 
Que los rayos de plantas voladoras 

Lanzas *con fuerte mano! 

Ya volvieron tus Horas 
De mi canto y mi lira inspiradoras. 

Como veraz testigo 
De la altísima lid, su voz me envía. 

Al triunfo del amigo 

Se llena de alegría 
El que de ser su huésped se gloría. 



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28 OLÍMPICAS. 

<^ ' ^ . ¡Oh Vastago sublime 
de Saturno, señor del eminente 

Mongibelo, que oprime 

Bajo su mole hirviente 
Las cien cabezas de Tifón rugiente! 

Este cantar sonoro 
Que el vencedor Olímpico merece, 
. . > De las gracias el coro 

A mi nombre te ofrece: 
Acógelo, y al vate favorece • 

Como inmortal estrella, 
El canto las virtudes ilumina. 

En la cuadriga bella 

Hoy mi cantar camina 
De Saumis, alto honor de Camarina . 

De oliva coronado 
Torna dichoso de la arena Elea. 

¡Ojalá que escuchado 

Por la Deidad se vea, 
Que propicia le dé cuanto desea! 

Nadie la raza iguala 
De sus corceles: siempre mira henchida 

De huéspedes su sala; 

Y en la patria querida 
Merced á su virtud, la paz se anida. 

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ODA IV. 29 

No quiero mis loores 
Manchar de la mentira con el cieno: 
De los calumniadores 
Destruyen el veneno 
Ct ) Hechos cual los del hijo de Climeno. 

Risa causó á las bellas 
Hijas de Lemnos su senil figura; 

Mas él á las doncellas 

Cortó la risa impura, 
Corriendo con la fúlgida armadura. 

Al acercarse ufano 
A recibir, al fin de la carrera, 

De la gallarda mano 

De Hipsípile severa 
Su corona, le habló de esta manera: 

«¿Viste mis pies veloces? 
r ) Iguales son mi corazón y manos. 
También nacen precoces, 
Aun en años tempranos. 
Del joven en la sien cabellos canos.» 



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ODA QUINTA. 



AL MISMO SAUMIS, 

VENCEDOR CON LA CUADRIGA, EL CARRO MULAR 
Y BL CABALLO DE SILLA. 



¡Oh tú, que del Océano 

Eres prole divina, 

Recibe, oh Camarina, 
Con pecho bondadoso mi cantar! 

De sus virtudes célicas 

La flor, Saumis te dona; 

Su Olímpica corona, 
Y el que la conquistó, carro mular. 

A tu ciudad espléndida 
Honran sus hechos nobles; 
Los seis altares doble;^ 
Hizo humear con hostias.su fervor; 



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32 olímpicas. 

Y en fiestas y certámenes, 
Fiel hasta el quinto día, 
Ya en su carro vencía, 

Ya en sus muías ó potro corredor, 

f/¡ Y á tu sede novísima 

Cedió su alto renombre: 
E>e Acrón su padre el nombre 
Resuena con el tuyo por doquier; 

Y del reino de Pélope 
f, \ Y Enomao tornando, 

Tu bosque venerando 
jPatrona Palas! hizo florecer. 

Por Saumis celebérrima 
Es la veloz corriente 
/' * Del Oano torrente, 

Y el lago que refleja tu esplendor; 

Y el sacro lecho de Híparis 
Que sus hogares riega, 

Y la madera entrega 

Para tus Techos de sublime altor. 

A construir de alcázaHei^ 
Espeso bosque empieza; 
Aleja la pobreza 

De tus hijos, su pródiga bondad. 
Place aun al vulgo el éxito 
De los proyectos vastos: 
Riesgos, trabajo, gastos, 

Con las virtudes luchan sin piedad. 



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ODA V. m 

A tí me vuelvo joh Júpiter! 

Que al caudaloso Alfeo ; 

Y al antro sacro Ideo T/ 7 
Concedes tu santísimo favor; 

Que entre las nubes cárdenas 
Tu habitación divina 
€*^ Tienes, y en la colina 

f ' ^ Del alto Cronio, ¡Numen salvador I 

No desdeñes las súplicas 
Que, al son de Lidias cañas, 
Tus piadosas entrañas 
Aspiran melodiosas á ablandar; 

Y á esta ciudad perínclita 
De heroicos pobladores, 
Dígnate tus favores 

Con generosa mano prodigar. 

¡Oh vencedor Olímpico, 

Señor de mil corceles! 

Endulcen tus laureles 
Y tus hijos, tu larga senectud. 

Ya sólo de los Númenes 

Falta subir al coro, 

Al que á montones de oro 
Une renombre, y tierras, y salud. 

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ODA SEXTA. 



A AGESIAS DE SIRACUSA, 

VENCEDOR CON EL CARRO DE MULA8. 



El pórtico de alcázar eminente 
Sostiene el arquitecto con pilares 
De mármoles y de oro reluciente; 

Y dorado portal á mis cantares 
Quiero poner: la espléndida fachada 
Del palacio, han de ver desde los mares. 

Quien de Olímpico lauro coronada 
Muestra su sien, y á Jove hostias ofrece 
C* > En el ara por Pisa levantada, 



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36 OLÍMPICAS. 

Y de la noble Siracusa acrece 
El glorioso recinto, ;qué canciones^ 
S¡ elogiarlo queremos, no merece? 

¡Dichoso tú, que tal coturno pones 
A tu divina planta, prole augusta * 
De Sóstrato, con ínclitas acciones! 

Valor que no. se prueba en lid robusta 
Con los hombres ó el líquido elemento, 
Ni al navegante ni al atleta gusta; 

Pero levanta eterno monumento 
El pueblo, á los heroicos adalides 
Que probaron, luchando, su ardimiento, 

íAgesiasi Para tí el encomio pides 
Que dirigió de Adrasto el justo labio 
A Anfíarao, honor de los Oiclides, 

Cuando la tierra al sacerdote sabio 
Tragando con su carro juntamente. 
De muerte infame le evitó el agravio. 

Las siete piras al arder enfrente 
De las Tebanas puertas, así clama 
' De Talayón el vastago doliente: 

«¿Dó está el amigo á quien en vano llama 
Mi triste voz; que espléndido lucero 
De mis falanges pregonó la fatha? 






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ODA VI. 37 

«Diestro vibraba el homicida acero, 
Y en el altar la víctima ofrecía, 
Santo profeta y sin igual guerrero.» 

¡Señor y dueño de la lira mía, 
Profeta y lidiador Siracusano! 
Igual elogio te compete hoy día. 

• 
Yo, que detesto el disputar insano, 
Lo afirmo con solemne juramento 
-Que las canoras Musas no harán vano. — 

¡Oh Fintis, ven,más rápido que el vientol 
Unce las muías, valeroso auriga, 
-Que ancho camino recorrer intento. 

Mi carro ha de llevar tu mano amiga, 
Hasta que á los perínclitos mayores 
De tu noble señor llegar consiga. 

Mejor que los corceles voladores 
Ellas conocen la gloriosa senda. 
Desdo que Olimpia las cubrió de flores. 

A abrir las puertas, déjame que atienda. 
De la canción; y por la vía llana 
Volemos, conductor, suelta la rienda. 

^'^ El camino tomemos de Pitaña, 

"Que del Eurotas á la amena orilla 
Hoy hemos de llega r á hora temp rana. — 






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38 OLÍMPICAS. 

Fué Pitaña gentil ninfa sencilla 
Que Neptuno sedujo; y de aquel laza 
Provino Evadne, dulce morenilla. . 

El tierno fruto del vedado abrazo, 
Escondido hasta el crítico momento 
En ios pliegues guardó de su regazo; 

fi¿ Y de la Arcadia al Príncipe opulenta 

Llevaron á la niña las doncellas, 
Cuando paso el feliz alumbramiento; 

Y del AÍfeo en las riberas bellas 
Epito la educó; y allá en Fesina 
Febo, herido de amor, siguió sus huellas. 

Ella libó las Üores de Ciprina: 
Mas no se oculta á Epito vigilante 
La que va á germinar, planta divina. 

A Delfos se dirige vacilante, 
Reprimiendo el furor y pena aguda 
Que el corazón desgárrale punzante. 

Desvanece el oráculo su duda. — 
Evadne, en tanto, en la floresta umbría 
La purpurina faja desanuda. 

Y con las Parcas, á asistirla envía 
Febo á Lucina, que.á las madres ama; 
Y el dulce Yamo ve la luz del día. 



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ODA VI. :^) 

Lo deja en su dolor sobre la grama 
La triste ninfa; y llegan dos serpientes 
Cuyas pupilas son vivida llama. 

Por orden de los Dioses providentes, 
Lo nutren con la miel que en los panales 
De las abejas liban inocentes. — 

Mientras, por los extensos pedregales 
(^') De Pitona, cabalga el Rey gozoso, 
Y llega de su casa á los umbrales; 

Y á todos los domésticos, ansioso 
Pregunta por el vastago felice 

Que Evadne ha dado á Apolo venturoso. 

De su divino padre el nombre dice; 
Que ha de llegar á ser sobre la tierra 
Profeta eminentísimo, predice, 

Y eterna, si el oráculo no yerra, 
Será su raza. Nadie sabe dónde 
El anhelado párvulo se encierra. 

Que ni lo vio ni oyó, firme responde 
Cada mujer: ¡y el quinto sol ya brilla 
Sobre la hierba que al infante esconde! 

' Humedecen su candida mejilla 
Los pétalos de violas inmortales, 
De color purpurina y amarilla. 

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40 OLÍMPICAS. 

La madre, atenta á conjurar los males, 
Nombre inmortal para su niño toma 
De las flores, que ve, primaverales. 

No bien el bozo en su mejilla asoma 
(De la adorable Pubertad divina 
Espiga de oro j prematura poma) 

Cuando al sagrado Alfeo se encamina 
De noche el mozo, y salta reverente 
En medio de su linfa cristalina; 

Y i su progenitor armipotente 
€f"* \ Neptuno, invoca; y de la sacra Délos 

Al Rey, que vibra el arco refulgente; 

Y pide á los señores de los cielos 
La regia dignidad, que le permita 
Consagrar á los pueblos sus desvelos. 

La voz paterna á confiar lo excita, 
Y, por nombre llamándolo, le jura 
La gracia conceder que solicita. 

«Levántate: mi voz guía segura 
^^ I De tus pasos será; de esa montaña, 
Hijo queridoj sigúeme á la altura. 

>íEsa comarca que el Alfeo baña, 
Patria común del lidiador Heleno 
Será, y admirador de gente extraña.» 



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ODA Vi. 41 

Así dijo el oráculo; y del seno 
De las aguas saliendo, á la eminencia 
Del Gronio, Yamo al dios sigue sereno. 

Allí de sus tesoros la opulencia 
Descubriéndole Febo, al mozo inspira 
De la adivinación la doble ciencia. 

A oír su voz, exenta de mentira. 
Le enseña desde entonces; y le manda 
Que cuando Hércules venga (á quien admira 

Como á su flor, la raza veneranda 
De los Alcides, semidiós glorioso, 
Cuya furia en la lid ninguno ablanda) 

c,} Y del padre en honor funde piadoso 
Fiestas solemnes y robustos juegos, 
Sobre el altar de Jove poderoso 

r» > Establezca el oráculo, y sus fuegos 
Encienda. — Desde entonces renombrados 
Los Yámidas han sido entre los Griegos. 

Opulentos también y afortunados. 
De la fama el amor los arrebata: 
Sígnenla por caminos no trillados. 

El valer de los hombres aquilata 
Su propio proceder; mas de la Envidia 
Ninguno escapa á la cuchilla ingrata. 

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42 OLÍMPICAS. 

Hiere al hermoso con tenaz perfidia; 

Y hiere al que girando doce veces 
En redor de la meta, heroico lidia. 

Si el Olímpico triunfo hora mereces 
jOh Agesias! de los ínclitos abuelos 
De tu madre, lo debes á las preces. 

Del monte de Cilene entre los hielos 
Aplacaban con diario sacrificio 
A Mercurio, el heraldo de los cielos 

Que de Arcadia al honor mira propicio 

Y las coronas en la lid reparte: 

A él y á Jo ve agradece el beneficio. — 

Ansioso siempre ¡oh lira! de pulsarte, 
Hoy más que nunca que me aguza siento 
La lengua el pedernal, no sé con qué arte. 

¡Estinfalia Me tope! Dulce viento 
A tus floridas márgenes me lleva, 
¡Madre de la deidad por quien aliento! 

Tú diste á luz á mi adorada Teba, 
De potros domadora, en cuya fuente 
Permite á su hijo que sin tasa beba. 

Jamás entono al lidiador valiente 
Encomiásticos himnos, si no quita 
Su dulce manantial mi sed ardiente. — 



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ODA VI. 43 

¡Vamos, Eneas! A tu coro excita 
A celebrar á Juno sacrosanta 
Que en el Partenio monte excelsa habita. 

En acordado son conmigo canta. 
El viejo adagio que desmientas quiero. 
Que á Beocia atribuye infamia tanta. 

Cual báculo y querido mensajero 
De las Musas, y vaso que rebosa 
De altisonantes himnos, te venero. 

Manda cantar á Siracusa hermosa, 
<*■> Y á Ortigia, do devoto se prosterna 
De Ceres á los pies color de rosa, 

Y adora la potencia sempiterna 
De Júpiter Etneo y Proserpina, 
El rey Gerón, que justo las gobierna. 

Le es familiar la cítara argentina 
Y el dulce canto. ¡Nunca su ventura 
Empañe el tiempo, que veloz camina! 

Reciba con benévola finura 
Su majestad los cánticos triunfales 
Que á Agesias consagró mi lengua pura. 

De los sagrados muros Estinfales, 
Gloria de Arcadia, de su madre cuna, 
•Torna á su patria y techos paternales. 

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44 OLÍMPICAS. 

En noche tormentosa, á que la luna 
Niega su luz, en la agitada barca 
Dos áncoras tener es gran fortuna. 

A su doble mansión quiera la Parca 
Enviar la dicha. Y tú próspero viento 
ft) Da á su nave, ¡oh del mar alto Monarca! 

Protégelo, Señor, por el contento 
Que de Anfitrite diéronte las bodas: 
Y de la fama el perfumado aliento 

Acaricie las ñores de mis odas. 



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<^/^^ i' ^^^ A diAgoras de rodas, 

cC^J^Sí 4-C ^^^^ ?^9ÍV .'^>- •; 

^ .. y^/Tv^Cu^VCbn espléndida mano 

Tomar la copa, donde hierve opimo 
' El rocío sabroso 

Que destiló dulcísimo racimo. 
Lo gusta, y generoso 

Al yerno juvenil luego lo pasa; 
Y va de casa en casa 
El bello cáliz de oro, 
Gloria de su tesoro 

Y del festín lujosa maravilla. 
El valioso presente 
Honra al novel pariente; 



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46 OLÍMPICAS. 

La admiración en sus amigos brilla, 

Y proclaman feliz á quien alcanza 
Novia tan bella y tan gloriosa alianza. 

Mi mano, de igual suerte, 

De mis cantares vierte 
El dulce néctar, don de las Camenas 

Y de mi ingenio fruto, 
Al que vence en atléticas arenas 

Enviándolo en tributo. 
Al varón que en Olimpia ó en Pitona 

Gana verde corona, 

Llena la lira mía 

De célica alegría. 
¡Feliz el hombre á quien eterna fama 

Donan los trovadores! 

De mi cantar las flores 
Sobre este y sobre aquel mi voz derrama, 
Ya la cítara al himno acompañando, 
Ya de las cañas el acento blando. 

Con ambos instrumentos 
Hoy bajo, los concentos 
A consagrar, de mis triunfales odas 
A Diágoras robusto 

Y á la que baña el mar, bélica Rodas; 

Ninfa que el Sol augusto 
Llama esposa feliz, é hija divina 
De la bella Ciprina. 
Al púgil giganteo 
/; : Que á orillas del Alfeo ^ / 



ODA VII. 47 

Ci) Y de Castalia, coronó su frente, 
Cekbro entusiasmado 

Y á Demageto (amado 

De la Justicia) padre del valiente; 
Gloria de la Isla que á Asia muestra altiva 
^> Sus tres ciudades y su gente Argiva. 

Sangre del noble Alcides 

Hierve en los adalides. 
De su linaje llegaré al Supremo 

Progenitor ilustre, 
r# > Rastreando hasta el grande Tlepolemo 

De su familia el lustre. 
Del alto Jove la paterna rama 

Oriunda se proclama, 

Y la otra se gloría 
De ser de Astidamía 

Y de Amíntor insigne descendiente. 

Innúmeros errores 
Girando engañadores 
Del infeliz mortal ciegan la mente; 

Y el bien que ha de elegir, mísero ignora 
Lo mismo el día de hoy que en la última hora. 

Como patente ejemplo 
De suerte tal, contemplo 
De esta colonia al fundador gallardo. 
La cólera no enfrena, 

Y de Alectrión al vastago bastardo, 

Que hermano fué de Alcmena, 
Con duro tronco de silvestre oliva 

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48 OLÍMPICAS. 

Inhumano derriba 
n j A tiempo que, en Tirinto, 

Salía del recinto 
Del alcázar suntuoso, do moraba 

La culpable Midea, 

A Licimnio golpea 
De Tlepolemo audaz la fuerte clava: 
(;Asi aun al sabio la pasión ofusca!) 

Y el joven delincuente á Apolo busca. 

El í)ios de áureo cabello, 

Del oráculo el sello 
Dulce rompiendo entre perfumes suaves. 

De Lerna á la remota 
Isla, llevar le manda de sus naves 

La numerosa flota. 
Bañó con nieve de oro aquel terreno, 

Del espantoso trueno 

El Numen soberano. 

Cuando partió Vulcano 
Su alta cabeza, con segur luciente. 

Por la profunda herida. 

De armadura vestida 
Salió Minerva de la augusta frente; 

Y el que lanzó al nacer, grito de guerra. 
Hizo temblar los cielos y la tierra. 

El que ilumina al mundo, 
i , > Vastago rubicundo 

Del excelso Hiperión, baja al momento; 
Y á sus queridos hijos ^ 



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ODA VI r. 



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Ordena celebrar tal nacimiento 

Cqn santos regocijos. 
Quiere que sus amados insulares 

Los primeros altares 

Con mano generosa 

Erijan á la Diosa; 
Y ofreciendo solemnes sacrificios, 

A su padre sublime 

Y á la Virgen que esgrime 
El terrible lanzón, tengan propicios. 
¡De cuánto sirve al hombre la prudencia! 
Gozo le da, poder y preeminencia. 



Mas suele repentina 
Venir ciega neblina 
De olvido, que espesísima sepulta 
La pobre mente humana, 

Y de la empresa más sencilla, oculta 

La senda recta y llana. 
A la santa montaña así obediente 
Sube la Rodia gente, 

Y sólo allá repara 
Que falta para el ara 

El necesario germen de la lumbre. 
Sin humo asciende el ruego, 

Y víctimas sin fuego 

Inmolan, del castillo en la alta cumbre. 
Nube rojiza Júpiter les trae, 

Y lluvia de oro sobre Rodas cae. 

Luego en las artes todas 






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T^ OLÍMPICAS. 

Concede á los de Rodas 
O) La Diosa de ojo azul tal maestría, 

Que ninguno en el mundo 
Las bellas obras igualar podría 

De su cincel fecundo. 
Se vieron en sCis calles esculturas 

Que vivas creaturas 

El extraño creyera. 

¡Dichoso quien supera 
Con la destreza el dolo! Eterna gloria 

Así el hábil artista 

A su patria conquista. — 
Cuando Júpiter (narra antigua historia) 
Sus reinos á los Dioses señalaba, 
Rodas sobre la mar aun no flotaba. 

Bajo las turbias ondas 
En las cavernas hondas 
Del piélago, la isleta se escondía, 

Y nadie su existencia 
Indicó; ni del Sol, en aquel día 

La inevitable ausencia. 
Al Numen no alcanzó el repartimiento, 

Y al oir su lamento 
Otro nuevo dispone 
Jove; mas él se opone 

Y «dame (al Padre de los Dioses dice) 
La que en mi diurno giro, 
En lo proñindo miro 

Del espumoso mar, tierra felice* 

Producirá mil héroes esforzados. 



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I 



ODA vu. 5! 

Y nutrirá magníficos ganados.» 

La obtiene del Tonante; 

Y exige que levante 

La derecha fatal Laquesis (Parca 

De dorada diadema) 
Confirmando del célico Monarca 

La donación suprema. 
Júpiter da su excelso asentimiento, 

Y el sacro juramento 
Por la Estigia laguna, 
A que Deidad ninguQa 

Puede faltar, pronuncia; asegurando 

Que apenas al ambiente 

Salga la isla naciente. 
La regirá del Sol el cetro blando. 
No fué del Numen la aserción insana, 
Ni del Tonante la promesa vana. 

De la salada linfa 
Surge la dulce Ninfa; 

Y de ella y del solar que la circunda 

Es rey y amante esposo 
El Padre de la luz que al Orbe inunda; 

Cuyo carro fogoso 
Conducen potros cuyo aliento es llama. 

La tierna Rodas lo ama, 

Y de su casto enlace 
Sabia progenie nace, 

De aquella edad prodigio verdadero 
Que la virtud acendra. 



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52 OLÍMPICAS. 

Del Sol un hijo, engendra 
A Yaliso, y á Lindo, y á Camero, 
Que la ínsula en tres partes se dividen, 
Y hacen que con sus nombres se apelliden . 

En isla tan augusta, 

Cual recompensa justa 
De sus trabajos é infortunio extremo. 

De fúnebres honores, 
AI Rey de los Tirintios, Tlepolemo, 

Colman sus moradores. 
En sus altares,, como á excelso Numen, 

Víctimas se consumen; 

Y su gloriosa tumba 

Con el eco retumba 
De juegos, en que gana ya dos veces 

Diágoras la corona. 

El heraldo pregona 
jistmo gentil! las cuatro que le ofreces. 
Una tras otra le ciñó Nemea; 
^g j Una tras otra Atenas la pétrea. 

Engalanarlo pudo 

En Argos el escudo 
(Premio al valor) de bronce refulgente; 

En las heroicas pruebas 
De Arcadia, el cáliz de metal luciente 

Ganó, y en las de Tebas; 
Beocia en sus certámenes legales 

Le canta himnos triunfales; 

En Egina y Pelene 




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ODA VII. 53 

Seis victorias obtiene; 
Y lápida de mármol en Megara 

Su nombre inmortaliza 

Sin igualen la liza. 
:¡Oh Padre Jove, cuyo cetro ampara 
Del Atabirio excelso el monte santo! 
El homenaje acepta de mi canto. 

Cubre, Señor, de gloria 

Al que la gran victoria 
En Olimpia ganó, púgil valiente . 

Estima y rerverencia • 
Entre la propia y extranjera gente 

Le dé tu omnipotencia; 
Que el rumbo sigue á la arrogancia opuesto, 

Enérgico y modesto; 

Y los ejemplos raros 

De sus mayores claros 
Siempre su norma son. iMusa! No olvides 

Que del buen Calianate, 

Célebre en el combate, 
Es nieto, y de los nobles Eratides. 
Rodas está de fiesta. Su contento 
No venga á perturbar mudable viento. 



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ODA OCTAVA. 



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A ALCIMEDONTE DE EGINA, ) 

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JOVEN LUCHADOR. 



¡Oh madre de las lides 
Fecundas en coronas refulgentes. 
Reina de la verdad, sagrada Olimpia! 
En tu seno el fatídico profeta 
En las ardientes víctimas explora 
La voluntad de Júpiter, que el rayo 
Rápido vibra; y sin errar conoce 
Cuando los votos del atleta escucha 
Que á la victoria y al reposo, premio 
Debido á los certámenes, aspira. 
A la piedad concede 
Y á las preces del santo sacerdote 
Su respuesta el oráculo. ¡Oh de Pisa 
Frondosísimo bosque, cuyas ramas 



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56 OLÍMPICAS. 

Prestan su sombra al cristalino Alfeo! 
Recibe este cantar, y las coronas 
Triunfales que te ofrezco. Alto renombre 
Adquiere siempre el vencedor ilustre 
A quien tú recompensas; pero varios 
Los galardones son, y por caminos 
Diversos, á la gloria nos conducen 
Los Dioses inmortales. 

¡TimóstenesI El Hado 
A tu hermano y á tí, bajo las alas 
De Jove colocó; vuestro patrono 
Desde la cuna. Tú, renombre eterno 
En Nemea ganaste: á Alcimedonte 
Hoy alegra la Olímpica victoria 
De Crono en la colina. ¡Cuan gallarda 
Era del joven la marcial figura! 

Y sus heroicos hechos 

De su aspecto gentil no desdecían. 
En la lucha venciendo, de su patria, 
La bella Egina (cuya armada empujan 
Remos inmensos), el ilustre nombre 
Elevó hasta los cielos. Allí Temis, 
Salvadora Deidad, nunca abandona 
A Jove, defensor del extranjero; 

Y reina más gloriosa 

Que en ningún otro pueblo de la tierra. 

En extremo difícil 
Es decidir con imparcial dictamen, 
«Cuando á uno y otro lado 



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ODA VIII. i>7 

Variado peso la balanza inclina. 
Pero la providencia 

De los Númenes, quiso que, igualmente 
Que Olimpia, esta región que ciñe el ponto 
Seguro asilo y divinal columna 
Fuese á los numerosos peregrinos 
Que acuden en tropel de todas partes 
A su bello recinto. (¡Quiera el tiempo 
Nunca variar su genio hospitalario!) 
^1 j Desde Éaco, la Dórica familia 
La gobernó. De la gentil Latona 
El vastago, y Neptuno poderoso, 
Al semidiós llamaron 
Como auxiliar en la divina empresa 
De circundar á Ilion con fuerte muro. 
Los Hados decretaban 
Que al encenderse las voraces guerras. 
De ciudades verdugos, de humo espeso 
£n nube aterradora, se verían 
Envueltos los Troyanos baluartes. 

No bien la nueva torre 
Terminan los artífices divinos. 
Cuando hórridas la asaltan tres serpientes 
De azulado color. Dos al instante 
Caen; y retorciéndose, el aliento 
Último exhalan. La tercera al muro 
Sé abalanza, y con silbos horrorosos 
Penetra en el recinto. Apolo estudia 
El adverso prodigio, y así dice: 
«Eaco, semidiós: de la muralla 

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58 OLÍMPICAS. 

La parte que tus manos han labrado 
Caerá derribada, y por la brecha 
En Pérgamo entrarán los enemigos. 
(Así me lo revela este portento 
Que el Tonante ha mandado.) Su caída 
Se deberá á tus hijos; pero sólo 
En la primera y cuarta 
Generación vendrán.» 

Tales sentencias 
Profiere el rubio Numen infalible, 
Y de las Amazonas 
(Bellas cabalgadoras) por el Xanto 
Avanza á la región, y á las comarcas 
Que riega el Istro. Su veloz cuadriga 
Dirige en tanto al Istmo, 
Que el Océano baña, del Tridente 
El excelso Monarca; y con sus yeguas. 
De oro adornadas, otra vez á Egina 
Al buen Eaco lleva, y de Corinto 
A la eminencia, el célebre banquete 
A presenciar, y las famosas fiestas. 

Nada hay entre los hombres 
Que á todos á la par deje contentos. 
Si para el viejo preceptor Milesias 
Los honores reclamo por el triunfo 
De sus nobles discípulos imberbes, 
En mis cantares, guárdese la Envidia 
De arrojar á mi faz agudas piedras. 
Que en juvenil edad, igual victoria 



ODA VIII. 5» 

En Nemea ganó, y en el pancracio 
Mucho tiempo después á varoniles 
Atletas ha vencido, yo aseguro. 

Maestro acostumbrado á la victoria, 
Mejor enseña que varón imbele 
Que jamás combatió. Loco es el hombre 
Que la ignorada senda 
A otro intenta mostrar; y por los aires 
Vaga la mente de inexperto guía. 
¿Quién mejor que él la disciplina ruda 
Enseñarnos podrá, que forma al héroe 
Ansioso de ganar en los combates 
El codiciado premio? Alcimedonte 
Su trigésimo alumno 
Es ya, que ha conseguido la victoria. 
Con el favor divino 

Y su propio vigor, postró en el suelo 
A cuatro niños, que á la patria mudos 

Y sin honor, por sendas extraviadas 
A tornar obligó, mientras alegre 
De su triunfo gozaba. Nueva vida 

En su abuelo infundió, que de los años 
Resista al peso abrumador: la gloria 
Hace olvidar hasta la tumba fría. 

Tierno recuerdo consagrar es justo 
A los bravos Blepsíades, mi canto 
También á sus hazañas dirigiendo. 
Ya la sexta corona es la presente 
Que sus invictas manos, de los juegos 



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60 OLÍMPICAS. 

A las frondosas ramas, arrancaron . 

También á los difuntos 

Atañe una porción de los honores 

Que el rito á los vivientes asegura; 

Ni les oculta el polvo 

La gloria de su noble descendencia. 

jOh Fama, de Mercurio 

Hija querida! A los Elíseos campos 

Rápida vuela, y á Itíón anuncia 

La fausta nueva; los solemnes triunfos 

El refiera á Calimaco, que Jove 

En la Olímpica arena 

A su ilustre familia ha concedido . 

¡Que bienes sobre bienes acumule 

Sobre ella su bondad , y las agudas 

Enfermedades, del umbral aparte 

De Alcimedonte y de su hermano tierno! 

Jamás su providencia 

A Némesis permita vengadora 

La dicha perturbar que los circunda. 

Una vida feliz, libre de males 

Les conceda hasta el fin, y altos honores 

Vierta sobre ellos y su dulce patria. 



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ODA NOVENA. 



Á EFARMOSTO DE OPUNTE, 

LUCHADOR. 



Bastante ha resonado 
De Arquíloco la triple melodía, 

Cuando al Cronio collado 
A Efarmosto la pompa conducía, 

Repitiendo constante 
Siempre la misma aclamación triunfante. 

Mil flechas, de la aljaba 
Saca de tus hermanas, y su punta 

Primero en Jove clava; 
Al promontorio de Elis luego apunta» 

(Dote de Hipodamía 
Que Pélope ganara) ¡oh Musa mía! 



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62 OLÍMPICAS. 

A Pitona certero 
Otro dardo raudísimo dispara. 

Con cántico rastrero 
No has de alabar á Opunfe la preclara, 

Hoy que á mi dulce lira 
f * j Del hijo y de la madre el nombre inspira. 

¡Temis! En ella imperas 
Con Eunomia, tu prole salvadora. 

Con flores las riberas 
i? I Del Al feo, y Castalia bullidora 

Ciñen la sien corteses 
De la madre feraz de los Locreses. 

De la ciudad querida 
Anunciarán doquiera mis cantares 

La fama esclarecida. 
Más que velera nave por los mares, 

Más que corcel de guerra 
Volarán presurosos por la tierra. 

Si con divino acierto 
Las seductoras Gracias me conceden 

Labar su dulce huerto. 
En delicias bañar, sólo ellas pueden; 

Y valor y prudencia 
De los Númenes da la omnipotencia. 

¿Sin ellos, cómo pudo 
Hércules, del Tridente, con la clava 
Vencer el golpe rudo 



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ODA IX. 63 

Cuando Neptuno en Pilos lo asaltaba? 

¿Ni cónio pudo él solo 
Al arco de oro resistir de Apolo? 

¿Ni cómo, de otra suerte 
La vara de Plutón dejó su presa 
I Arrancar á la muerte? 
El tema es peligroso; ¡oh lengua! cesa, 
Que ni se jacta el sabio, 
Ni hace á los Dioses, murmurando, agravio. 

¿Por qué. Musa, no callas? 
No mezcles á los Númenes supremos 

En guerras y batallas. 
De Protogenia la ciudad cantemos. 

Habitación primera 
Que á Pirra y Deucalión Júpiter diera. 

Bajaron del Parnaso, 
Y de las piedras, sin nupciales ritos, 

(¡Oh peregrino caso!) 
Brotar hicieron pueblos infinitos. 

Duro su nombre suena, 
Según su origen, en la lengua Helena. 

A la raza sagrada 
Abre ¡oh Musa! poético camino. 

Al paladar agrada 
El cáliz en que hierve añejo vino; 

Pero líricas flores 
Mientras más nuevas son, suenan mejores. 



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t>4 OLÍMPICAS. 

Esta tierra fecunda 
(Según narra la historia) de repente 

Diluvio atroz inunda; 
Mas el arte de Jove omnipotente 

Al instante produjo 
En las aguas benéfico reflujo. 

Famosos desde entonce 
ff} Fueron vuestros abuelos, distinguidos 
Por su escudo de bronce; 
Reyes siempre en su patria, descendidos 

De Japeto, y la dama 
■Que á la progenie de Saturno inflama. 

En la Menalia altura, 
De Opunte-Deucalión á la hija hermosa 

. Amor celeste jura 
El alto Rey de Olimpo; que á la fosa 

No deja su clemencia 
Al buen Locro bajar sin descendencia. 

De su consorte el hijo 
(Divino germen), al marido anciano 

Llena de regocijo; 
Y de su abuelo el nombre soberano 

Lega al joven glorioso. 
En valor y belleza prodigioso. 

Le cede la corona 
De su ciudad y pueblo; y tales nuevas 
La fama de él pregona, 



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ODA IX. 6iV 

Que naturales de Argos y de Tebas, 

Y Arcades y Pisanos 

Vienen á ser regidos por sus manos. 

Con singular aprecio 
Honra entre tanta gente peregrina 

El monarca, á Menecio 
(Hijo de Actor y de la bella Egina) 

Cuyo vastago al llano 
Vino, con los Atridas, de Teutrano. 

Él sólo, con Aquiles, - ; 

Cuando Telefo derrotó del Griego 

A las turbas hostiles, 
Sostuvo heroico el enemigo fuego, 

En tanto que á las popas 
De las naos fugábanse las tropas. 

Desde entonces el mundo 
Admira de Patroclo la bravura, 

Y el hijo rubicundo 

De la alma Tetis, á su amigo jura 

No salir á batalla 
Sí su lanza inmortal con él no se halla. 

¿Cuándo será que al cielo 
Remontarme atrevido yo consiga, 

Y con osado vuelo 

De las Musas girar en la cuadriga? 
¡Oh! ¡Quién diera á mi canto 
Nuevos arranques hoy y nuevo encantoF 

5 



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66 OLÍMPICAS. 

De la amistad la diestra 
Los ricos lauros á ensalzar me guía, 

Que la ístmica palestra 
Viera resplandecer en solo un día, 

De Lamprómaco ardiente 

Y del varón que canto, en la alma frente. 

A Efar mosto, Corinto 
En sus puertas donó doble presea; 

Y, en su feraz recinto, 
Otras el valle umbroso de Nemea: 

En Argos sus laureles 
A adultos quita; en Ática á donceles. 

¡Ved cómo lo arrebata 
En Maratona prematuro arrojo; 

Y las copas de plata, 
Burlando agudo del maestro el ojo, 

Disputa triunfante 
A robusto varón el tierno infante! 

Ningún Atleta gira 
Gomo él, sin tropezar, sobre la arena: 
La multitud lo mira, 

Y aplauso universal súbito suena. 

¿A quién la faz no encanta 
De tan bello garzón, y hazaña tanta? 

Como lucero brilla 

. En las fiestas de Júpiter Liceo 

De la Parrasia villa; 



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ODA IX. 67 

~Y de Pelene lleva por trofeo, 

Contra la nieve cana, 
La rica estola de caliente lana. 

Testigo de sus glorias 
Se eleva de Yolao el monumento; 

Y narra sus victorias 
Eléusis, que del mar refresca el viento. 

Prenda que da Natura 
Con resplandores sin igual fulgura. 

De la fama á la cumbre 
De mortales en vano se encamina 

Inmensa muchedumbre, 
Con sólo la adquirida disciplina. 

Lo que no manda el cielo 
Oculta pronto del silencio el velo. 

Quién presuroso vuela, 
Y quién se arrastra con tardía planta; 

Lo que un mortal anhela 
A otro tal vez aterrador espanta. 

Difícil es la vía 
Que á la eminencia y los honores guía. 

Con la última proeza, 
:;Musa! las glorias del varón proclama. 

Fuerza, valor, destreza. 
El cielo bienhechor sobre él derrama. 

¡Espléndido trofeo 
Lleva al altar del vastago de Oileo! 



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ODA DÉCIMA. 



A AGESIDAMO DE LOCRIS, 

PÚGIL. 



^Dó está, decidme, el vastago de Arques trato. 
El vencedor Olímpico valiente? 
¿En qué rincón de mi cansada mente 

Su nombre se ocultó? 
Eché al olvido que le debo un cántico. 
^Verdad, hija de Jove, y tú, oh mi Musa! 
Hallad, os ruego, á mi pecado excusa, 

Que yo no miento, no. 

Pasó tiempo ha de mi promesa la época, 
Y de la deuda la vergüenza dura; 
Mas de otro canto la crecida usura 
Mi crimen lavará. 



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70 OLÍMPICAS. 

Ved el torrente que en su curso rápido» 
La piedrecilla con violencia traga: 
Himno que al héroe y á su patria halaga 
Nuevo favor me da. 

Impera la Justicia en la República 
De Locris, la Señora de Occidente, 
A quien aman Calíope esplendente 
Y Marte el lidiador. 
Huyó ante Cieno, de Mavorte vastago^ 
El hijo robustísimo de Alcmena; 
lQ}xé mucho, si al principio vio la arena 
Ceder al luchador? 

Si al fin derriba á los soberbios púgiles. 
En la Olímpica lid Agesidamo, 
Para Hilas, su maestro, yo reclamo 
Honor y gratitud. 
Así á Patroclo su victoria espléndida 
^ ^ ^ Debió Pelides. Da fuerza infinita 

La Providencia, al hombre á quien excita: 
Otro hombre á la virtud. 

No espere nadie del triunfo el júbilo 
Si á fuerza de sudores no lo gana: 
Es el trabajo, de la vida humana 
Clarísimo fanal. 
La insigne lid honrar me manda Júpiter 
Que Hércules victorioso instituyera. 
Do de Pélope augusto se venera 
El mármol sepulcral. 



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ODA X. 71 

Frescos aún estaban los cadáveres 
Del ¡nocente Ctéato y de Eurito: 
Por arrancar á Augías el prescrito 
Precio, los inmoló. 
Si de Hércules vencieron el ejército 
En Elide los hijos de Moliona, 
ff ) Después en los verjeles de Cleona 
Su lazo él les tendió; 

Y el Rey Epeo, engañador de huéspedes, 
Su patria y su magnífica morada 
Vio presto por el hierro devastada 
Y el incendio voraz. 
Sumergió su ciudad honda vorágine, 
Que es loca empresa provocar al fuerte: 
Después de la derrota, halló la muerte 
Que fué á buscar audaz. 

Todo el botín, y sus falanges ínclitas 
Condujo á Pisa el hijo del Tonante; 

Y un bosquecillo consagró al instante 

Al gran Progenitor. 
Del sacro templo al derredor del ámbito 
Marcó también la circular llanura, 
Donde el banquete, tras la lucha dura, 

Alegra al lidiador. 

Al claro Alfeo entre los doce Númenes 
Cedió un altar, de amor en testimonio; 

Y á la vecina altura Monte Cronio 

Piadoso apellidó. 



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72 OLÍMPICAS. 

En el reinado de Enómao» estériles 
Rocas tan sólo y despobladas breñas 
Era aquella región, en cuyas peñas 
Nieve, no más, se vio. 

En la inauguración de los certámenes 
Las Parcas solas viéronse presentes, 
Y el Tiempo, que atestigua á los ausentes 
La sincera verdad. 
El con certeza declaró á los pósteros 
<lue sus despojos ofreciendo Alcides 
Estableció las quinquenales lides 
Y gran festividad. 

¿Quién la corona, en el primer Olímpico 
Certamen, supo merecer bizarro 
Con pie, con manos ó veloce carro? 
Piérides, decid. 
El recto estadio vio la planta rápida 
Vencer de Eono, jefe de Midea; 
íGloria en la lucha conquistó á Tegea 
Equemo el adalid. 

Nadie en el pugilato al fuerte Dóriclo 
Pudo vencer, á quien Tirinto abriga; 
Semo de Mantinea, en la cuadriga 
No conoció rival. 
El discQ lejos arrojó con ímpetu 
^Aplaudiendo su ejército) el gallardo 
Eniceo, y de Frástor voló el dardo 
Derecho á la señal. 



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ODA X. 73 

Era ya noche, y asomaba fúlgida 
La faz hermosa de la luna llena: 
Cantos y brindis la sagrada arena 
Venían á alegrar. 

Fieles custodios de los ritos prístinos, 
Del Numen que concede la victoria 

Y enciende los relámpagos, la gloria 

Queremos hoy cantar. 

Al dulce son de la argentina fístula 
Adaptaré mi retardado canto, 
C'J Que de la clara Dirce al margen santo 
Al fin ya modulé. 
Más ama el rico al hijo primogénito 
Que en la vejez le da su fiel esposa: 
La muerte le será menos penosa 
Si á su heredero ve. 

Muy breve espira del placer el término 
Para el atleta que feliz combate, 
Si antes que al Orco baje, ínclito vate 
No lo hiciere inmortal. 

A tí de gloria eterna las Piérides 
jAgesidamo insigne! te coronan, 

Y mi flauta y mi cítara te entonan 

Un cántico triunfal. 

De los Locreses la ciudad magnífica 

Y de Arquéstrato al hijo victorioso, 
Riego á la par con baño delicioso 

De poética miel. 

j^Z¿4y0^%^t>^-^'^ ^< -^"^ ' ' / ^ ./^ '" ' ' ^pJ9i ized by Goógte 



1^ 



71 OLÍMPICAS. 

O ) Libró del Orco á Ganimedes candida 

Más que Citeres, Juventud florida; 
Y dio la primavera de la vida 

El triunfo á mi doncel. 






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1 

1 



ODA UNDÉCIMA. 



AL MISMO AGESIDAMO. 

LA USURA. 



Da vida á los hombres el soplo del viento; 
Las lluvias celestes infúndenle aliento, 
De nube divina progenie feliz. 
Así al que consuma difícil proeza, 
Con himnos sonoros la cítara empieza 
A dar nueva vida de gloria sin fin. 
Son prendas seguras 
De hazañas futuras, 
Los cantos al pecho de ardor juvenil. 

Del púgil robusto que Olimpia corona 
Ajena á la envidia mi lengua pregona 
Los bellos triunfos, en justo loor. 



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16 OLÍMPICAS. 

Sublime es el nombre y eterna la fama 

De aquel cuyo pecho benéfico inflama 

Con fuego sagrado de la Egida el Dios. 

Tus glorias proclamo 

¡Gran Agesidamó, 

De Arquéstrato prole, sin par luchador! 

La oliva dorada que ciñe tu frente 
Harán mis cantares más bella y fulgente, 
Y á Locris Zefiria renombre darán. 
Venid y conmigo formad ¡oh Camenas! 
Mil danzas alegres. No á incultas arenas 
Ni bárbaras tierras os quiero llevar. 
Son sabios, corteses 
Los buenos Locreses, 
Innato es su gusto y aspecto marcial. 
Así la vulpeja 
Su astucia no deja. 
Ni su índole fiera la tigre voraz. 



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ODA DUODÉCIMA. 



A ERGÓTELES DE HIMERA, 

VENCEDOR EN LA CARRERA LARGA. 



}Salvadora deidad, prole divina 
De Jove soberano, alma Fortuna! 
Oye mis ruegos y la frente inclina 
De Himera á la ciudad, de fuertes cuna. 

En el piélago tú las naves riges; 
De tí depende la violenta guerra; 
Las sabias asambleas tú diriges 
Que leyes dictan á la muda tierra. 

Giran en tanto, con errado vuelo. 
Humanas esperanzas é ilusiones, 
Ya rastreras tocando el bajo suelo. 
Ya del éter subiendo á las regiones. 



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78 OLÍMPICAS- 

Nunca de las edades venideras 
El cielo concedió signo seguro: 
Las tinieblas romper en vano esperas, 
Triste mortal, del porvenir oscuro. 

Mil veces contra próspero presagio 
Repentino dolor turba el contento; 

Y al que amenaza próximo naufragio 
Viene á alegrar la calma en un momento, 

¡Hijo de Filanor! Cual gallo altivo 
Que al honroso palenque no se lanza 

Y apenas puede en el corral nativo 
Oscura muestra dar de su pujanza, 

De tu paterno hogar así á la lumbre 
Marchitado se habrían tus laureles, 
Ni del honor llegara á la alta cumbre 
Tú pie veloz, envidia de corceles. 

Si á la isla do naciste, por ventura, 
Popular sedición y riña fiera 
No te arrancaran, y á la vida oscura, 
jOh Ergóteles, sin par en la carrera! 

Hoy te corona Olimpia; ya el ilustre 
Istmo y Pitona ornáronte la frente; 
Tu nueva patria te celebra, y lustre 
Das de las Ninfas á la tibia fuente. 



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ODA DECIMOTERCIA. 



Á JENOFONTE DE GORINTO, 

CORREDOR EN EL ESTADIO, 
VENCEDOR EN LA CARRERA Y EN LOS CINCO-JUEGOS. 



Al ensalzar la casa, que en Olimpia 
Tres coronas ganó; del peregrino 
Asilo, y con el deudo complaciente, 
De Corinto la fama clara y limpia 
Canto también; vestíbulo divino 
Del ístmico Monarca del Tridente, 

Y cuna floreciente 

De graciosas doncellas; 
En donde Eunomia mora 

Y sus hermanas bellas: 
La Paz encantadora 

Y la firme Justicia, que robusta 
Los Estados sostiene. 

Por ellas la riqueza al hombre viene 

Y de Temis veraz son prole augusta. 



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80 OLÍMPICAS. 

Ellas de su pacífico recinto 
Alejan la Insolencia deslenguada, 
Madre de la Arrogancia. Ciento y ciento 
Cantilenas en honra de Corinto 
Quiere entonar mi cítara, impulsada 
Por mi genial justísimo ardimiento. 
¿Su natural talento 
A quién ahogar es dado? 
¡Hijos del noble Aleta! 
El lauro destinado 
Al vencedor atleta, 
Las Horas, ricas en preciosas flores 
Os dieron, y la llama 
Que vuestro corazón vivida inflama 

Y os hace de mil artes inventores. 

Gloria al descubridor atrae su invento. 
La gran festividad de gracias llena 

Y el Báquico cantar que premia el toro 
¿Dónde nacieron? ¿dónde el instrumento 
Que al rápido corcel lanza y enfrena? 
¿Quién á los templos añadió decoro 
Con las águilas de oro? 

En tus sagrados muros 
Musa gentil florece, 

Y sus perfumes puros 
A tus hijos ofrece, 

¡Feliz Corinto! y á su lado Marte 
Pone en la fuerte diestra 
De tu fiel juventud, ya en la palestra, 
Ya en el sangriento campo, su estandarte. 



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ODA XUI. 81 

¡Oh de Olimpia Señor, rey soberano: 
Escuchar no desdeñes mi concento 
Ahora ni nunca, oh Júpiter Tonante! 
Rige á este pueblo con benigna mano, 

Y á Jenofonte, el favorable viento 
De la prosperidad, manda constante. 
El himno que, triunfante 

En la Pisana arena. 

Te ofrece agradecido 

Según la ley ordena. 

Que recibas te pido. 

En la carrera alcanza la victoria, 

Luego en las cinco-lides. 

¿Quién entre los pasados adalides 

Se sublimó jamás á tanta gloria? 

De las ístmicas turbas á la vista 
Con dos guirnaldas de apio ornó su frente; 
Ni fué desfavorable el juez Ñemeo. 
Mientras, su padre Tésalo conquista 
Verdes laureles (corredor valiente) 
En las orillas del sagrado Alfeo. 
Espléndido trofeo 
Un mismo sol le dona 
En la carrera doble 

Y el estadio, en Pitona; 

Y un mismo mes, su noble 
Cabeza en los certámenes de Atenas 
Ciñó triple guirnalda, 

Y otras siete coronas de esmeralda 
Obtuvo en las Helótides arenas. 



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82 OLÍMPICAS. 

En los marinos juegos de Neptuno 
El ínclito varón, y Teodoro, 
Su valeroso padre, altos honores 

Y elogios alcanzaron cual ninguno. 
¡En Delfos cuánta prez! ¡cuánto decoro 
Del bosque del león entre las flores, 
Os dieron los sudores! 

A los varones claros 
Que ostentan noble brío 

Y fuerzas, á igualaros 
En glorias desafío. 

Yo, ni vuestras hazañas, ni la arena 

Contaré, de los mares. — 

Mas tomen otro giro mis cantares. 

¡Oh Musa! es tiempo ya: tu vuelo enfrena. 

A mi pobre barquilla empuja el viento 
De la alabanza; y al cantar mi lira 
De tus progenitores la prudencia 

Y en las lides el bélico ardimiento, 

No empañará ¡oh Corinto! una mentira 
De mis suaves elogios la cadencia. 
Cantaré la excelencia 
De tu Sísifo, astuto ,. 

Y cual un Numen sabio, 

Y pagará tributo 

De admiración mi labio 

A la tierna Medea, salvadora 

De Argo y de sus remeros. 

Que hollando amante los paternos fueros 

Se une á Jasón, á quien su pecho adora. 



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ODA xni. 83 

Delante las altísimas murallas 
De la sagrada Ilion, ai Eñreo 
:Se miró, ya sitiado, ya asaltante. 
La suerte decidir de las batallas, 
í 1 uno en pos del vastago de Atreo 
En arrancar á Helena de su amante 
Empéñase arrogante. 
£1 otro de la bella 
Fiel combate al servicio, 

Y hasta el Griego se estrella 
Al pie de Glauco el Licio, 
Quien de ser heredero se gloría 
Del reino floreciente, 

Y el palacio y ciudad, junto á la fuente 
Pirene, que su padre poseía. 

¡Cuántas penas al Príncipe atrevido 
En sus orillas trajo el loco empeño 
De domar al corcel de raudas alas 
De la feroce Górgona nacido, 
Hasta que el freno de oro, en dulce sueño, 
Llevarle se dignó la virgen Palas! 
En sus sagradas salas 
Clama con voz adusta: 
«Belerofonte amado, 
DeEolo prole augusta: 
^Tú duermes descuidado? 
Salta del lecho; y ese freno de oro 
Oue ahí mágico asoma. 
Lleva á Neptuno, que corceles doma. 
Inmolando en su honor candido toro.» 



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84 OLÍMPICAS. 

Al dormido garzón así parece 
Decir la Virgen del broquel divino* 
Se incorpora veloz; y el milagroso 
Freno, que ante sus ojos aparece, 
Lleva sin dilación al adivino 
De la ciudad; y el hecho portentosa 
Le narra presuroso: 
Su sueño al pie del ara 
Y oráculo sagrado 
De Palas, y la rara 
Visión, en que el dorado 
^^ ^ Instrumento le da la casta Atena, 

Progenie del Tonante, 
A Ceránides cuenta; que al instante 
Lo que el sueño mandó cumplir ordena^ 

Al Monarca del líquido elemento 
Que circunda la tierra, buey robusto 
Inmola; y obediente al gran Profeta, 
A la ecuestre Minerva (monumento 
De su piedad) erige altar augusto. 
Cuanto está fuera de la humana meta 
La alta virtud sujeta 
De los Dioses; y leve 
Empresa es en su mano 
La que el hombre se atreve 
A acometer en vano. 
Del alado corcel Belerofonte 
En la fogosa boca 
El instrumento celestial coloca 
Qué le permite que á Pegaso monte. 



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ODA XIÍI. 85 

Con armadura y acerado alfanje 
Se ejercita sobre él y juguetea. 
Sale de las flecheras Amazonas 
Contra la ruda femenil falange, 

Y con dardos destrísimo pelea, 
Que alto dispara en las aéreas zonas. 
El potro no abandonas 

Sin que tu diestra mate 

A Quimera, que fuego 

Respira, y en combate 

Mortal derribes luego 

A los Solimos. De tu fin ya no hablo, 

jCabalgador sublime! 

En Olimpo su huella el potro imprime, 

Y entra de Jove en el eterno establo. 

De poéticas flechas rauda nube 
He fijado en el blanco; y ya no es justo 
Que errar mis tiros el mortal me vea. 
¡Oligetidas! De las Musas tuve 
Para alabaros mandamiento augusto. 
Triunfantes en el Istmo y en Nemea, 
^Quién habrá que no crea 
El veraz canto y breve 
Que vuestras altas glorias 
A los cielos eleve? 
Sesenta las victorias 
Fueron, que en uno y otra pregonara 
El heraldo admirado; 

Y ya mi dulce lira ha celebrado 

Las que en Olimpia os dan fama preclara. 



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86 OLÍMPICAS. 

De la ínclita familia ya mi Musa 
Nuevas proezas celebrar confía; 
Pero de Dios lo porvenir depende. 
Si el Numen tutelar no le rehusa 
La santa prolección del primer día, 
Al dios adusto que la guerra enciende 
Dejad que recomiende, 

Y á Júpiter divino, 
Las Mlgidas guirnaldas 
Que le dará el destino. 
¡Del Parnaso en las faldas 

• Cuántas obtuvo ya! ¡Cuántas en Tebas- 

Y Argos ganar le veo! 

En Arcadia, de Júpiter Liceo 

Dará el altar de sus hazañas pruebas. 

Su valor atestiguan Sicíona, 

Y Pelene, y la espléndida Megara, 
ffy Y de Éaco el santuario allá en Egina^ 

Lo proclaman la ilustre Maratona 

Y con Eléusis la ciudad preclara 
Que en el Etna sublime se reclina, 

Y Eubea la marina. 
Recorre á Grecia entera: 
Es tal doquier su gloria, 
Que retenerla espera 
En vano tu memoria.— 

Haz que caminen con ligera planta 

Los nobles vencedores, 

,0h Jove salvador! Dales honores 

Y la felicidad que al hombre encanta.. 



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ODA DECIMOCUARTA. 



A ASÓPICO DE ORGÓMENO, 

NIÑO, CORREDOR EN EL ESTADIO. 



¡Gracias espléndidas, radiantes ninfas. 
Que del Cefiso cabe las linfas 
(Que potros nutren) soléis morar! 
Del alma Orcómeno reinas augustas, 

Y de las Minias playas vetustas: 
Oíd mis ruegos y mi cantar. 

Por vos dulcísimo todo se torna, 

Y el hombre os debe cuanto lo adorna. 
Virtud, ingenio, gloria, esplendor. 

Los mismos Númenes ni el néctar beben 
Ni á formar danzas jamás se atreven, 
Si de las Gracias no hay el favor. 



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S8 OLÍMPICAS. 

Con Febo Pírico del arco de oro, 
De cuanto encierra su almo tesoro, 
Dispensadoras celestes son. 
Allí al Olímpico Padre, sentadas 
En refulgentes sillas doradas, 
Rinden eterna veneración. 

¡Sagrada Eufrósina, de himnos amante; 
Aglaya augusta, del gran Tónante 
/Hijas divinas, mi canto oid! 
Pues tanto agradante dulces canciones, 
Mira ¡Talía! las ovaciones 
Que trajo al héroe la honrosa lid. 

Cantar i Asópico mi lira quiere, 

Y al modo Lidio sus cuerdas hiere . 
Mi bien templado fino marfil; 
Porque en la Olímpica lucha gloriosa 
Por tus favores ¡potente Diosa! 

La sacra Minia luce entre miL 

Cf) ¡Eco! A Cleódamo la grata nueva, 

De Proserpina, clamando, lleva 
A la morada de eterno horror; 

Y de su vastago la tierna frente, 
Díle que en Pisa ciñó fulgente 
El lauro alado del vencedor. 



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ODAS PÍTICAS. 



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ODA PRIMERA. 



Á GERÓN ETNEO, REY DE SIRACUSA, 

VENCEDOR CON EL CARRO. 



¡Preciosa lira de oro, 
Del Castálide coro 

Y de Febo, delicias é instrumento! 

De las danzas triunfales 
Tus ecos son señales: 
Tú riges su compás y movimiento, 

Y de tu son, al empezar la fiesta, 

Se ve pendiente la armoniosa orquesta. 

Tú, con acento tierno. 
El fuego sempiterno 
Del penetrante rayo apagar sabes. 
Por tu voz arrullada, 



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92 PÍTICAS. 

En el cetro posada 
De Júpiter, la reina de las aves 
Con las alas caídas se adormece: 
Blanda nube sus ojos oscurece. 

Su cabeza arrogante 
Con el pico punzante 
En plácido sopor toda se anega; 
Tu vibración divina 
Al águila domina 

Y su espalda fortísima doblega, 

Y ablanda el pecho del violento Marte 
Que depone su lanza al escucharte. 

Al corazón derechas 

De los Dioses, tus ñechas 
Van, por Febo y las Musas disparadas. 

Cuando, en tierras ó en mares, 

Al oir los cantares 
Que entonan las Piérides sagradas. 
De terror algún hombre se estremece, 
Es porque Jo ve Sumo lo aborrece. 

Así en atroz castigo 
Tifeo, el enemigo 
De las Deidades, en el Orco gime. 
Nutrieron sus cien bocas 
De. Cilicia las rocas, 

Y Cumas hoy su hirsuto pecho oprime; 

Y aplasta su cabeza el Mongibelo, 
De nieve creador, pilar del cielo. 



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« ODA I. 93 

En su seno profundo, 

De fuego furibundo 
El Etna nutre inagotables fuentes. 

De día, negra nube 

Espesa al éter sube; 
Mientras de noche, líquidos torrentes 
De lava, el monstruo de Vulcano arroja, 
Que al mar girando van, cual sierpe roja. 

Contemplar es tremendo 

El prodigio estupendo: 
Terrible, si alguien de Sicilia llega, 

Oir que encadenado 

Está el gigante osado 
En la selvosa cima, y en la vega 
Del Etna ponderoso: duro lecho 
Que desgarra al Titán' espalda y pecho. 

Alcance yo la suerte 

¡Oh Jove! de placerte, 
A tí, que de este monte eres monarca, 

Cuya sublime altura 

Como frente fulgura 
De la ferace Sícula comarca, 
Y cuyo nombre dio, con nuevo lustre, 
A su ciudad el fundador ilustre. 

El Pítico trofeo 
Al alcanzar, Etneo 
El heraldo á Gerón alto pregona. 
Si, cuando el ancla leva. 



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94 PÍTICAS* 

Favorable se eleva 
Viento que llena la extendida lona, 
El marinero alégrase, y predice 
A su nave retorno aun más felice. 

Así esta alta victoria 
A Etna promete gloria, 

Y banquetes, y música y laureles. 
Tiempo vendrá que asombre 
Al mundo el gran renombre 

Que le darán sus rápidos corceles. 

Oye las preces que á tu trono elevo, 

Rey de la errante Délos, Licio Febo! 

¡Dios á quien tanto place 

La selva donde nace ' 
En el Parnaso la Castalia fuente! 

Concede á estas regiones 

Magnánimos varones. 
El que fuerte nació, sabio, elocuente, 
Lo debe á las Deidades; que sin ellas 
De la virtud no seguirá las huellas. 

Al gran Gerón yo quiero 
Hoy ensalzar, y espero 

Mi aguda flecha no vibrar en vano. 
Más lejos que ninguna 
La hará llegar Fortuna, 

y á mis rivales vencerá mi mano. 

¡Tráigale el tiempo dicha y opulencia; 

Olvido y curación de su dolencia! 



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ODA I. 95 

Recordar sus campañas 
Pudiera, 7 las hazañas 
Que consumó con temerario arrojo; 

Y el enemigo fuego 

Que más que á ningún Griego 
Poder le dio, y un cetro en sangre rojo. 
Cual Filoctetes, militó doliente, 

Y á amigos ruegos se rindió el valiente. 

De aquel la historia narra 
Que mientras le desgarra 
Allá en Lemnos la pierna úlcera horrenda, 
Vienen héroes (iguales 
A dioses inmortales) 

Y lo llevan por fuerza á la contienda, 
Do pone fin de Troya al largo asedio, 

Y de los Griegos al trabajo y tedio. 

Enfermo todavía. 

Ni caminar podía 
El gran flechero que engendró Pean te; 

Mas decretado estaba 

Que el Griego sin su aljaba 
Jamás entrara en Ilion triunfante. 
¡Dios á Gerón también propicio sea! 
Con la salud le dé cuanto desea. 

lÓyeme, oh Musa amiga! 

Y ven de la cuadriga 

Los triunfos á cantar á Dinomenes; 
Que no es para un buen hijo 



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96 PÍTICAS. 

Ajeno regocijo 
El ver ornadas las paternas sienes. 
Un himno grato al heredero entona. 
Musa gentil, de la Étnica corona. 

Para él Gerón augusto 
A Etna ha fundado; y justo 
Le concedió la libertad divina, 
Y el sabio código Hilio; 
Porque agrada al Panfílio, 

Y á los que del Taigeto en la colina 
Moraron, nietos de Heraclidas reyes, 
De Egimio conservar las Dorias leyes. 

Su código sagrado. 

El pueblo afortunado 
Trajo del Pindó, al río cristalino 

Que baña á Amida santa; 

Donde sus tiendas planta. 
De los divos Tindárides vecino, 
De blancos potros domadores diestros, 

Y en vibrar el lanzón grandes maestros. 

¡Oh Júpiter! Ordena 
Que cuantos del Amena, 
Pueblos y reyes, moran en la orilla. 
Conserven el renombre 
Que la opinión del hombre 
Les da; y el héroe que en el trono brilla 
Con la voz y el ejemplo á su hijo guíe, 
Nos dé la paz, y la invasión desvíe. 



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ODA I. 97 

¡Oh Saturnio! Concede 

Que tranquilo se quede 
El lidiador Fenicio en su Cartago; 

Y de su ataque brusco 

Desista el fiero Etrusco, 
Recordando de Cumas el estrago, 
Do, sumergida su dispersa flota, 
A sus huestes hirió fatal derrota. 

De servidumbre fiera 

Libró á la Grecia entera 
La armada del Señor Siracusano. 

Quiero cantar la ruina 

De Persia en Salamina 
Por el valor de Atenas sobrehumano; 
Y el que mostrara Esparta, alto denuedo. 
En Citerón, contra el arquero Medo. 

Mas no les cede en gloria 

La sublime victoria 
Cabe las claras linfas del Himera. 

Gerón allí y su hermano, 

Junto á su padre anciano. 
Desbarataron multitud guerrera. 
Mi agradecida musa les ofrece 
Himno triunfal, que su valor merece.. 

Quien mucho en breve canto 
Dice, no excita tanto 
De maliciosos émulos la envidia. 
Soy breve; que al oyente 



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98 PÍTICAS. 

De ánimo más paciente 
Prolijo panegírico fastidia, 

Y la alabanza de ínclitas acciones 
Suele roer ajenos corazones. 

¿Qué importa? Nunca al bueno 

De la Envidia el veneno, 
Siempre el desprecio al infeliz aflige. 

Sigue, pues, animoso 

Tu camino glorioso: 
Con seguro timón tu pueblo rige; 

Y en roja fragua de verdad egregia 
Refunde con valor tu lengua regia. 

Cuanto de tí proviene 
Doble esplendor obtiene. 

Aunque trivial lo juzgues y sencillo. 
Cien ojos te rodean: 
Que en tí mancha no vean, 

¡Oh de mil pueblos príncipe y caudillo! 

Si en algo estimas á la dulce Fama, 

El oro en torno liberal derrama. 

. A fuer de buen piloto, 
Apenas sople el Noto 

Iza de tú bajel todas las velas. 
A adulador fingido 
No escuches. Rey querido, 

Si en la posteridad vivir anhelas. 

Los poetas no más, é historiadores 

Entonan de los muertos los loores. 



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ODA I. 99 

No muere la memoria 

De Creso. Mas ¿qué gloria 
A Faláride trajo el férreo toro? 

Celebrar al verdugo 

A la lira no plugo, 
Ni de niños 6 vírgenes al coro. 
Primero es la virtud; luego el renombre* 
Si ambos obtiene, ¿qué más quiere el hombre? 



769991A 

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ODA SEGUNDA, 



AL MISMO GERÓN, 

VENCEDOR CON EL CARRO. 



]0h Siracusa, bella y populosa, 
Templo de Marte, madre de bridones 
De batalla, y de gente belicosal 

Portador de encomiásticas canciones, 
Yengo de Tebas, tu brillante amiga, 
A que otra vez á tu Ge ron corones. 

Que siempre vencedor con la cuadriga. 
Hoy nuevos lauros en el circo gana 
Con que adornar á su natal Ortiga, 



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102 PÍTICAS. 

Isla do reina la fluvial Diana, 
Sin cuyo auxilio, á la dorada rienda 
Los potros sujetar, empresa es vana. 

Porque antes que Gerón la lid emprenda 
Viene siempre la Virgen cazadora 
Con Mercurio, señor de la contienda; 

Y mientras á Neptuno el Rey adora, 
Los dioses enjaezan los corceles 
Que él unce á la cuadriga voladora. 

Cada monarca sus poetas fíeles 
Que lo celebren tiene- De Cinira 
Cantar ¡oh Chipre! los loores sueles, 

Que al blondo Numen de la dulce, lira 
Y á Venus grato fué. ¡Conducta bella 
Que al trovador la gratitud inspira! 

A tí en Zeñria la Locrés doncella, 
Que merced á tus dotes singulares 
El paterno solar tranquila huella, 

Al pie de sus pacífícos altares, 
¡Hijo de Dinomenes! te proclama 
Sin igual en la tierra y en los mares. 

Del mísero íxi'ón narra la fama 
Que en la rueda girando eternamente. 
Por orden de los Dioses así exclama: 



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ODA II. 103 

«Paga ¡oh mortal! con gratitud ardiente 
Los beneficios de amorosa mano.» 
¡ Ay! Lo aprendió á su costa el insolente! 

Vida y felicidad al soberano 
Jove debiendo, quiso fementido 
Llegar á Juno con amor insano. 

El Padre de los Dioses, ofendido 
En su altísimo honor, castigo eterno 
Lanzó contra el adúltero atrevido. 

Por su culpa en el fondo del Averno 
Precipitado, inexplicable pena 
Por dos crímenes sufre en el Infierno. 

Él fué el primero de la gente Helena 
Que en sangre de un pariente , derramada 
Con vil traición, manchó la patria arena; 

Y» profanando la mansión sagrada 
De las Deidades, requirió de amores 
De Jove á la consorte vanerada. 

Empresas á sus fuerzas superiores 
Nadie acometa. Se trocó en espina 
El que Ixión creyó lecho de flores, 

Y en vez de Juno, nube blanquecina 
Pagó su amor, aunque era en apariencia 
De Saturno inmortal la hija divina. 



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104 PÍTICAS. 

De Júpiter formó la omnipotencia 
Aquel fantasma: seductor engaño 
Que trajo al triste la fatal sentencia. 

Y encadenado pasa año tras año 
Sobre el cuádruple rayo de la rueda 
Que él mismo se forjó para su daño; 

Y sin que miembro alguno mover pueda, 
Es su martirio prueba permanente 

Del alto axioma que estampado queda. 

Del matrimonio singular, un ente 
Más singular nació; de los mortales 
Y los Dioses odiado juntamente. 

Centauro se llamó; las inmortales 
Gracias huyeron de él; y sus amores 
Fueron ¡horror! con brutos animales. 

Las yeguas de Magnesia, corredores 
Hijos le dieron: monstruos en figura 
Iguales á sus dos progenitores < 

La parte superior les dio Natura 
De perfecto varón: el resto ofrece 
Del caballo la forma y la soltura. 

A la Divinidad todo obedece: 
AI águila en los aires ella alcanza; 
Pasa al delfín que entre los mares crece. 



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ODA n. 105 

Del orgulloso abate la pujanza, 

Y se complace en elevar al bueno 
A sempiterna gloria y bienandanza. 

Nunca mis labios el letal veneno 
De la calumnia viertan: la memoria 
De Arquíloco mordaz sirva de freno. 

En murmurar cifró su triste gloria; 

Y cuitas, y miserias, y pobreza 
Le produjo su lira infamatoria. 

Cuando en el sabio, á mundanal riqueza 
Vemos unida próspera fortuna, 
Bajemos admirados la cabeza% 

En tí el ingenio ¡oh Príncipe! se aduna 
A la riqueza; y distribuirla sabes 
Con mano liberal, sin duda alguna. 

De mil ciudades ínclitas las llaves 
Guardan tus regias arcas. ¿Quién se precia 
De poseer más pueblos y más naves? 

El que dijere que ha reinado en Grecia 
Otro más poderoso y opulento, 
Une á crasa ignorancia mente necia. 

Quiero las velas todas dar al viento, 
De mi flota triunfal; y en tu alabanza 
Himnos cantar con inspirado acento. 



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106 PÍTICAS. 

¿Quién igualó tu bélica pujanza 
Cuando luchaste, joven arrogante, 
En batallas de eterna remembranza? 

Sintió tu fuerza el enemigo infante 
En las lides á pie. Todo cedía 
De tu corcel al ímpetu arrogante. 

Tu prudencia y sin par sabiduría 
En la madura edad, asunto nuevo 
Para elogiarte, dan á la voz mía. 

¡Salvel A través del mar mi canto llevo. 
Que cual Fenicia droga acepto sea 
A tus oídos, á esperar me atrevo. 

En él, la melodía Castorea 
De la Eólica cítara adaptada 
A la séptima cuerda, tu ojo vea. 

Siempre al nivel de tu misión sagrada 
Muéstrate ¡oh Rey! y no cual rapazuelo 
A quien el mono imitador agrada. 

Sírvate Radamanto de modelo. 
Que, justo juez y príncipe prudente, 
Reina feliz bajo el Elíseo cielo. 

Nunca al adulador ni al maldiciente 
Quiso escuchar, ni la calumnia infame. 
Del inventor ruina y del oyente. 



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ODA n. 107 

Zorra falaz, ¿qué mal hay que no trame 
El vil calumniador? Mas nunca puede 
Lucrar, aunque su tósigo derrame. 

Cubren las aguas la marina rede, 

Y el corcho indicador ligero flota, 
Aunque la espuma por encima ruede. 

Tal la calumnia contra mí se embota; 
Que por hallar entre los buenos gracia, 
Sus mañas el mendaz en vano agota; 

Mas de mentir á todos no se sacia 
Hasta que siembra por doquier la duda. 
¡Lejos de mí tan impudente audacia! 

Yo á mis amigos doy abierta ayuda, 

Y hago, á guisa de lobo, á mi adversario 
De frente ó por la espalda guerra cruda. 

A la lengua veraz, nunca contrario 
Gobierno alguno fué: le abre contento 
El monarca su techo hospitalario; 

Donde domina el pueblo turbulento 
Penetra; y en la altiva oligarquía 
El noble senador la escucha atento. 

A la Divinidad locura impía 
Es oponerse: si á quien no merece 
Sino castigos, opulencia envía, 



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108 pincAS. 

También al >usto espléndida engrandece, 

Y con renombre sus virtudes paga. 
¡Suerte feliz que al envidioso escuece! 

Nada su sed devoradora apaga, 

Y en su insensato afán, se abre en el pecho 
Con su propia pasión profunda llaga. 

Siempre mi yugo llevaré derecho; 
Es vano resistir al acicate: 
De mis calumniadores á despecho 
Bueno seré, y amigo del magnate. 



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ODA TERCERA. 



AL MISMO GERÓN. 

VENCEDOR CON EL CABALLO DE SILLA. 



Quisiera yo, si lícito á mi canto 
Fuera expresar el público deseo, 
Quisiera yo que de la Estigia arena 
Tornara á respirar los patrios aires 
El gran Quirón, de la gentil Filira 
Y del divo Saturno, hijo del Cielo, 
Progenie poderosa; y en los valles 
Verlo otra vez reinar, del Pelio monte, 
A los ojos del vulgo extraña fiera, 
Pero del hombre amigo. En otro tiempo 
O i A Esculapio educó, varón insigne. 
Descubridor benéfico de plantas 
Que quitan el dolor y restituyen 
La perdida salud, y de los males 
Más arraigados, médico celeste. 



lio PfTICAS. 

Antes que, con la ayuda de Lucina, 
De las madres amparo, á luz lo diera 
Del viejo Flegia (espléndido jinete) 
(;f) La hija infeliz, á la morada oscura 
De Plutón descendió, víctima triste 
De las iras de Apolo, y por las áureas 
Flechas de Diana, en su retrete herida, 
La veleidosa ninfa: que no yerra 
Jamás la indignación de la progenie 
De Júpiter augusto. A la culpable 
Celestiales amores no bastaron; 
Y en víspera de unirse ante los Dioses 
Al rubio Febo, ya marido oculto, 
Insana se arrojó en ajenos brazos. 

No la contuvo ni el divino infante 
Que en su seno llevaba, ni el banquete 
Nupcial ya aparejado, ni los cantos 
Solemnes de himeneo, ni los coros 
De vírgenes, antiguas compañeras, 
Q,ue el dulce epitalamio repetían. 
Le devoraba el pecho, de extranjero 
Príncipe el loco amor; como acaece 
A muchos, en el mundo, que desprecian 
La patria y sus beldades, y corriendo 
De ilusiones en pos, lo extraño buscan 
Y con necia pasión lo extraño adoran* 

Tremendo fué el castigo que la falta 
De Corónide, frágü cuanto bella, 
Trajo á la tierra. Al ojo vigilante 






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ODA in. 111 

Del Numen, no escaparon las caricias 
Del Arcádico huésped. En Pitona 
De inmoladas ovejas recibiendo 
£1 humo santo, á la sazón se hallaba 
6 ; El Loxio Rey; mas el remoto crimen 
Al instante miró. Consigo mismo 
Apolo delibera, y los consejos 
De su divina mente, que ve todo 

Y todo sabe, que engañar no puede, 

Y á quien no engaña ni mortal ni numen 
Con hechos ó palabras, sólo escucha. 

El adulterio de Isquis Elatida 
A castigar, y de su esposa el dolo, 
A su celeste hermana, respirando 
Furor irresistible, envía Febo 
A Lacerea, do la infiel habita 
Del Bebíade lago en la ribera. 
El mismo adverso numen, que al pecado 
A la ninfa llevó, la empuja ahora 
A destrucción funesta; y juntamente 
Muchos de la región circunvecina 
Mueren con ella. Chispa fué su culpa 
Que, pequeña al caer en la montaña. 
En breve devoró la selva entera. 

De la infeliz Corónide el cadáver 
Colocan los tristísimos parientes 
En la funérea pira: ya la llama 
Tremenda de Vulcano la circunda 

Y á devorarla va. La mira Febo, 

.■* r 






112 PÍTICAS. 

Y conmovido exclama: «No, no sufre 
Mi tierno corazón, que con la madre 
Adúltera, mi vastago inocente 

Aun antes de nacer, muerte horrorosa 
Entre el fuego padezca.» Así diciendo. 
De un solo paso llega hasta la pira. 
La llama reverente abre camino 
Al afligido Numen, que del seno 
De la difunta madre al hijo saca; 

Y al buen Centauro, de Magnesia gloria» 
Lo entrega, suplicándole que el arte 

De curar las dolencias de los hombres 
Le enseñe diligente. 

Aprovechado 
El discípulo fué. Cerrar sabía 
Las úlceras que nacen espontáneas, 

Y las heridas que enemigo hierro 
Abre profundas, ó lejana piedra. 
Las estivales fiebres, y las graves 
Dolencias que producen los rigores 
Del Invierno, sanaba. Diferentes 
Eran, según los males, los remedios. 
A quién mágicos cantos recetaba, 

A quién pócima amarga; á este envolvía 
En suaves hierbas la dañada parte; 
A otros, en fin, del lecho de dolores 
Con ardua amputación alzaba diestro. 

Mas ¡ay! ¿Por qué se rinde á la codicia 
Aun el más sabio? También él, con oro 



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ODA III. 113 

Que á montones hicieron en sus manos 
Brillar, se corrompió; y osó á la muerte 
Arrebatar á Hipólito difunto. 
Júpiter irritado, á ambos dispara 
Rayo homicida, que el vital aliento 
Del pecho les arranca, y á cenizas 
Los reduce instantáneo. Los mortales 
Conviene que á los Númenes pidamos 
Lo que al alcance está de nuestra pobre 
Naturaleza humana, harto pequeña 
Como bien conocemos. 

¡Alma mfaf 
No aspires más allá de lo posible 
Cual si fueras deidad; pero sí agota 
Hasta el último límite tus fuerzas. 

Si el prudente Quirón aun habitara 
La conocida cueva, y mis canciones 
En su ánimo gentil mágico influjo 
Pudieran ejercer, en dulces himnos 
Al médico sublime rogaría 
' Que en persona viniese, ó á lo menos 
A algún hijo de Jove ó de Latona 
Mandase á combatir la aguda fiebre 
Que á magnánimos héroes atormenta. 
Yo mismo, el Jonio mar atravesando 
En rauda nave, ansioso volaría 
A la fuente Aretusa, y á mi augusto 
Amigo, de Etna fundador, que rige 
De la fiel Siracusa los destinos, 

8 



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114 PÍTICAS. 

Del bueno protector, con sus vasallos 

Liberal y cortés, y tierno padre 

Del extranjero; y si al saltar en tierra 

Le pudiera ofrecer mi amante pecho 

Dos ricos dones: la salud, que el oro 

Más preciada, y el cántico solemne 

Que da tanto esplendor al Pitío lauro 

Que á mil venciendo conquistara en Cirra 

El corredor Ferénico, yo juro 

Que de mi amado Príncipe á los ojos 

Mi faz más apacible brillaría 

Que el sol en la mitad del firmamento. 

Mis preces, entretanto, á la gran Madre 
Dirijo, de los Númenes; augusta 
Deidad, á quien entonan las doncellas 

Y al venerado Pan, nocturnos himnos 
Frente al portal de mi morada humilde. 

Tú, que las letras amas, y á la cumbre 
De la ciencia has llegado; tú en las obras 
¡Docto Gerón! de los antiguos vates. 
Has leído que al hombre dan los Dioses 
Con cada bien dos males. Tal destino 
Con varonil resignación no puede 
El necio soportar; pero los sabios 
La brillantez del bien tan sólo miran, 

Y los males desprecian y se esconden. 

Tú, Rey, aunque doliente, eres dichoso; 
Que si en el mundo puede afortunado 



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ODA m. 115 

Alguien llamarse, lo es el que gobierna 
Con justo cetro subditos leales. 
Pero no juzgues que perpetua dicha 
Siguió, ni aun al Eácida Peleo 
Ni á Cadmo el semidiós, si bien la Fama 
Declara á ambos á dos, de los mortales 
Los más felices. Y, en verdad, tuvieron 
La suerte de escuchar los dulces cantos 
De las divas Piérides: el uno 
Allá en el monte Pelio, cuando á Tetis, 
Del prudente Nereo ínclita prole, 
Recibió por esposa; el otro en Tebas, 
La de las siete puertas, cuando el lazo 
Nupcial lo encadenó con Armonía, 
Ninfa gentil de seductores ojos. 

Los Dioses al festín en ambas bodas 
Se dignaron bajar; y en áureas sillas 
Sentados á su mesa, contemplaron 
Los novios á los hijos de Saturno, 
Y de sus regias manos recibieron 
Celestiales presentes. Los favores 
De Jove compensaron con usura 
Pasados infortunios; y su pecho 
Recobró la esperanza. Mas en breve 
Trocó en dolor de Cadmo la alegría 
De sus hijas el fin; sin que á Tíona 
Valiera ser esposa del Tonante. 
El hijo de Peleo, única prole 
Que Tetis inmortal le diera en Ftía, 
En la guerra murió, por alevosa 



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lie PÍTICAS. 

Flecha herido en el pie: sus funerales 
Llanto arrancaron á la Griega hueste. 

Mortal que á no desviarse de la senda 
De sólida virtud está resuelto, 
Debe aceptar con alma generosa 
La suerte que los Númenes le mandan. 
La dirección del viento á cada rato 
Cambia y la fuerza. Breve tiempo dura 
La dicha de los hombres, cuando baja 
Con ímpetu sobre ellos. Seré humilde 
Con los humildes, grande con los grandes. 
Reverente aceptando mi fortuna, 
Yajustando á mis medios mis costumbres. 
Y si grandes riquezas me donare 
La* Providencia, conseguir espero 
También alto renombre y fama eterna. 
Néstor el magno y Sarpedón de Licia, 
Celebrados doquier, su gloria deben 
A los cantos armónicos que vates 
Insignes compusieron. Las virtudes 
Se eternizan con ínclitos poemas; 
Pero á muy pocos conseguirlo es fácil. 



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ODA CUARTA. 



Á ARCESILAO, REY DE CIRENE, Ci :)?^Ai^ 

VENCEDOR CON EL CARRO. 



Al amado varón que de Cirene, 
Rica en caballos, ciñe la corona, 
Acompañar ¡oh Musa! hoy te conviene 
En su marcha triunfal: la suave lona 
De tu dulce bajel céfiro llene 
Al cantar á los hijos de Latona, 
Y á Delfos, do, veraz sacerdotisa, 
Vaticinó la augusta Pitonisa. 

Entre las áureas águilas sentada 
De Jove salvador, llena la mente 
Del Numen que allí tiene su morada, 
o^ Al gran Bato mandó que á Libia ardiente , 

y^U^,^ ^ ^^:- .^r CÍO ^...^^v ^^^^ 



*T?r 



118 PÍTICAS. 

Dejando su natal isla sagrada. 
De colonia veloz marchase al frente, 
A fundar sobre candido collado 
Un pueblo por sus carros celebrado. 

Después de siete y diez generaciones^ 
Llegaba (dijo) la anhelada hora 
De cumplirse las sabias predicciones 
Que Medea, de Cólquide Señora, 
A Jasón y los ínclitos varones 
Que llevaba en su nave voladora, 
Sobre las rocas dirigió, de Tera, 
Con inspirada voz, de esta manera: 

«jDe magnánimos héroes y deidades 
Progenie celestial, prestadme oídol 
Sabed que honda raíz de almas ciudades,. 

n) De esta tierra que el mar ha desleído. 
Para asombro de todas las edades, 

( ,) La hija feliz de Epafo esclarecido 
Hará brotar, en el fecundo seno 
Del que es de Jove Amón templo y terreno. 

»Delfínes de brevísimas aletas 
Se trocarán en rápidos corceles, 

Y en cuadrigas, veloces cual saetas, 

Y suaves bridas, remos y bajeles; 
Grandes ciudades quedarán sujetas 
A Tera cual metrópoli: así fieles 
Augurios anunciaron su fortuna 

^ ) En torno á la Tritónide laguna. > 



A 









J V 



ODA IV. 119 ' 

»Allí, de un Numen con disfraz humano, 
A recibir hospitalaria gleba 
Eufemo desembarca: el soberano 
Jo ve con su tronar el don aprueba; 
Del marinero la incansable mano 
£1 áncora pesada en tanto leva, 
Cuyo diente de bronce enfrena grave 
El raudo vuelo de la armada nave. 

«Sobre los hombros ya por doce días 
El casco enjuta de la rápida Argo, 
Fuera del mar (por sugestiones mías) 
Cruzando el arenal desierto y largo, 
Llevábamos: tras tantas travesías 
De lanzar se acababa en el amargo 
Lago Tritonio, cuando el Genio vino 
Bajo el aspecto de varón divino. 

))Con frases amistosas, hospedaje 
Nos ofreció cortés, y lauta cena: 
/ Ser Eurípilo dice, y su linaje 

A Neptuno deber, que el mundo llena. 
Mas la ansiedad por continuar el viaje 
Permanecer ya más en playa ajena 
Nonos permite: nuestra prisa mira 
El dios, y á detenernos ya no aspira. 

»Gleba pequeña de la playa arranca,. 
Y como prenda que la acepte ruega, 
De su hospitalidad cordial y franca: 
El héroe á recibirla no se niega. 



120 PÍTICAS. 

Y á tierra salta; el dios la mano blanca 
Pone en la suya, y el terrón le entrega. 
Mas ¡ay! el don precioso, de la nave 
Cayó de noche al mar, según se sabe. 

»Mil veces á los útiles sirvientes 
Recomendé guardarlo. Todo en vano; 
Que lo olvidaron sus vulgares mentes. 
De la espaciosa Libia así temprano 
El germen se perdió. ¡Cuan diferentes 
Sus destinos serían, si' la mano 
^^ ^ De Eufemo lo llevara á la sagrada 
Tenaro, do del Orco está la entrada! 

»¡0h Rey, á quien Neptuno dio la vida, 
(Deidad que en los corceles alta impera) 

Y Europa (del gran Ticio hija querida) 
Del rápido Cefiso en la ribera! 

Hasta tus cuartos nietos difundida 
Tu ilustre sangre, conquistado hubiera 
Con la Micenia y con Argiva gente, 

Y la Espartana, el vasto continente. 

»Pero el fatal terrón quedó deshecha 
Antes de tiempo; y vastago tardío 
De extranjera mujer te dará el lecho^ 
En esta isla sagrada. Poderío 
Recibirá del cielo, y el derecho 
De sujetar el litoral sombrío: 
Bato su nombre; y pisará su planta 
De Febo augusto la morada santa. 

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ODA ÍV. 121 

»Por medio de su oráculo sagrado, 
Allí le dará Apolo el mandamiento 
De aprestar, cuando la hora haya sonado, 
Rápida escuadra, de bajeles ciento, 

Y el que Jove le tiene preparado 
Del Nilo en la ribera, ilustre asiento, 
Osado sujetar á su dominio.» — 

Así fué de Medea el vaticinio. 

Los héroes con silencio respetuoso 
Escucharon la sabia profecía. 
¡Hijo de Polimnesto venturoso! 
La Deifica doncella en tí veía 
De Cirene al monarca poderoso; 

Y ¡salve! por tres veces te decía, 
Cuando postrado ante el altar, la cura 
Solicitabas, de tu lengua oscura. 

Cual rosa en la purpúrea primavera, 
De la heroica raíz octava rama 
Hoy floreciente Arcesilao impera, 

Y en los Píticos juegos lo proclama 
Apolo vencedor en la carrera. 
Quiero á las Musas entregar su fama, 
Del Vellocino de oro con la historia, 
Para los Minias manantial de gloria. 

¿Cómo se abrieron por el mar camino? 
¿Quién los ató con lazos de adamante 
A peligros sin fin? Era el destino 
De Pelias, por la espada fulminante 



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122 PÍTICAS. 

ó las maquinaciones de un divino 
Eólida morir. Con palpitante 
Seno, escuchó la infausta profecía 
( f ) Que en el Centro del Mundo así decía: 

«De Jolcos al llano • 
Verás un guerrero 
Que baja del monte 
Con doble lanzón. 

)>¿Será ciudadano? 
¿Será forastero? 
No importa: tú ponte 
En guardia ¡oh varón! 

))Y está preparado 
A rudo combate 
En tanto que se ate 
Un solo calzado. « 

El semidiós que predijera el bardo 
Llega por fin, vibrando doble lanza: 
Graciosa veste ciñe su gallardo 
Cuerpo, de los Magnesios á la usanza, 

Y una manchada piel de leopardo. 
Que hasta las plantas á cubrirlo alcanza, 
De los hombros anchísima desciende, 

Y de la escarcha y lluvia lo defiende. 

Jamás el filo de cruel navaja 
Osó tocar la blonda cabellera, 
Que en bellos rizos refulgente baja 
La esjpalda acariciándole ligera. 



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ODA IV. 123 

Entra al foro el garzón; el paso ataja 
Plantándose con bélica manera, 
En tanto que al real Desconocido 
Mirand(^el pueblo exclama conmovido: 

«¿Quién es este gallardo mancebo?» 
¿Es acaso el dulcísimo Febo 
Que basta Jolcos se digna bajari* 

»Si es el Dios de fulgente loriga, 
¿Dónde está la dorada cuadriga 
En que Marte acostumbra volar? 

»Ni Oto ser, ni Enaltes podría; 
Que á sus hijos miró Ifímedía 
En los campos de Naxos morir; 
(,) »Y de Artemis, á Ticio difunto 
Enseñaron las flechas, á punto 
Menos alto su amor dirigir.» 

Mientras en confusísima algazara 
Así la muchedumbre confabula, 
Llegando Pelias, de su carro para 
Con manos fuertes una y otra muía; 
En el extraño paladín repara, 

Y su terror en vano disimula 

La sandalia fatal cuando descubre, 
Que el pie derecho solitaria cubre. 

Tranquilidad el mísero aparenta, 

Y así se expresa: «A la mentira ajeno, 
¡Oh peregrino! díme ¿qué opulenta 



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124 PÍTICAS. 

Patria produjo lidiador tan bueno? 

¿Cuál es la madre que en el mundo cuenta 

Que hijo tan grande cobijó su seno? 

Sin vacilar revélamelo todo.» — 

Se anima el joven, y habla de este modo: 

« 

«Oid: de la caverna 
De Cariclea vengo 
(Sostén de mi edad tierna), 

Y á dicha grande tengo 
Haber sido discípulo 
Del Centauro Quirón. 

)>Cuidáronme las puras 
Hijas del varón sabio; 
Ni palabras impuras 
Decir supo mi labio, 
Ni en cuatro lustros mi ánima 
Manchó perversa acción. 

))En mis patrios hogares 
Mayor de edad, penetro 
A recobrar mis lares 

Y el usurpado cetro 

Que al gran Eolo, Júpiter, 

Y á sus hijos donó. 

»Según veraz noticia, 
Robó Pelias insano. 
Contra toda justicia, 
El reino soberano 



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ODA IV. 125 

De que dueños legítimos 
Somos mi padre y yo. 

»No bien mis tristes ojos 
Vieron la luz primera, 
Sabiendo los antojos 
Del Jefe que hoy impera, 
Mis padres ocultáronme 
A su ambición fatal. 

»Me proclamaron muerto, 

Y con fingido luto 

Fué mi alcázar cubierto; 

Y diéronme el tributo 
De femeniles lágrimas 

Y duelo funeral. 

«Entretanto, al abrigo 
Del silencio nocturno, 
Al antro del amigo 
( ' ) Vastago de Saturno, 

En pañales de púrpura. 
Lleváronme á educar. 

»De Quirón á las manos 
Mi salvación yo debo: 

Y basta ¡oh ciudadanos! 
Lo que narrado llevo. 

Las preguntas que atónitos 
Me hicbteis, á llenar. 

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126 PÍTICAS. 

))A la morada mía 
Llevadme ahora fíeles, 
Do mi padre nutría 
Sus candidos corceles; 
Pues hijo primogénito 
Soy del anciano Esón. 

«Vuestra tierra no huello 
Cual triste peregrino: 
De mi linaje el sello^ 
El Centauro divino 
En mí imprimió, legándome 
El nombre de Jasón.» 

No bien penetra en la mansión paterna. 
Corre á abrazarlo el conmovido anciano; 
Vierte á torrentes su pupila tierna 
Llanto sin fin de gozo sobrehumano: 
Procura el héroe la emoción interna 
Que lo domina,^ reprimir en vano, 
Al ver que su hijo excede en gallardía 
A cuantos hombres Jolcos contenía. 

Al palacio de Esón atrae la fama 
A sus hermanos. Pronto Feres viene 
De la vecina fuente, que se llama 
Hiperia, y Amitáon de Mesene: 
De ver á su pariente, á Admeto inflama 
Deseo irresistible; ni detiene 
Lazo alguno en su hogar al fiel Melampo, 
Que llega ansioso del Laconio campos 



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ODA IV. 127 

Con afable ademán á sus parientes 
Acoge el buen Jasón; á lauta cena 
Los convida, y los colma de presentes. 
Cinco noches duró la fiesta amena; 
Cinco días los juegos diferentes; 
Pero al sexto, Jasón el gozo enfrena, 

Y les hace saber su intento serio 
De recobrar el usurpado imperio. 

Lo aplauden: y con planta presurosa 
Los héroes van, llevándolo en el centro, 
De Pelias á la casa suntuosa. 
Sus pisadas no bien resuenan dentro, 
Cuando el hijo de Tiro (la de undosa 
Cabellera) cortés sale al encuentro. 
Lo saluda Jasón, y con suave 
Voz que parece miel, le dice grave: 

«¡De Neptuno Pétreo hijo robusto! 
Del mísero mortal la mente ciega 
Aplaude con furor el lucro injusto, 

Y á regresar á la equidad se niega; 
Mas la hora de rendir á arbitro justo 
Cuenta de lo pasado, al fin se llega. 
Enfrenemos tú y yo nuestros afectos, 

Y caminemos por senderos rectos. 

»Un mismo seno (sabes lo que digo) 
A4I*. abuelo Creteo, y al osado -^ 

Salmoneo prestó materno abrigo: 
Primos somos, por tanto, en tercer grado; 



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128 PÍTICAS. 

Y á todo hombre, las Parcas enemigo 
Del consanguíneo ser tienen vedado. 
Ni flecha, pues, ni espada fratricida 
De nuestros padres la heredad divida. 

»Yo te propongo ventajoso pacto: 
Cuenta en el campo las lanudas greyes 

Y las pingües manadas; el exacto 
Número cuenta de pintados bueyes. 
Todo te doy, y el territorio intacto, 
Que atropellando del honor las leyes 
A mis padres robaste, y hoy tu renta 
Con tu cultivo y tu cuidado aumenta. 

»No envidio la riqueza de tu casa; 
Mas quiero, sí, mi trono y monarquías 
Fiero dolor el pecho me traspasa 
El cetro al ver de la familia mía. 
Vuélvemelo; ó de la ira que me abrasa 
Contener los arranques no podría.» — 
Su discurso Jasón así concluye, 

Y con urbanidad Pellas arguye: 

«Haré lo que quieras; mas oye mi ruego: 
La vejez inútil mis miembros circunda; 
En tí rubicunda, 
Con célico riego. 
Sus flores derrama feliz juventud. 

^Aplacar piadoso podrás con empeño 
De los infernales Dioses á la turba: 



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ODA IV. 129 

De Frixo perturba 
Mi plácido sueño, 
La sombra, privada de patrio ataúd. 

»Que saque, me pide, del alcázar de Etas 
Su espíritu triste, y el vellón dorado 
Por que fué salvado. 
Ya de las saetas 
De infame madrastra, ya del ronco mar. 

))Gusté de Castalia la límpida fuente 
A Apolo pidiendo su luz veneranda; 
Y el Numen me manda 
Que el ponto inclemente 
En rápida nave me atreva á cruzar. 

»La empresa difícil que yo no acometo 
Porque de los años el peso me doma, 
Th atrevido toma, 
Que fiel te prometo 
El cetro en tu diestra sin falta poner. 

)>A Júpiter sumo, que origen proclamo 
Del lazo de sangre que me une contigo. 
Cual santo testigo 
De mi voto llamo. 
¡El mira mi franco, leal proceder!» 

Queda firmado el pacto; y al momento 
La expedición que se prepare ordena 
El ínclito Jasón- No bien el viento 

9 

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VSi) PÍ TICAS. 

Con la trompeta del heraldo suena, 
Llegan tres héroes de divino aliento: 
El uno es hijo de la bella Alcmena; 
Leda fué de los otros dulce madre; 
Todos tienen á Júpiter por padre. 

Quizá temiendo que los pueblos duden 
De su valor, si en tiempo inoportuno 
Llegaren, velocísimos acuden 
Los dos audaces hijos de Neptuno. 
Su larga cabellera ambos sacuden; 
Del cabo de Tenaro viene el uno, 
De Pilo el otro: Eufemo aquél se llama, 
( I ) Este Periclimeno, de alta fama. 

¡Semidioses, salud! ¡Cuánto trofeo 
Os va á alcanzar la expedición marina! 
Llega el poeta y citarista Orfeo, 
De Apolo inspirador prole divina; 

Y Mercurio, señor del Caduceo, 
A gloriosas empresas encamina 

f >) A Equito y á Equión, hijos mellizos, 
De la ñor de la edad con los hechizos. 

Júntanse los que pueblan los cimientos 
Del Pangeo; veloces cual saetas, 
Porque Bóreas, monarca de los vientos, 
A sus dos hijos, Calaín y Zetas, 
Infunde con su soplo más alientos, 
Agitando en sus hombros las aletas; 

Y el impulso final, con su oportuno 



ODA IV. 181 

Auxilio, da la irresistible Juno. 

Infunde la Deidad tal atractivo 
A la forma gentil del bajel Argo^ 
Que hace á los héroes, del hogar nativo 
Huir, y del doméstico letargo. 
De navegar les viene ardor tan vivo, 
Que las aguas beber del ponto amargo 
Y, de gloria cubiertos, al Averno 
Bajar, prefieren al hogar materno. 

Cuando la flor de heroicos navegantes 
Para lanzarse al mar se encuentra lista, * 
Elogiando sus ánimos constantes 
A sus filas Jasón pasa revista. 
Ve Mopso las entrañas humeantes; 
Sigue atento á los pájaros la pista: 
Feliz viaje al ejército revela, 
Y hace que sin tardar se dé á la vela. 

No bien levan el áncora dura. 
Cuando sube del Argo á la popa. 
De oro puro ostentando una copa, 
De los naftas el gran Capitán. 

De los Dioses al Padre Tonante, 
Vibrador de la lanza de fuego. 
Por los héroes dirige su ruego, 
Que en la nave á sus órdenes van. 

Pide al Dios que les abra camino 
A través del feroz elemento: 



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182 PÍTICAS. 

Que los lleve con próspero viento 
Ysujete al furioso Aquilón; 
Y que el sol los alumbre de día, 

Y en las noches la espléndida luna; 
Ni les niegue por íin la fortuna 

De volver á la patria mansión. 

Trueno fausto replica en las nubes ^ 

Y su luz el relámpago arroja; 

Y sumerge en funesta congoja 
A los héroes la atroz tempestad. 

Mas el augur declara que anuncian 
Feliz viaje los Dioses supremos; 

Y respiran, y él grita: á los remos y 
A los rentos^ marinos^ bogad, 

Y bogan apresurados, 
Obedientes al Piloto, 

Y empiezan del fresco Noto 
Las auras á respirar; 

Y al llegar los denodados 
A la boca del Axino, 

A Neptuno, dios marino. 
Erigen templo y altar. 

En el ara sacrifican, 
Implorando su alta gracia, 
Rojo toro, que de Tracia 
Les da la copiosa grey; 

Y que los libre, suplican. 
Del ímpetu de las rocas 



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ODA IV. 133 

Que entre sí se hieren locas, 
De los bajeles al Rey. 

Giran raudos como viento 
Los dos islotes flotantes: 
Parecen vivos gigantes 
Que luchan con frenesí. 

Mas termina el movimiento 
Al pasar la nave fuerte.— 
A las Simplégades muerte 
Dieron los héroes así. 

Llegan por fin á Fasis, 
Y á los negros derriban 
De Cólquide, no lejos 
De donde Etas habita. 

Allí por vez primera 
La gloriosa Ciprina, 
Que dardos amorosos 
Agudísimos vibra, 

Trae del excelso Olimpo 
La tornasol pezpita, 
Que á los hombres, afectos 
Frenéticos inspira, 

Y con indisolubles 
Lazos, el ave liga 
O) A la rueda, que en cuatro 
Rayos, veloce gira. 



134 PÍTICAS. 

^ j Y ensena al sabio Esónides. 
Cantos y oracioncillas, 
Cuyo mágico influjo 
No hay fuerza que resista. 

Harán tales encantos 
Que Medea lo siga, 
A sus deberes sorda 
Y á los afectos de hija, 

Y arda de ver á Grecia 
En ansiedad tan viva. 
Que su pasión la azote 
Cual tempestad horrísona. 

La reina inspírase 
De amor tan tierno, 
Que el arte quiere. 
Con que el paterno 
Lazo supere, 
Dar á Jasón. 

Mezcla un antídoto 
Con suave aceite. 
Que los dolores 
Torna en deleite, 

Y con mil flores 
Forma una unción; 

Y jura á Esónides 
Que el himeneo, 

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ODA IV. 135 

De sus certámenes 
Será el trofeo, 
Y en cambio pídele 
Su corazón. 

Etas, al fuerte arado de adamante 
Unce los bueyes de nariz ardiente. 
Es su aliento de llama fulgurante; 
Son sus pezuñas de metal luciente. 
Sin sentir el ardor, sólo el gigante 
El yugo pone á su inflamada frente, 

Y la tierra al labrar, va tan violento 
Que una yugada sulca en un momento. 

«Que venga (exclama arrogante) 
Y ejecute igual tarea. 
El Rey, quienquiera que sea, 
De ese bajel comandante. 

DSerá de sus pies alfombra 
El celeste Vellocino, 
Cuya lana de oro fino 
A los mortales asombra.» 

Del manto purpúreo Jasón se desnuda; 

Y á Venus pidiendo y á Jove su ayuda, 
Las áridas glebas empieza á labrar. 

Merced á la maga su amante, no teme 
Que el fuego de aquellas narices lo queme: 
Sus filtros y mañas lo saben librar. 

Arrastra el arado, forzudo y sereno, 



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136 PÍTICAS. 

Y pone á los toros el mágico freno, 
Que sufre mugiendo la indómita grey. 

Con vara punzante los urge sin tregua, 

Y en breves instantes va, legua tras legua. 
Abriendo los sulcos que impúsole el Rey. 

Del joven las fuerzas observa con ira 
Burlado el tirano, y oculto suspira, 

Y apenas reprime su inmenso estupor. 
La mano querida del jefe valiente 

Los nautas estrechan; y ciñen su frente 
Con hierbas, y elogian su inmenso valor. 

Entonces la selva do fúlgida brilla 
La piel que de Frixo cortó la cuchilla, 
Indica á los héroes el hijo del Sol. 

Abriga su pecho la infame esperanza 
Que vana del joven será la pujanza, 
Pasando la empresa por nuevo crisoL 

En medio de un bosque de espesa maleza , 
Terrífico monstruo, de inmunda cabeza 

Y fauces horrendas, custodia el Vellón. 
De remos cincuenta bajel bien armado 

Angosto y pequeño juzgárase al lado 
De aquel vigilante furioso dragón. 

Mas ¿cómo dejo al estro que me lleve 
Lejos de la trillada carretera? 
¿Sus propias reglas á violar se atreve 
Mi musa, para todos tan severa 



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ODA IV. i;í7 

Tornaré á mi deber por senda breve, 

Y diré que coa maña al fin supera 
A la hórrida serpiente, de la nao 
El divino Patrón ;oh Arcesilao! 

Con el dorado Vellocino, embarca 
En el Argo á Medea, que perdida 
De amores sigue al héroe; y del Monarca 
De Jolcos, pone término á la vida. 
Por el índico Océano la barca 
Llega á la isla de Lemnos; do homicida 
Falange de viudas, á los Griegos 
Cortés invita á fpnerales juegos. 

Premio de sus espléndidas proezas 
Son ellas mismas y el bordado manto. 
En tierra extraña á relucir empiezas, 
¡De Cirene real linaje santo! 
¿Fué germen de tus ínclitas grandezas 
De una noche ó de un día el dulce encanto? 
Lo ignoro; mas en Lemnos el supremo 
(i) TaUo brotó del inmortal Eufemo. 

La peregrina prole hasta Laconia 
Sigue del padre la sagrada pista, 

Y de Esparta conduce una colonia 
(fl A Tera (entonces isla de CalistaJ; 

En ella la gentil prole Latonia 
De Libia ordena la fatal conquista, 

Y el trono da de la feliz Cirene 

A raza ilustre que su pueblo ordene. 



138 PÍTICAS. 

¡óyeme, Arcesilao! y tu talento, 
Que al mismo Edipo avergonzara, aviva - 
¿Vistes acaso al roble corpulento 
Cuyo alto tronco la segur derriba? 
No torna á florecer; pero alimento 
Da al invernal hogar, ó en él estriba, 
Trasformado en columna, el arquitrabe 
Que del templo sostiene la áurea nave. 

Médico regio, Febo está contigo: 
En las llagas, Señor, bálsamo vierte. 
Trastorna la ciudad vil enemigo; 
Mas restituir la paz, ni el varón fuerte 
Podrá, si un Numen no le presta abrigo. 
Gloria, fuerza, saber, te dio la suerte: 
Sigue ¡oh Rey de Cirene venerando! 
La dicha de tus subditos labrando. 

Pondera atento el inmortal axioma 
Del grande Homero, que leer te agrada: 
De hábil embajador el arte doma 
Hasta la oposición más obstinada. 
Mi musa ¡oh Rey! la libertad se toma 
De llevarte benéfica embajada, 

Y viene á interceder por Demonio, 
/ A quien mi Tebas hoy ofrece asilo. 

De Bato sabe bien la casa regia 

Y toda la Ciudad, de mi cliente 
Cuál ha brillado la conducta egregia. 
De joven es su brazo armipotente; 



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ODA IV. 13» 

De viejo de cien años su estrategia: 
Jamás su lengua ha sido maldiciente; 
A odiar la sedición, y á ser amigo 
De los virtuosos, le enseñó el castigo. 

Lo que puede hacer hoy, su mano activa 
No acostumbra dejar para mañana: 
Sabe que la ocasión es fugitiva, 

Y aunque no corre con pasión insana. 
Cual esclavo, en su pos, nunca la esquiva. 
A quien fué tal desde la edad temprana, 
Considera, Señor, qué pena oprime 

Hoy que tan lejos de la patria gime. 

Al desdichado Numen semejante 
Que sostiene las célicas regiones. 
El destierro lo acosa, nuevo Atlante, 
Privado de su patria y posesiones. 
A los Titanes perdonó el Tonante. 
¿Posible que su yerro no perdones? 
¡Señor! El tiempo todo lo cancela: 
Cesando el huracán, se cambia vela. 

Por volver al hogar triste suspira, 

Y por beber de la Apolínea fuente: 
Odio su corazón ya no respira, 
La enfermedad pasó; vida inocente 
Quiere llevar, al eco de su lira. 

Que torne á tu Ciudad ¡oh Rey! consiente. 
Verás qué manantial de versos puros 
Halló en tu honor, en los Tebanos muros. 



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ODA QUINTA. 



AL MISMO ARCESILAO, 

VENCEDOR CON EL CARRO. 



Es la Riqueza reina omnipotente 
Cuando á pura virtud el hombre aduna 
Oro copioso, de amistades fuente, 
Merced á la fortuna. 

Si corres tú tras suerte tan brillante 
¡Divino Arcésilao! desde niño, 
De Castor, el del carro relumbrante, 
Lo debes al cariño. 

Él la invernal tormenta, desatada 
Contra tu casa, tutelar conjura; 
Y eterna paz á tu real morada 
Benévolo asegura. 



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142 PÍTICAS. 

Maneja el sabio con temor la rienda 
Del poder con que Jove lo bendice: 
De la Justicia tú sigues la senda, 
Y admirante felice: 

Feliz, porque tu imperio reflorece; 
Feliz, porque de tu alma la grandeza, 
De tu gallardo rostro resplandece 
En la gentil belleza. 



Nuevamente feliz, porque en Pitona 
Al conquistar el premio tus corceles, 
Himnos gratos á Febo el coro entona 
De tus vasallos fíeles. 

En Cirene, verjel de Citerea, 

Al escuchar tu majestad el canto. 

La primer causa de tu triunfo vea 

En Jove sacrosanto; 

Y sobre los magnates de tu corte 
A Carroto distinga, que á la Excusa, 
Hija de Epimeteo, por consorte 
Siempre tomar rehusa. 

La sabia Previsión, fruto divino 
De Prometeo, á su bra:[0 asida 
Con él entró cuando á los lares vino 
^ , Del ínclito Batida. 

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ODA V. 143 

No bien, volando en su veloce carro, 
Llegó á beber de la Castalia fuente, 
Y la corona conquistó bizarro 

Que hora brilla en su frente. 

Doce veces recorre en raudo giro 
£1 consagrado circo. Intacta queda 
La fuerte brida; ni romperse miro 
Eje, arneses, ó rueda. 

Integra, como el hábil artesano 
/ La fabricó, de Crisa á la eminencia 
La conduce, de Apolo soberano 
A la áurea residencia, 

Y ante la estatua que erigió devoto 
El flechero Cretense, á fuerte viga 
De pulido ciprés, ata Carroto 
La dorada cuadriga. 

A aquel ¡oh Rey! de quien honor recibes. 
Tus favores prodiga agradecido. 
¡Eres feliz, progenie de Alexibes, 
De las Gracias querido! 

Si la lid fué reñida, mis loores 
Te erigirán eterno monumento: 
A tu lado cuarenta conductores 
Cayeron de su asiento. 



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144 PÍTICAS. 

Impávido salvando tu cuadriga, 
Del circo vencedor tornas con ella; 
\ hoy la llanura Líbica te abriga 
Y tu Cirene bella. 



Exento de reveses nadie ha sido 
Ni lo será jamás. Arcesilao 
Rige feliz, por Bato protegido. 
Del Estado la nao. 

Y ya calma le da, ya tempestades^ 
Su gran Progenitor: faro luciente 
Es del extraño, y de sus mil ciudades 
Baluarte armipotente. 

Cuando su voz en la Africana arena 
Sonó por vez primera, los leones 
Huyeron, erizada la melena. 

Del héroe y sus legiones. 

FebOy de Bato y sus colonos guía. 
Entre las ñeras el terror mantiene. 
Para que cumpla ñel su profecía 
Él Jefe de Cirene. 

Febo, que de curar el célico arte 
Enseñar á los hombres no rehusa; 
Que ablanda al hijo del furioso Marte, 
Y le da lira y musa. 



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ODA y. 145 

. El del oráculo es Numen eximio. 
Que á Argos envió, y á Pilos, y á Laconia» 
Con los vastagos de Hércules y Egimio, 
Poderosa colonia. 

Que á Esparta alabe, de mi lira espera 
El orbe todo. De ella mis abuelos. 
Los Égidas, vinieron hasta Tera, 
Por favor de los cielos. 

Introdujo en Cirene hado propicio 
De muchas hostias el banquete santo; 
f^^ Y á Cirene, en el Carnio sacrificio 
Consagramos un canto. 

A Cirene, ciuda4 de altas murallas. 
Que de Antenor á la progenie amiga, 
Vencida, no domada, en cien batallas. 
Hospitalaria abriga. 

Al ver á su Ciudad presa del fuego^ 
Nueva patria á buscar en tierra ajena 
Vinieron los Troyanos, con el Griego 
Que recobró á su Helena. 

Y á aquella raza de ínclitos jinetes. 
Ofrece el pueblo que cruzó los mares 
En las naves de Bato, mil banquetes 
Y humeantes altares. 

^ ^ . ^^ . - ' 



146 PÍTICAS. 

Los templos aumentó con mano pía 
El Fundador; y á procesión devota 
Abrió la ecuestre y empedrada vía 
Que apellidó Escirota, 

Recto conduce el cómodo camino 
Del grande Bato hasta la tumba aislada. 
Desde la selva al médico divino, 
Apolo, consagrada. 

Feliz en vida y adorado en muerte 
Fué el semidiós; á cada rey espacio 
Para su tumba, designó la suerte 
Frente al real palacio; 

Y llega hasta el oscuro monumento 
£1 aroma del cántico, que baña 
Como blanco rocío y suave ungüento 

Del Rey la última hazaña: 

Y á su espíritu da gran regocijo 

La prez que á Arcesilao alta circunda; 
Porque el renombre ó la virtud del hijo 
En sus padres redunda . 

Conviene al vencedor unirse al coro 
Y celebrar á Febo: la corona. 
Premio de sus trabajos y de su oro, 
Él le donó en Pitona. 



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ODA V. 147 

Alaban á mi Rey propios y extraños, 
Y lo que de él pregono ¿quién no sabe? 
Es superior á sus contados años 
Su mente recta y grave. 

De la alígera grey ninguno puede 
Al águila quitar la preeminencia: 
Así de Arcesilao todo cede 

Al valor y elocuencia. 

En la guerra invencible baluarte, 
Con las Musas jugó desde la cuna. 
Es auriga sin par; y amor al arte 
A gran pujanza aduna. 

Tino en obrar, en el consejo acierto, 
Dadle desde hoy í Saturnios inmortales! 
El fruto de sus glorias nunca yerto 
Dejen los vendavales. 

Rige de Jove la alta providencia 
A hombres y celestiales moradores: 
jDe Bato insigne dé á la descendencia 
Las Olímpicas ñores! 



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ODA SEXTA. 



A XENÓCRATES DE AGRIGENTO, 

VENCEDOR CON EL CARRO. 



¡Oídmel De Venus la de ojos sin par 
Y las divas Gracias el campo fecundo. 
De Apolo en el templo, que es centro del mundo, 
Con Píticos himnos me apresto á labrar. 
A los Emenidas ofrece en su altar, 
\ á tu ilustre padre, y al claro Agrigento, 
De ricos cantares tesoro opulento, 
La selva sagrada del Dios tutelar. 

Ni fiera tormenta, ni el recio huracán 
■Que en la húmeda playa revuelve la arena. 
Ni el que entre las nubes en invierno truena 
Terrífico rayo, romperlo podrán. 



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150 PÍTICAS. 

Con fúlgida frente los himnos saldrán, 

Y á aquel de quien eres progenie y auriga^ 
Darán fama eterna: venció su cuadriga 
jOh buen Trasibulo! merced á tu afán. 

Al padre tu diestra cedió el galardón. 
Las máximas sigues que, en años pueriles,. 
Allá en las montañas al huérfano Aquiles 
Legara él austero Centauro Quirón. 
A Jove supremo, deidad de quien son 
Esclavos el trueno y el rayo, venera. 
Iguales honores tu pecho no quiera 
Rehusar á tus padres: — tal fué su lección. 

Antiguo modelo de afecto filial, 
La sangre en la guerra por su padre vierte 
Antíloco el bravo: Memnón le da muerte,, 
De Etiópicas huestes feroz general. 
La flecha de Paris hirió al animal 
Del carro de Néstor; detiénese el potro; 
Ya amaga al anciano la lanza del otro; 
Ya á Antíloco llama lá voz paternal. 

Los gritos de Néstor no apaga el tropel,. 

Y el hijo lo salva, sin vida cayendo. 
¡De amor y coraje prodigio estupendo 
Que eterno renombre conquista al doncelt 
Si entre los antiguos no conoce aquél 
Igual por su santa filial reverencia, 

De la edad presente la justa sentencia 
Donó á Trasibulo la palma y laurel. 



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ODA VI. 151 

Sin lujo ni orgullo, con noble esplendor, 
De Terón á ejemplo, su regio pariente, 
Sus grandes riquezas maneja prudente; 
Las Musas cultiva con tenaz ardor. 
jNeptuno, de potros primer domador! 
^Quiénhay que en el circo más diestro te imite? 
Tan suave es su trato, que en lauto convite 
Abeja parece de grato dulzor. 



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ODA SÉPTIMA. 



A MEGACLES DE ATENAS, 

VBNCBDOR CON LA CUADRIGA. 



De Alcmeón al gran vastago canto, 
Que corceles maneja robusto: 
A la espléndida Atenas es justo 
De mi canto por base poner. 

Qué familia, qué patria más noble 
Ostentar pueda Grecia no veo, 
Que la ilustre ciudad de Erecteo, 
Cuya fama se extiende doquier. 

Construyeron sus hijos á Apolo 
Rico templo en la diva Pitona. 
La de Jove preciosa corona, 
Que en Olimpia supieron ganar; 



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154 PÍTICAS. 

Y de Cirra los dos; y las cinco 
Que en el Istmo adornaron las frentes 
¡Oh Megacfós! de tí y tus parientes, 
Hoy me mueven la lira á pulsar. 

Al saber tu reciente victoria 
Me inundó celestial regocijo: 
De mirar solamente me aflijo 
Que la Envidia te sigue tenaz. 

Pero enseña la triste experiencia, 
Que aun en medio á la dicha más pura. 
Viene siempre fatal desventura 
A turbar de los hombres la paz. 



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ODA OCTAVA. 



A ARISTOMENES DE EGINA, 

LUCHADOR. 



¡Oh Pazy hija divina 
De la Justicia, cuya augusta mente 

A la bondad se inclina; 
Para los pueblos de riquezas fuente, 

Que las supremas llaves 
Tienes de guerras y consejos gravesf 

La espléndida corona 
Que rendido te ofrece Aristomenes, 

Y que alcanzó en Pitona, 
Recibe ¡oh Diosa! pues á dicha tienes. 

Según las ocasiones, 
Distribuir y aceptar preciosos dones. 



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156 PÍTICAS. 

Si turba sediciosa 
Se atreve á dirigirte golpe rudo, 

Le opones valerosa 
Brillante acero y refulgente escudo; 

Y sumergirla sabe 
Tu diestra, en la sentina de tu nave. 

Ignoraba Porfirio, 
A Jove al desafiar, que tus estancias 

Asaltar, es delirio. 
Asegura pacíficas ganancias 

Voluntario presente: 
El crimen precipita al más valiente. 

Ni Tifón de Cilicia, 
Monstruo de cien cabezas arrogantes, 

Huir de la injusticia 
Pudo, ni el mismo Rey de los Gigantes. 

El rayo al uno hiere: 
Con las flechas de Apolo el otro muere. 

Apolo, á quien el arco 
De blanca plata refulgente adorna, 

Al hijo de Xenarco 
Abre los brazos; que de Cirra torna 

Coronado de flores. 
Del Parnaso, y de Dóricos honores. 

A las Gracias ajena 
La Isla no es, en verdad, de cuyas leyes 
La fama el mundo llena. 



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ODA VIII. 157 

La alta virtud de sus gloriosos reyes 

(De Eaco raza ilustre) 
Desde el principio le prestó su lustre. 

Madre y nutriz preclara 
De vencedores mil, bien en combates, 

Bien en juegos, declara 
La duíce voz de innumerables vates 

De Egina á la isla bella, 
Que entre los hombres sin igual descuella. 

¡Ay infeliz! No puedo 
Sus glorias celebrar á mi albedrio. 

¡Oh lira! Tengo miedo 
Con largos himnos de causar hastío. 

Lo que mis pies delante 
Tienen, corriendo bastará que cante. 

Tu victoria reciente, 
De tu patria feliz timbre postrero, 

¡Heroico adolescente! 
Haré que vuele por el orbe entero. 

En la lucha los bríos 
Imitas ya, de tus maternos tíos. 

A Teogneto, Olimpia 
Miró vencer, y el Istmo á Clitomajo: 

No empaña, nd, su limpia 
Fama ¡oh garzón! tu atlético trabajo; 

Y de los Midilides 
El nombre acrecen tus primeras lides. 



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156 píncAS. 

En tí cumplirse veo 
El vaticinio del fecundo labio 

Del gran hijo de Oicleo. 
Vengando de sus padres el agravio 

Con Argivas legiones. 
Frente á Tebas miró á los Epigones. 

«Valor (el vate dijo) 
Que Natura infundió, por regla cierta 

Pasa del padre al hijo. 
El primero de Cadmo ante la puerta 

Que es Alcmeón no dudo: 
jEl fúlgido dragón ved en su escudo! 

»Si en el cerco primero 
Por su derrota esotro llanto vierte, 

Hoy pájaro agorero 
Le ofrece en el segundo mejor suerte. 

Mas ;ay! día nefasto 
Aguarda en casa al valeroso Adrasto. 

»Verá á todos ilesos, 
Y él solo entre el ejército asaltante, 

Conducirá los huesos 
De su hijo muerto á la ciudad de Abante.» 

Tal fué el agüero oscuro 
Que hizo Anfiarao ante el Tebano muro. 

De gozo rebosando. 
Coronas mil en el camino arrojo 
De Alcmeón venerando, 



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ODA VIII. 159 

Y con himnos dulcísimos lo mojo . 

De mi casa vecino, 
Es de mis bienes guardador divino . 

Cuando al famoso Centro 
De la tierra, poco ha me dirigía, 

Él me salió al encuentro; 
Y, heredero del don de profecía 

Que honró á su padre tanto, 
Me anunció la victoria que hora canto. 

¡Oh Flechador celeste, 
Que muníñco imperas de Pitona 

En el recinto agreste! 
Allí le diste tu mejor corona. 

Te debe ya otras muchas: 
En su patria lidió tus cinco-luchas. 

Los himnos que mi lira 
A cada vencedor, consagra tierna, 

tOh Dios! propicio mira; 
Que en ellos luce la verdad eterna. 

¡Oh Xenarco! Tu casa 
Enriquezcan los Númenes sin tasa. 

Quien de rico se precia, 
Y limpia de sudor muestra la frente, 

Ante la turba necia 
Podrá pasar por hombre inteligente. 

¡Cuánto el vulgo se engaña 
Al atribuirlo á su saber y maña! 



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160 PÍTICAS. 

No llega á tanto el arte 
De los mortales. Dios con mano santa 
Las riquezas reparte; 

Y mientras á unos hasta el sol levanta. 

Su medida exquisita 
En los abismos á otros precipita. 

Megara, Maratona, 

Y en tu patria de Juno la palestra, 

Con tríplice corona 
Premiaron ¡oh garzón! tu fuerte diestra. 

Nuevo laurel conquistas ^ 

Cayendo sobre cuatro antagonistas. 

¡De Pitona cuan triste 
Es para el derrotado la salidal 

Ni de gala se viste, 
Ni sonríe su madre dolorida; 

Y evita las miradas 
El infeliz, por calles excusadas. 

No así el afortunado 
Cuyas sienes ornó nueva victoria: 

Emprende entusiasmado 
Vuelo sublime, en alas de la gloria; 

Sólo aspira á la fama, 

Y ni riquezas ni placeres ama. 

Mas ¡ay! si en un instante 
Nuestro carro triunfal eleva al cielo. 
En otro la inconstante 



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ODA VIH. 161 

Suerte lo rompe y lo derriba al suelo. 

£1 hombre es flor de un día: 
¿Qué soy? ¿ó qué no soy? ¿quién me diría? 

Sombras somos: ¿qué digo? 
De sombra fugitiva sueño vano; 

Mas si Jove el abrigo 
Nos presta de su manto soberano, 

Aureola esplendente 
Dorará nuestra vida eternamente. 

« ¡Oh 9iadre amada, Eginal 
De tu isla fiel la libertad escuda. 

La frente ¡oh Jove! inclina. 
¡Peleo, Telamónl prestadme ayuda. 

Protegerla se digne 
Con Aquiles veloz, Éaco insigne. 



II 



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ODA NOVENA. 



A TELESICRATES DE CIRENE, 

CORREDOR ARMADO. 



De victorias insignes pregonero, 
Si las Gracias de espléndida hermosura 
Me ayudan, celebrar el triunfo quiero 

Que, cubierto de fúlgida armadura, 
Telesicrates alcanzó en Pitona. 
^Quién igualar pudiera su ventura? 

¡Prez de Cirenel que nutriz pregona 
De corceles, la fama, y ninfa bella 
Que amada fué del hijo de Latona. 



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164 PÍTICAS 

Del- Pelio al corazón siguió su huella 
El blondo Numen, y en su carro de ora 
Arrebató á la rústica doncella; 

Y dueña augusta la hizo del tesoro 
Que en frutos y ganado Libia encierra^ 
Del vasto continente honra y decoro. 

Venus ofrece hospitalaria tierra 
Al Delio peregrino; y la cuadriga 
Con su argentada mano dulce aferra» 

En cámara nupcial á Apolo abriga, 

Y manda á presidir á su himeneo 
A la Modestia, del Amor amiga. 

Lo enlaza á la gentil hija de Hipsea, 
De los Lápitas rey, nieto valiente 
Del Océano, y prole de Peneo. 

La Náyade Creúsa, descendiente 
De la Tierra, del Pindó en el regazo 
Dio á luz, del Mar al vastago potente. 

Él educó á Cirene, cuyo brazo 
De nieve parecía, y desdeñaba 
De infantil amistad el dulce lazo. 

El telar mujeril la fastidiaba, 

Y era su gusto el perseguir las fieras 
Con el venablo ó la preñada aljaba. 



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ODA IX. 165 

Y tranquila, merced á las certeras 
Saetas de la bella cazadora, 

La grey paterna erraba en las praderas. 

Y el sueño, que los párpados devora 
De mil' y mil, la acariciaba sólo 
Breves instantes, y al rayar la aurora. 

Con su rico carcaj el alto polo 
Al recorrer, con un león la mira 
Luchar inerme él flechador Apolo. 

Lidia la virgen sola: el dios admira 
Su intrepidez, y á la mansión paterna 
Corre á llamar al hijo de Filira. 

«Deja ¡oh Quirón! (le dice) tu caverna: 
La grande fuerza y el valor sublime 
Yen á admirar de aquella niña tierna. 

)>¡Cómo á la fiera irresistible oprime! 
Su invicto corazón no abriga miedo. 
^Qué padre la engendró? ^qué madre? díme. 

»¿Quiénla trajoá estasselvas? Su denuedo 
Mira, y responde: ¿mi divina mano 
Poner de grado ó fuerza en ella puedo?» 

Con sonrisa benévola el anciano 
Centauro preceptor, consejos graves 
Dirige á su pupilo soberano. 



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166 PÍTICAS. 

i<Del santo amor las escondidas IlaYes 
Tiene (le dice) la gentil Prudencia^ 

Y no la fuerza: ¡oh Febol bien lo sabes. 

»Ganar un corazón por la violencia^ 
Es medio que reprueba juntamente 
De mortales y Númenes la ciencia. 

))Te ha sugerido la pasión naciente 
El que acabo de oir, cortés lenguaje; 
Que tu deidad engaño no consiente. 

»¿De la virgen preguntas el linaje, 
¡Oh Dios! tú que conoces cada vía 
Al principio y al fin de nuestro viaje? 

)>Cuantas arenas, de la mar bravia 
Agita el viento en la árida ribera, 

Y cada arroyo en sus arenas cría; 

»Cuantas hojas produce en primavera 
El fértil suelo; cuanto arcano esconde 
Con la presente edad la venidera, 

»Todo lo sabes ¡oh Señor! <^Adónde 
Tu ojo no penetró? Mas, por ventura, 
Si agorar junto á tí me corresponde, 

»Escucha, ¡Rey de vates! La dulzura 
De conyugales lazos, has venido 
A gustar, de este valle en la espesura. 



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ODA IX. 167 

»De doncella sin par feliz marido, 
Con ella cruzarás los anchos mares '. 
Hasta el jardín de Júpiter florido. 

))Allí, por valerosos insulares 
Verás alzarse en candida colina 
De opulenta ciudad muros y altares. 

/ »Su reina ella será. Libia divina 
A tu ninfa abrirá las áureas puertas 
De su regia morada peregrina. 

»Terrenos le dará de lindes ciertas. 
Con fieras en sus selvas espaciosas 

Y frutas abundantes en sus huertas. 

»Alli te dará un hijo; á las hermosas 
Horas, Mercurio conducirlo debe, 

Y á la tierra de faldas anchurosas. 

»A la materna leche, néctar leve, 
Sustituirán; y célica ambrosía 
Al venturoso infante harán que pruebe. 

»Así será inmortal; si la jauría 
Lleva, lo adorarán cual Jove Agreo; 
Cual Febo Nomio, si rebaños guía: 

»Y su nombre habitual será Aristeo.)> 
El vaticinio muévelo á que encienda 
La suspirada antorcha de himeneo. 



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168 PÍTICAS. 

Cuando lo quiere un dios, brevees lasend a. 
El mismo día salva la distancia, 
Y al punto rompe la virgínea venda. 

De oro es el lecho y conyugal estancia 
Que Libia en su ciudad les proporciona, 
Célebre por sus juegos y abundancia. 

¡Oh Cirene feliz! Nueva corona 
Hoy te conquista el hijo de Carniades, 
Vencedor en el circo de Pitona. 

Cuando á tu seno torne, ¡oh de ciudades 
Reina, cuyas bellísimas mujeres 
Te dieron prez en todas las edades! 

Recíbelo con triunfos y placeres; 
Que la gloria que en Delfos te asegura, 
Merece bien cuanto por él hicieres . 

Elogiar no conviene con premura 
Grandes hazañas; mas en breves frases 
Tratar muchos asuntos, es cordura . 

Sin aferrar ;oh Musa! nunca pases 
La propicia ocasión; principio eterno 
De que Yolao fiel sentó las bases « 

La amurallada Tebas, del Infierno 
Salir lo vio; y aprovechar el día 
Que pudo abandonar el negro Averno. 



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ODA IX. , It» 

Su agudo acero, la cabeza impía 
Separó de Euristeo; y al instante 
Tornó á bajar á la región umbría. 

Reposa ahora el paladín triunfante 
En el sepulcro de Anfitrión, su abuelo, 
De la cuadriga conductor brillante. 

En la Ciudad de Cadmo, cuyo suelo 
Huella de blancos potros noble raza, 
Desterrado encontró techo y consuelo. 

El rico pueblo, que su origen traza 
Desde el dragón y los sembrados dientes, 
Allí á Anfitrión hospitalario abraza. 

De él y de Jove esposa, á dos valientes 
Mellizos, en un parto, la existencia 
Alcmena dio, modelo de prudentes. 

Falto de voz ó presa de demencia 
Es el que no consagra á todas horas 
A Alcides, de sus versos la cadencia; 

Quien no canta las aguas bullidoras 
De Dirce; que con Ificles su hermano 
Al«emidiós nutrieron salvadoras. 

Mi lira les dedico; que no es vano 
Mi voto, si propicio me ilumina 
El coro de las Gracias soberano. 



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170 .PÍTICAS. 

Pues ya tres veces alcanzó en Egina 
Renombre á su ciudad, Telesicrates, 
Y de Niso en la célebre colina, 

No callarán á la verdad los vates 
Su alto valor; lo elogie el partidario 
Lo mismo que el vencido en los combates. 

Si lo merece, alaba d tu adversario 
Con todo el corazón, dijo Nereo: 
;Oid al viejo Dios hospitalario! 

¡Heroico vencedor! Más de un troteo 
De Palas en la arena polvorosa 
Cada cinco años conquistar te veo. 

Clavando en tí los ojos silenciosa. 
Piensa más de una madre: ¡Fuera mihifol 
Más de una virgen: j Fuera j^o su esposa! 

En Olimpia te vi con regocijo 
Triunfar, y en los certámenes de Rhea: 
Allá en tu patria vencerás de fijo. 

Ansioso de apagar mi sed pimplea. 
De tus antepasados la alabanza 
Quieren que el fin de mis cantares seA. 

Cumpliré mi deber. — Con la esperanza 
De conquistar de Barce los favores 
Hueste de novios hasta Irasa avanza. 



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ODA IX. 171 

Prodigio de beldad, mil amadores 
De Anteo en la ciudad piden su mano, 

Y de extranjeros reinos mil señores. 

Pero queriendo el Principe Africano 
Para su hija encontrar mejor partido. 
Que dé lustre á su cetro soberano, 

Recuerda de Danao, el atrevido 
Proyecto', con que en Argos á cuarenta 

Y ocho doncellas consiguió marido: 

Tras la meta á las vírgenes asienta, 

Y cual premio, á los proceres amantes. 
De rápida carrera, las presenta. 

La lucha fué brevísima; y aun antes 
De mediodía, esposas.eran todas. — 
Del Libio son las leyes semejantes. 

Pone, imitando las Argivas modas, 
A la adorada virgen en la meta: 
«¿De mi Barce queréis las regias bodas?» 

(Dice de amantes á la turba inquieta.) 
«Veamos quién al fin llega primero 
»Y su virgínea túnica sujeta.» 

El estadio larguísimo, ligero 
Recorre Alexidamo; y de su amada 
La dulce mano toma placentero. 



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172 PÍTICAS. 

A la hueste de Nómades formada 
La presenta feliz; y hojas y flores 
Cubren á la pareja afortunada. 

¡No son del primer triunfo los honoresl 



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ODA DÉCIMA. 



A HIPOCLES DE TESALIA, 

CORRSDOR EN EL ESTADIO DOBLE. 



¡Feliz Lacedemonia, venturosa 
Tesalial A ambas á dos del gran Alcides, 
El Príncipe de atletas y adalides, 
Gobierna la progenie poderosa. 

¿No es hora de ensalzar tales grandezas? 
¡Qué! Ya me llama el Pítico trofeo, 

Y los hijos de Aleva y Pelineo 

A celebrar de Hipocles las proezas. 

Con los jóvenes lucha en el gimnasio, 

Y hoy vencedor en la carrera doble 

Lo aclama, de Anñctiones ante el noble 
Concejo, el celestial valle Parnasio. 



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174 PÍTICAS. 

Son para el hombre las empresas bellas 
Al principio y al £n, si un dios lo mueve. 
¡Apolo! A tu socorro el triunfo debe, 
Y á haber seguido las paternas huellas. 

De armadura marcial cubierto Fricias, 
Dos lauros en Olimpia ganar pudo: 
De la Victoria recibió desnudo 
En los llanos de Cirra las caricias. 



Su hacienda y esplendor en adelante 
Aumente la Fortuna; y en los juegos, 
Delicia y prez de los robustos Griegos, 
De uno y otro el valor salga triunfante. 

Envidiosa deidad no los persiga 
Con inicuas mudanzas y vaivenes; 
Favorables ios Númenes, de bienes 
Ck>lmen su dulce hogar, con mano amiga. 

¡Feliz el hombre que en veloz carrera 
Alcanza, ó en atléticos combates, 
Premios insignesl Cantarán los vates 
Brazo tan fuerte, planta tan ligera. 

¡Feliz si vive hasta mirar la frente 
De su hijo tierno pon laurel ornada 
Del Pitio circo! ¿Qué le falta? Nada. 
Para escalar el cielo es impotente. 



I 



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ODA X. 175 

Hasta «1 límite extremo de ventura 
Que al hombre es dado ver, llegó su nave: 
Ni á pie ni en barca en lo posible cabe 
Del Hiperbóreo ver la tierra oscura. 

Sólo Perseo consumó la empresa 
De entrar de aquella gente á los bogares; 
Cien jumentos sin tacha en los altares 
Los vio inmolar, y se sentó á su mesa. 

Deleitan sus festines y canciones 
A Apolo, que les fué siempre propicio; 
Le hacen reir, al ver el sacrificio, 
Del lozano animal las contorsiones. 

A aquel pueblo la Musa no es extraña; 
Doquier se miran coros de doncellas 
Y mancebos, girar en danzas bellas 
Que la nauta ó la cítara acompaña. 

De dorado laurel ciñen la frente; 
Se gozan en opíparos convites; 
Ignoran de la guerra los embites: 
Nunca los hiere Némesis furente. 

Sagrada raza, ni vejez la enerva, 
Ni de dolencias víctima decae: 
Impertérrito el hijo de Danae 
Allí arribó, llevado por Minerva. 



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176 PÍTICAS. 

La cabeza, del tronco separada, 
De la Górgona audaz mostró á la isleña 
Criminal gente; que trocóse en peña 
Al verla de serpientes erizada. 

En prodigios mi mente no rehusa 
Creer: los obra Júpiter supremo. — 
Presto el áncora arroja y alza el remo: 
Salva mi nave del escollo, loh Musa! 

Al formar la abejilla sus panales 
De una flor á otra flor revuela inquieta* 
¿Qué mucho si doquier liba el poeta 
La miel para sus cánticos triunfales? 

Que á orillas del Tesálico Peneo, 
Los habitantes de la bella Efira 
Repitan los acordes de mi lira 
De Hipocles en honor, es mi deseo. 

Así tendrá más lustre su victoria; 
Lo admirarán iguales y mayores: 
Las vírgenes cantando sus loores 
Partícipes serán de su alta gloria. 

Gusto diverso á los mortales mueve: 
De su ambición quien alcanzó el objeto. 
Entre los brazos téngalo sujeto. 
¿Quién lo futuro á predecir se atreve? 



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ODA X. 177 

Yo de Torace en el amor confio, 
Mi dulce huésped, cuya diestra amiga 
De las Musas me puso en la cuadriga 
Ck>n ardor exigiendo el canto mío. 

Prueba Lidio crisol cariño y oro. 
¡Ahí Dejad que salude á sus hermanos, 
De la Tesalia insignes soberanos, 
Y del suelo natal honra y decoro. 



12 



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ODA UNDÉCIMA. 



A TRASIDEO DE TEBAS, 

JOVEN CORREDOR EN EL ESTADIO. 



Venid, hijas sagradas 
De Cadmo y de Harmonía: 
¡Semele! tú que un día 
£1 Olimpo lograstes escalar; 

Y tú, que Leucotea 
Hoy te apellidas ¡Ino! 

Y el alcázar marino 

De las Nereidas bajas á habitar. 

De Hércules con la augusta 
Madre favorecida, 
De Melia á la escondida 
Mansión de ricos. trípodes volad. 



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JL. 



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180 PÍTICAS. 

Como á ninguna, Apolo 
Con sus gracias la llena: 
La ha apellidado Ismena 

Y es trono de fatídica verdad. 

¡Oh coro de heroínas! 
Allí os convoco ahora, 
A Temis protectora 
Al caer de la tarde á celebrar; 

Y ganaréis de Tebas 

Y Cirra los favores, 
De Delfos los loores 

(Gran Centro de la tierra) al entonar. 

Las glorias de su raza 
Renueva Trasideo, 
Hoy que el tercer trofeo 
De sus abuelos lleva á la mansión. 
De su victoria, el fértil 
Campo ha sido testigo. 
De Pilades, que amigo 

Y huésped fué de Orestes el Lacón. 

¡Afortunado Orestes! 
A la sangrienta diestra 
De la impía Clitemnestra 
Su nodriza Arsinoe lo ocultó, 
Cuando el puñal agudo 
De la feroce madre, 
A Agamenón su padre 

Y á Casandra, en el Orco sepultó. 



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ODA XI. 181 

¿Acaso de Ingenia 

La inmolación tirana 

En la orilla lejana 
Del Euripo, moviera su furor? 

¿O del marido ausente, 

Cayó en ajenos brazos?... 

Manchan vedados lazos 
De la recién casada el limpio honor. 

¡A y! Ocultar no puede 

La adúltera su mengua; 

Del vulgo la atroz lengua 
Por publicar las culpas tiene afán. 

A su opulencia, envidia 

Igual, el grande aduna. 

Los de inferior fortuna 
Contra el rico en silencio rugirán. 

Al regresar á Amida 

Atrida halló la muerte, 

Y á su funesta suerte 
A la adivina Virgen arrastró. 

Venía con su nave 

De los despojos llena 

Que por causa de Helena, 
A la incendiada Troya arrebató. 

En la del viejo Estrofío 
Hospitalaria estancia 
Pasó la tierna infancia 
El niño Orestes, del Parnaso al pie; 



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182 PÍTICAS. 

Y más tarde la muerte 
Hizo pagar, de Atrida, 
A Egisto con la vida, 

Y de su madre infiel verdugo fué. 

¿Mas dónde estoy, amigos? 
Ved que calle extraviada 
Tomé en la encrucijada, 

Y la primera dirección perdí. 

Como á ligero esquife 
Que la brisa más leve 
Fuera del rumbo mueve. 
Asi la inspiración me agita á mL 

¡Oh Musa! si vendieras 
Por oro tus encantos. 
Tus alquilados cantos 
Pudieras dirigir aquí ó allá; 
Mas hoy, las Pitias glorias 
Loar de Trasideo 

Y su padre deseo, 

Y tu voz á ellos sólo cantará. 

En la Olímpica arena 
Espléndidos laureles 
Ellos, y los corceles 
De sus carros, lograron alcanzar. 
Bajaron de Pitona 
Al estadio desnudo; 

Y ningún Griego pudo 
Su planta velocísima igualar. 



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ODA XI. 183 

Los ínclitos favores 

De los Dioses admiro; 

Pero tan sólo aspiro 
A lo posible, en mi robusta edad. 

Dicha durable, sólo 

Da honrada medianía: 

Por ella cambiaría 
Aun el trono de mi ínclita ciudad. 

A modestas empresas 

Y virtudes me entrego: 
Al envidioso, el fuego 

De su propia pasión consume al fin. 

Feliz el ciudadano 

Que vive en grata holganza; 

Que alto renombre alcanza 
Y evita noble la insolencia ruin. 

Cuando sus ojos cierre 
La Parca tenebrosa, 
De tal varón, preciosa 
La muerte misma el mundo juzgará; 

Y á su querida prole 

Y dulce descendencia, 

La más preciada herencia, 
Que es un nombre glorioso, legará. 

¡Ifíclides Yolao! 
La fama ya te canta, 

Y al éter os levanta, 
¡Castor divino, Pólux sin rival! 



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184 



PITICAS. 



¡Salud, de Jove y Leda 
Perínclitos Gemelos, 
Que hoy moráis en los cielos 
Y mañana en Terapne la infernal. 



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• ODA DUODÉCIMA. 



A MIDAS DE AGRIGENTO, 

FLAUTISTA. 



¡Oh lamas bella que al mortal hospeda 
Ciudad ilustre! Tú, de Proserpina 
Sede divina, de brillar amante, 
Oye mi ruego. 

Tú, cuya frente se alza en las riberas 
Del Agrigento, ricas en ganado. 
Sobre collado que gigante muro 
Fuente circunda: 

Esta que á Midas en el Pitio circo 
De hombres y Dioses el favor hoy dona, 
Verde corona, recibir propicia 
Dígnate, Reina. 



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186 PÍTICAS. 

Y abre los brazos al varón insigne 
Que á los flautistas vencedor supera, 
Que Grecia entera á conquistar envía 
Deifico lauro, 



En aquel arte, creación de Palas, 
Cuando la Diosa remedar el llanto, 
Con flébil canto, de las tres audaces 
Górgonas quiso: 

« 

Triste lamento, que en variadas notas 
Las feas bocas de hórridas serpientes 
Sobre sus frentes (cabellera horrible) 
Hondo exhalaron, 

Y el ronco pecho de las altnas ninfas; 
El día infausto que á la hermana bella 
Cruel degüella del audaz Perseo 
La ínclita mano. 

¡Ay! ¡Cuánto duelo su fatal venganza, 
A tí, Serifo, que la mar rodea. 
Ruda acarrea, y al que tú sostienes 
Bárbaro pueblo! 

Cae la cabeza de Medusa hermosa, 
Y ante sus yertos, húmedos despojos, 
Los claros ojos de las divas hijas 
Ciega, de Forcis. 



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ODA XI]. 187 

De Polidectes al nupcial banquete 
El rojo cráneo, cual feroz trofeo, 
Lleva Perseo; y en amargo luto 
Trueca la fiesta, 

Y de su madre los pesados hierros 
Piadoso rompe; y el forzado enlace 
Justo deshace de Danae el hijo, 

¡Prole divina! 

Cuenta la fama que de lluvia de oro 
Nació sin padre: protegióle Palas, 
Bajo sus alas consumando el héroe 
Grandes proezas. 

Libre de riesgos viéndolo la Virgen, 
Para su nuevo músico instrumento 
Vario concento de estridentes notas 
Dulce compone; 

Y con la flauta, los agudos ayes 
Que la garganta vierte de Enríala 
Mágica iguala. ¡Salve, oh de Minerva 

Útil invento! 

A los mortales dándolo la Diosa 
Nombre le impuso, que el recuerdo vivo 
Guarde festivo, de las cien cabezas 
De áspides ñeros; 



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188 PÍTICAS. 

Y hoy á los juegos y á la lid sangrienta 
Llama á los pueblos el concento blando , 
Tenue pasando por el bronce que une 
Débiles cañas. 



Cañas, de danzas plácidos testigos, 
Y que en el bosque del Cefíso ameno, 
Cabe Orcomeno (de la Gracias villa) 
Crecen lozanas. 

¿Quién las espaldas, si á la dicha aspira, 
A los trabajos volverá cobarde? 
Dios en la tarde calmará las penas 
Que hora lo abruman. 

No cede el Hado; mas apenas deja 
A los mortales la última esperanza, 
Nueva bonanza los perdidos bienes 
Fácil resarce. 



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ODAS NEMEAS. 



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ODA PRIMERA. 



A CROMIO ETNEO, 

VBNCEDOR CON EL CARRO. 



¡Vastago de la noble Sir acusa, 
Ortígia sacra, que reposo á Alfeo 
Diste cuando corrió tras Aretusa! 
Los rápidos corceles, que el Ñemeo 
Triunfo obtuvieron, cantará mi musa; 

Y á Cromio al celebrar, y á Jove Etneo, 
Empezaré por tí, cuna de Diana, 

Y de la errante Délos bella hermana. 

Merced á su cuadriga vencedora 
(Del valiente garzón primera prueba) 
De los Dioses la mano protectora 
De la gloria á la cúspide lo lleva. 



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192 NEMEAS. 

¡Oh Musa, del combate admiradora! 
Con espléndido canto al cielo eleva 
La que asignó por dote á Proserpina 
El Señor del Olimpo, isla divina. 

Agitando la excelsa cabellera, 
De la fértil Sicilia hacerla jura 
Reina, y de sus ciudades la primera; 

Y un pueblo á quien deleita la armadura, 

Y el corcel de batalla, y la carrera. 
También le da, que cifra su ventura 
En las coronas de oro, oliva y flores, 
Premio de los Olímpicos sudores. 

Es sublime el encomio, pero justo, 

Y elevaré cual nunca mis canciones 
Hoy, que banquete de exquisito gusto 
Me aguarda en los espléndidos sajones 
Que abre á huéspedes mil procer augusto. 
Modelo de magnánimos varones. 

El fuego de mordaz maledicencia 
Con agua extingue de gentil clemencia. 

Orna á cada mortal don diferente: 
Si á la gloria llegar quieres derecho. 
Sigue la inclinación que tu alma siente. 
Requiere el lidiador robusto pecho, 

Y el gobernante previsora mente, 
Que del futuro tiempo esté en acecho. 
En tí vigor y previsión aduna, 

¡Hijo de Agesidamo? la fortuna. 



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ODA I. 193 

Que no oculte jamás (al cielo plegué) 
En mis arcas inútiles riquezas; 
Favores al amigo nunca niegue 
Mi mano, á ejemplo tuyo; y mis larguezas 
A tanto suban, que mi fama llegue 
A la alta cumbre que á escalar empiezas; 
Que á todo pecho emprendedor alcanza 
De cubrirse de gloria la esperanza. 

Tu primera victoria es buen agüero 
De más gloriosas y mayores lides. 
¡Cromio feliz! Vaticinarte quiero 
Tu futuro esplendor, nuevo Everídes; 

Y en dulce verso narraré el primero 
Triunfo que obtuvo el pequeñuelo Alcides, 
Al ver la luz, con su gemelo hermano, 

El vastago de Jove soberano. 

Juno lo ve desde su regio asiento. 
En cuna de oro y candidos pañales. 
La devoran los celos, y al momento 
La Reina de los Dioses inmortales 
Dos dragones envía: al aposento 
Penetran por los fáciles umbrales, 
A los niños terríficos enlazan, 

Y vivos engullirlos amenazan. 

Con la cabeza erguida se levanta 
Hércules, y hace su primer ensayo, 
A ambas sierpes asiendo la garganta 
Con tanta fuerza, que letal desmayo 

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j 194 NEMEAS. 

¡ De los dragones el furor quebranta 

Hasta morir. Cual subitáneo rayo 
Entra el terror, y á las esclavas llena, 
Que al lecho velan de la bella Alcmena. 

Ella sale también, aunque desnuda. 
Del lecho, y á los monstruos se abalanza; 
Un Tebano escuadrón viene en su ayuda, 
Armados todos con loriga y lanza: 
Su acero esgrime, víctima de aguda 
Pena Anfitrión, y á su cabeza avanza; 
Que el propio luto nos desgarra el seno. 
Aunque pronto olvidamos el ajeno. 

Terror y admiración el padre siente 
Al ver tanto valor, y tan extraña 
Fuerza en un niño; el cielo así clemente 
Del anuncio fatal lo desengaña. 
Al Profeta de Jove omnipotente, 
Que lee lo porvenir en cada entraña 
De las aves, Tiresias su vecino. 
Llama Anfitrión, y acude el Adivino. 

A la Tebana multitud, que atenta 
Escucha el vaticinio, las gloriosas 
Penas, y hazañas del infante cuenta. 
Cuántas, en tierra, fieras perniciosas 
Su invicta mano domará sangrienta, 
Y cuántas en las ondas borrascosas; 
A qué malvados de la raza humana 
Justiciero dará muerte temprana: 



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ODA I. 195 

Todo el vate narró. De los Gigantes 
Predice, y de los Númenes la guerra: 
Hércules, con sus flechas penetrantes 
A los monstruos hará morder la tierra 
En los campos de Flegra. Tras brillantes 
Proezas, su carrera al fin se cierra 
Yendo entre los celestes moradores 
El premio á recoger de sus labores. 

Perpetua paz y dicha sempiterna 
Allí le aguarda, y eternal reposo: 
Se enlazará con Hebe, virgen tierna 
De juventud perenne y rostro hermoso; 
En la dorada habitación paterna 
Hará el nupcial banquete suntuoso, 
Y de Saturnio Júpiter al lado 
Vivirá, de los Númenes amado. 



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ODA SEGUNDA. 



A TIMODEMO DE ATENAS, 

TBNCEOOR BN EL PANCRACIO. 



Es ley de los Homéridas 
Armónicos cantores, 
De Júpiter Olímpico 
Siempre con los loores, 
Sus dulces himnos épicos 
Devotos empezar. 

El héroe de mi cántico, 
Así el primer trofeo 
Obtiene en los certámenes 
Sagrados del Ñemeo 
Bosque, do reina Júpiter 
Cual Numen tutelar. 



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196 NEBÍEAS. 

Si por la senda plácida 
Sin vacilar camina, 
Que hizo á su padre célebre; 

Y el Hado lo destina 
A ser dé Atenas bélica 
Decoro y esplendor, 

Que vencerá en los ístmicos 
Combates yo le auguro: 

Y aun en la arena Pítica 
Aguarda de seguro 

De Timonóo al Vastago, 
La codiciada flor. 

Orion así á las Pléyades 
Siempre á seguir se inclina; 
Sabe formar intrépidos 
Guerreros Salamina: 
De Ayax el brazo indómito 
Héctor en Troya vio. 

¡Oh Timodemo! Gozóme 
De ver crecer tu gloria 
Con nueva hazaña atlética: 
Narra la antigua historia 
Que Arcania hijos magnánimos 
A Grecia siempre dio. 

Jamás un Timodémida 
Saltó á la arena ardiente, 
Sin que laurel espléndido 



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ODA n. 1^ 

Ciñera su alba frente. 
Cuatro al Parnaso altísimo 
Tus padres deben ya. 

Al pie de aquellos ásperos 
Montes, en cuyas faldas 
Salió triunfante Pélope, 
Hasta hoy ocho guirnaldas 
De los Corintios ínclitos 
La decisión les da. 

En Nemea su mérito 
Ha conquistado siete. 
¿Quién computar el número 
De lauros acomete, 
Que en los juegos de Egíoco 
Les diera su Ciudad? 

¡Cantad, hijos del Ática, 
Hoy que al nativo puerto 
De flores honoríficas 
Torna el joven cubierto: 
Mil himnos eucarísticos 
A Júpiter cantad! 



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ODA TERCERA. 



Á ARISTOCLIDES DE EGINA, 

VENCEDOR EN EL PANCRACIO. 



Ven ¡oh Musa divina! 
Escucha ¡oh Madre! mis ardientes ruegos, 

Y baja á la isla Dórica de Egina, 
La hospitalaria, en este mes famoso 
Que santifican los Ñemeos juegos. 
En las riberas del Asopo undoso, 
De jóvenes cantores 

Dulce coro te aguarda numeroso, 

Que por oír ansia 

De tu celeste voz la melodía. 

Con los mismos honores 

Hechos diversos compensar no es justo; 

Y el mejor galardón á la victoria 



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202 NEMEAS. 

Del luchador robusto, 

Es el canto de gloria 

Que acompaña á virtudes eminentes, 

Y se complace en coronar las frentes. 

Concede á mis sudores 
De este canto gentil grande abundancia; 

Y tú, que eres su prole, himno sonoro 
Entona á Jove, que elevada estancia 
Entre las nubes tiene: de aquel coro 
Trasmitiré á las voces y á las liras, 
Cuanto benigno á tu cantor inspiras, 

Y agradará mi acento 

Al que es de Egina lustre y ornamento. 
Fueron los Mirmidones 
Primeros en poblar la isla felice, 

Y de aquellos perínclitos varones 
El fuerte Aristoclides no desdice. 
Con ímpetu acosado 

En tlpancraciOj por atleta osado, 

Merced á tu armonía 

Señal no dio de infame cobardía. 

De los Ñemeos valles hoy en medio 

Con dulces himnos sus trabajos pagas, 

Saludable remedio 

Del vencedor á las profundas llagas. 

¡Ohl Ya que á tu gallardo continente 

Y varonil belleza. 

Iguala de tus hechos la grandeza, 
¡Vastago de Aristófanes, detente! 



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ODA III. 203 

No es fácil recorrer vedados mares, 

Dejando atrás de Alcides los pilares. 

Eternos monumentos 

De su extremo marítimo camino, 

Allí los puso de Hércules divino 

La mano, sobre hondísimos cimientos. 

Enormes alimañas 

Él domeñó en el piélago; y llevado 

De su espontáneo amor á las hazañas, 

Exploró cada fuente, 

Cada escollo y corriente 

Hasta do puede por el mar hinchado 

Avanzar un bajel (con la esperanza 

De que su prora vuelva) hacia Occidente, 

Y de la tierra el límite apartado 
El héroe señaló. Mas ¿dó me lanza 

El viento de mi genio? ¿A qué extranjero 
Promontorio ha arrojado mi navio? 
A Eaco y á Egina, el canto mío, 

Y á su progenie, que enderece quiero. 
Es cierto, sí, que celebrar es justo 
Toda proeza de varón augusto; 

Mas no conviene al vate 
Que amor de extraña gloria 
A peregrinas playas lo arrebate. 
Busca tus héroes en la patria historia, 

Y hallarás, musa mía, amplio argumento 
Para entonar dulcísimo concento. 

Del Rey Peleo canta la victoria, 
Célebre en las antiguas tradiciones 
Por la que él se forjó robusta lanza. 



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204 NEMEAS. 

Él solo, sin legiones, 

A Jolcos toma. A Tetis la marina, 

No sin trabajo, vencedor domina, 

Y, aunque humilde mortal, su mano alcanza. 

A Yolao asociado 
Derriba Telamón armipotente 
A Laomedonte osado; 

Y con él, al ejército valiente 

De fieras Amazonas, que maneja 

Arcos de bronce, debelado deja. 

No disminuye el miedo 

Que á tantos hombres domador abate 

El singular denuedo 

Que ostenta su alma en desigual combate. 

El natural valor al hombre inclina 

A grandes hechos: quien nació cobarde, 

Aunque merced á dura disciplina 

Quiera hacer de proezas vano alarde. 

De empresas mil y mil en pos camina, 

Y con incierta planta. 

Aunque vaya doquier, nada adelanta. 

En casa de Filira, el rubio Aquiles 
Niño aún, cada día 
Cual juegos infantiles 
Hazañas colosales emprendía. 
Ya lanzaba veloz agudo dardo 
Igual á los furiosos aquilones; 
Ya un jabali mataba, ya un leopardo, 
Ya luchaba con hórridos leones: 



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ODA III. 205 

Y al Centauro instructor (hijo querido 
De Saturno) llevábale delante 

Del animal vencido 

El cuerpo palpitante. 

¡No contaba seis años el infante! 

Llenas de asombro lo miraban Diana 

Y la armada Minerva 
Cazar cada mañana. 

Ya el corzo corredor, ya la ágil cierva. 
Sin ayuda de lazos ni lebreles, 
Pues su pie superaba á los corceles. 

Refiero lo que antiguas tradiciones 
Me mueven á contar. Al antro vino 
Del prudente Quirón, Jasón divino 
A recibir lecciones. 
Allí sus salutíferas pociones 
A mezclar enseñó con mano suave 
Al glorioso Esculapio, el viejo grave. 
El al casto Peleo 
Unió benigno con nupciales lazos 
A la hija de Nereo, 
Tetis gentil, de encantadores brazos. 
De aquella unión sagrada 
Al vastago sublime, á Aquiles fuerte, 
Educa de tal suerte. 

Que el ponto cruza, y frente á Ilion sitiada 
Las huestes anonada 
De Dárdanos infantes; y de Frigia 

Y de Licia dispersa á los guerreros, 

Y al desafiar de Etiopia á los lanceros, 



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206 NEMEAS. 

A su jefe Memnón manda á la Estigia. 

¡Pobre primo de Heleno! 

Volver no pudo de su patria al seno. 

Auréola esplendente 
Que ni clima ni edad borra ni empaña, 
Después de tanta hazaña 
Orna de los Eácidas la frente. 
¡Jove! Tu sangre son: tuya es la liza 
Que el cántico eterniza, 
Que al armonioso coro 
De jóvenes, de Egina honra y decoro, 
Para entonar en tu loor trasmito. 
Bien de alabanza el grito 
Aristoclides vencedor merece, 
Por quien, de la isla bella 
Que lo viera nacer, la fama crece. 
Por él alta descuella. 
En alas de la dulce poesía. 
De sacerdote del crinado Apolo 
La dignidad Tearia, que en él solo 
Unida, hace brillar su valentía. 

La que todo lo aclara, la experiencia. 
En las Nemeas lides 
Probó de Aristoclides 
La atlética excelencia. 
Niño, vence á los niños sus iguales; 
Varón, á los varones siempre humilla; 
Anciano fresco, entre los viejos brilla. 
Ilustre en cada edad de los mortales. 



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ODA III. 207 

Pues de su vida se prolonga el hilo, 

Pensar ya le conviene 

En el destino que á sus plantas tiene, 

Y otras virtudes cultivar tranquilo. 

¡Querido amigo, adiós! Dichoso vive 

Y este precioso vaso 

Con miel y blanca leche del Parnaso, 

Ofrenda de amistad, grato recibe. 

Mezclado va dulcísimo rocío, 

Don de las Musas, y el sabroso aliento 

Que despide el Eólico instrumento: 

Acepta mi^cantar, aunque tardío. 

Que me asemejo, sabes, 

Al águila, señora de las aves. 

Cuando ligera de las nubes baja, 

Y en víctima sangrienta 

Sus garras agudísimas encaja. 
En tanto que la turba macilenta 
De viles grajos, el rastrero vuelo 
Graznando siguen sin dejar el suelo. 

Con el favor de Clío, 
Que soberana mi cantar sublima, 
Eternamente brillará el que anima 
Tu heroico pecho, sobrehumano brío, 

Y que guirnalda te ciñó, preclara. 
En Epidauro, en Neme y en Megara. 



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ODA CUARTA. 



A TIMASARCO DE EGINA, 

LUCHADOR EN LA PALB8TRA. 



De los trabajos arduos 
La mejor medicina 
Es la que da el triunfo, 
Dulcísima alegría. 

Los himnos, prole sabia 
De las Musas divinas, 
Cual bálsamo, al atleta 
Solícitos alivian: 

Los fatigados miembros,^ 
Ni la caliente linfa 
Ablanda cual los sones 
De encomiástica lira. 

14 



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2\0 NEMEAS. 

Vive, más que los hechos, 
La dulce Poesía* 
Que de alto ingenio nace 
Y las Gracias inspiran. 

Tal á Jove se eleve 
Esta cantiga mía, 
YáNemea, ylalucha 
De Timasarco invicta. 

La de las altas torres, 
Ciudad cuya justicia 
Cual luminoso faro 
Sobre la tierra brilla. 

Patria de los Eácidas, 
Hospitalaria Egina, 
Del extranjero asombro. 
Acéptela benigna. 

¡Oh! Si del sol la lumbre 
Calentara vivífica 
A tu padre Timócrito, 
¡Cuál pulsara la cítara! 

¡Cuál las pasadas glorias 
Que celebrar medita 
Mi plectro con las tuyas, 
Alegre cantaría! 



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ODA IV. 211 

Él ganó de coronas 
Multitud infinita 
En los Cleonios juegos, 
Do siempre combatía, 

En Atenas la sabia, 
De Grecia maravilla, 
Y en la de siete puertas 
Tebas, ciudad amiga. 

Allí junto á la tumba 
Que guarda las cenizas 
De Anfitrión, la frente, 
Con flores exquisitas. 

Ciñéronle gustosos 
Por la amistad antigua 
Que á su patria y la patria 
Del viejo Cadmo unía: 

Ni la mansión de Alcides 
Fué tierra peregrina 
Para él, que halló en sus aulas 
Benévola acogida. 

Con Telamón el grande 
A Troya vino un día 
Hércules: sus murallas 
Con él fuerte derriba; 



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212 NEMEAS. 

Con él, á los Meropes 
De Cos vence en la isla, 

Y al lidiador famoso 
Alcioneo, domina. 

Mas antes que á su clava 
El gigante se rinda, 
Con un peñasco enorme 
Rompe doce cuadrigas. 

A cada una dos héroes 
Insignes conducían, 

Y á todos aquel monstrua 
Mata, hiere, mutila. 

Quien mi relato acoja 
Con suspicaz sonrisa, 
No tiene de la guerra 
Nociones ni sencillas. 

Sepa que la Fortuna, 
Si á veces es propicia, 
Mil otras con desastres 

Y derrotas humilla. 

Rápido el tiempo vuela, 

Y digresión prolija 
Prohíbeme del canto 
La ley reconocida. 



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ODA IV. 213 

Ya con mágica fuerza 
La nueva luz de Cintia, 
A celebrar los juegos 
Al corazón excita. 

Amaina ¡oh de mi musa 
Ligera navecilla! 
Que ya á desviarte empieza 
De mi genio la brisa. 

A su halagos tiernos 
Tu buen timón resista, 
Aunque las olas besen 
En alta mar tu quilla. 

Seremos vencedores 
De la turba enemiga^ 
Si nuestra ruta alumbra 
El sol de mediodía. 

El émulo entretanto 
Que nuestra suerte envidia. 
Sus tramas, como el humo 
Desvanecerse mira; 

Entre tinieblas densas 
Sigue su senda inicua, 
Y en el abismo, á oscuras 
Al fin se precipita. 



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214 NEMBAS. 

La que el Hado potente 
Encendió, leve chispa, 
En mi pecho, no hay riesga 
Que los años extingan. 

Ea, pues, entonemos 
¡Oh dulce lira míal 
Un cántico, empapado 
En dulce miel de Lidia, 

Que grato vaya á Enona 
Y á Chipre la festiva. 
Donde erigió su trono 
Teucro Telamonida. 

Cual numen hoy gobierna 
Su patria Salamina, 
Ayax, su noble hermano. 
Si bien de corta vida. 

En el Euxino Ponto 
Surge espléndida isla. 
Do tutelar impera 
Aquiles de Larisa; 

Tetis el cetro empuña 
De la risueña Ftía; 
Y en el ilustre Epiro 
Neoptolemo domina. 



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ODA IV. 215 

Do bueyes mil, la sierra 
Que en Dodona principia 

Y llega hasta el mar Jonio, 
Con rico pasto cría. 

Al pie del monte Pelio 
Peleo á Jolcos sitia, 

Y á los bravos Hemones 
Entrégala cautiva. 

Nada las redes valen 
Que tiéndele ofendida 
La adúltera consorte 
De Acasto, Astidamía. 

El engañado esposo 
Muerte. oculta maquina 
Darle, con la De^dálea, , 
Encantada cuchilla; 

Pero Quirón el sabia 
Al casto joven libra 
Guardándolo á la suerte 
Que Jove le destina. 

La irresistible fuerza 
De llamas voracísimas, 
Impávido en el bosque 
Peleo desafía. 



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216 NEMEAS. 

Las garras de leones, 

Y las horribles filas 

De dientes de alimañas, 
Que asoladoras brillan. 

De tanto riesgo ileso, 
Al fin logra la dicha 
De unirse en matrimonio 
A una Nereida ninfa; 

Y ve la que comparte 
Con ella, regia silla. 
Por los Reyes del cielo 

Y del mar circuida, 

Llevándole obsequiosos 
Dádivas exquisitas. 
Que espléndidas herede 
Su descendencia invicta. 

Nadie puede las rocas 
En que Gades estriba 
Pasar hacia Occidente; 
Presto de bordo vira. 

El viento de mi genio 
Tu vela otra vez hincha: ^ 
Vuelve de nuevo á Europa 
Tu prora, ¡oh mi barquilla! 



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ODA IV. 217 

Que es difícil empresa 
Cantar las infinitas 
Hazañas que á la raza 
De Eaco glorifican. 

Ilustre pregonero 
De las luchas eximias 
Que del robusto atleta 
Los miembros fortifican. 

Gozoso á los Teándridas 
A cantar en Olimpia 
Vengo, y en la palestra 
Nemea, y en la ístmica. 

Doquier lucharon fuertes; 
Ni sin coronas ínclitas 
Tornaron de los juegos 
A su ciudad natía. 

De triunfales himnos 
¡Oh Timasarco! brilla, 
Como dispensadora 
Y asunto, tu familia. 

Mas si al heroico hermano 
De tu madre, Calidas, 
Mandas que un monumento 
Más candido hoy erija 



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218 KEMEAS. 

Que de mármol de Paros, 
Te obsequiará mi lira. 
La brillantez del oro 
Con el crisol se aviva; 

Y el himno que preclaras 
Hazañas eterniza, 
Al luchador, más alto 
Que los reyes,. sublima. 

En los Elíseos campos 
Do mora, el buen Calidas 
De mi fecunda lengua 
El cántico reciba. 

Con apio ornó su frente 
La palestra Corintia 
En los sagrados juegos 
Que á Neptuno dedica. 

Su nombre el viejo Eufanes, 
Tu abuelo, inmortaliza: 
¡Jovenl En cada siglo 
Nuevo vate germina. 

Quien lauros en los juegos 
Atléticos conquista. 
Cual nadie, al celebrarlos 
Sabe pulsar la lira. 



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ODA IV. 219 

Él solo de Milesias, 
Tu maestro» podría 
Narrar en el certamen 
La destreza inaudita, 

Su férvida elocuencia, 
Su fina cortesía, 
Y con los adversarios 
La intrepidez invicta. 



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^» i'iMi^is <: 



ODA QUINTA. 



A PITEAS DE EGINA, 

. HIJO DE LAMPÓN, 
VENCEDOR EN EL PANCRACIO. 



Escultor no soy yo. Forjar no puede 
Mi mano infiel, estatua poderosa 
Que sobre el pedestal inmóvil quede « 

Mas tú, dulce canción, sal presurosa 
En cuanta nave ó bote abriga Egina, 
Y anuncia por doquiera melodiosa, 

Que corona inmortal Neme divina 
Al hijo dé Lampón, robusto mozo, 
En el Pancració vencedor destina. 



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t gg? NEMBAS. 

Aun no le apunta el prematuro bozo 
(Flor de otoñales frutos precursora) 
Al buen Piteas, de sus padres gozo, 

Y ya á los semidioses condecora, 
De Joye y de Saturno descendientes, 

Y de ninfas del mar, que Febo dora; 

É ilustra á aquella cuna de valientes 

Y metrópoli invicta, renombrada 
Por su hospitalidad entre las gentes; 

Célebre por sus héroes y su armada: 
Tal de sus fundadores fué el deseo 
Ante el ara de Júpiter sagrada. 

A Telamón paréceme que veo 
Al. cielo alzar las suplicantes manos, 

Y al otro hijo de Endáis, el gran Pei^eo. -Z^ 

Seguía Foco, flor de soberanos 
(A quien parió la ninfa Psamatea 
En la orilla del mar), á ambos hermanos. 

Me da vergüenza referir la fea 

Y criminal acción, que á huir obliga 
De Éaco insigne á la ínclita ralea. 

Qué Numen vengador de la isla amiga 
Lanzó á los héroes, no dirá mi labio. 
¡Planta mía veloz! tu ardor mitiga; 



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ODA T. '¿»f 

Que la verdad desnuda fuera agravb 
Mostrar doquier y en todas ocasiones, 

Y mil veces callar es lo más sabio. 

Si su robusto brazo, ó las acciones 
Que hicieron gloriosísimos en guerra 

Y en paz á los Eácidas varones 

Queréis que yo celebre, no me aterra 
Continuar la carrera interrumpida, 
Aunque junto á mis pies se abra la tierra; 

Que es mi planta veloce y atrevida, 

Y saltaré, cual cruza inmensos mares 
Águila que en la sierra alta se anida. 

Repetiré los plácidos cantares 
Que entonó en su loor el dulce coro 
De las Musas, del Pclio tutelares. 

En medio de ellas, con el plectro de oro 
Las siete cuerdas de su lira hería 
Febo, del canto director sonpro. 

Empezó la variada melodía 
Por Júpiter. De Tetis y Peleo 
El cántico nupcial tierno seguía. 

De Hipólita, progenie de Creteo 

Y del Magnesio Rey infiel esposa, 
Nárrase el dolo y criminal deseo. 



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234 NEMEAS. 

La muerte de su amado urde alevosa; 
Y de querer manchar el regio lecho 
De Acasto, calumniar al huésped osa. 

¡Mentira atroz de femenil despecho! 
Fué la mujer quien lo tentó lasciva 
Cuando moraron bajo el mismo techo. 

Noche tras noche con halagos iba 
Procurando rendirlo apasionada: 
El siempre la apartó con mano esquiva. 

Temió ofender á Jove, á quien agrada 
Proteger al amigo, cuya mano 
La puerta nos abrió de su morada; 

Y Jove, de los Dioses soberano, 
Desde el cielo miró la resistencia 
Que opuso el joven al amor insano; 

Y premiarlo juró su omnipotencia, 
Desde el trono de nubes donde mora. 
Con bella esposa y celestial herencia- 
La mano de Nereida seductora, 

Que con rueca sutil de oro trabaja. 
Pidió á Neptuno, á quien Corinto adorar 

Y aunque mortal, á dársela se abaja 
El Dios del mar, que de su fértil Ega 
Al Istmo Dorio de contino viaja^ 



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ODA V. 225 

Do alegre multitud cantando llega, 

Y á recibirlo con trompetas sale, 

Y á luchas arduas en su honor se entrega. 

Quién entre los atletas sobresale 
La Fortuna decide, y quién merece 
Que el precioso laurel se le regale. • 

Egina á tí mil cánticos ofrece 
¡Eutimeno feliz! que la Victoria 
(Celeste Numen) en sus brazos mece. 

De tus pasados triunfos la memoria 
Hoy revive en Piteas, tu sobrino. 
Quien á tu ilustre raza añade gloria. 

Nemea le ciñó lauro divino 
En la época feliz que alegra á Enona, 

Y que tanto ama Apolo, el mes Delfino. 

La colina de Niso lo pregona 
Vencedor, á la par que el patrio suelo. 
De cuantos le disputan la corona. 

Para mí, su cantor, dulce consuelo 
Es contemplai: de la ciudad entera 
Por brillar en los juegos el anhelo. 

Y tú, gallardo joven, considera 
Que debes de Menandro á la enseñanza 
£1 lauro que tus penas remunera. 

15 

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226 NEMEAS. 

A Atenas, do nació, su gloria alcanza; 
Alma ciudad, que, cual ninguna, sabe 
Formar atletas de sin par pujanza 

Y si pidiereis que á Temistio alabe, 
Hablad sin miedo: de mi dulce canto, 
Las velas todas izaré, en la nave. 

Proclamaré ¡de púgiles espanto! 
Cómo en la lucha y el pancracio obtienes 
Doble victoria en Epidauro santo, 

Y en el atrio, á colgar, del templo, vienes 
En que Eaco, tu abuelo, se venera, 

Las flores que al favor deben tus sienes 

De las Gracias de rubia cabellera. 



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ODA SEXTA. 



A ALCÍMIDES DE EGINA, 

JOVEN LUCHADOR. 



Una es de los mortales y los Númenes 

La estirpe original; 
Una la madre de ambos; mas sepáranos 

Fortuna desigual. 
Polvo es el hombre: inmóvil en su asiento 
De bronce, permanece el firmamento. 

Una chispa nos queda (aunque disimiles) 

De la Divinidad, 
índole celestial, grandioso el ánimo, 

En el hombre admirad. 
Si bien camina á tientas á la meta 
A que el Hado llevar su pie decreta. 



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228 NEME AS. 

De la divina alcurnia el buen Alcímides 

Claras señales da; 
Al campo semejante, que fructífero 

Dio su cosecha ya, 
Y deja este año descansar sus glebas 
Guardando al venidero mieses nuevas. 

De los Ñemeos plácidos certámenes 

Hoy torna vencedor 
El joven púgil; y, merced á Júpitej, 

Experto cazador 
De lauros, y no indigno en la palestra 
Nieto del gran Praxídamas se muestra. 

Este insigne varón á los Eácidas 

Primero regaló 
Los Olímpicos ramos que en las márgenes 

Del Alfeo arrancó: 
Luego tres de Nemea, y hasta el quinto 
Lauro dorado que ganó en Corinío. 

Al oscuro Soclides, primogénito 

De Agesimaco, da 
♦Nombre que á las edades remotísimas 

Ilustre pasará. 
¿Tantas coronas, qué familia abraza 
Como los tres atletas de su raza? 

Sus luchas y victorias celebérrimas 

En toda Grecia son: 
De los honores los llevó á la cúspide 



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ODA VI. 229 

Divina protección; 
Pero á su fama altísima, el certero 
Dardo de mi cantar, que llegue espero. 

Dispara, pues, ¡oh Musa! flecha rápida 

De tu arco sin igual, 
Y al blanco lleve el viento tu encomiástico 

Cántico triunfal. 
Celebrar de los muertos los loores 
Es deber de poetas y oradores. 

En la antigua familia de los Básidas 

Encontrará, en verdad, 
Asuntos mil, quienquier de las Piérides 

Cultiva la heredad, 
Para llenar con entusiastas odas 
De Egina mercantil las naves todas. 

De la ilustre familia noble vastago, 

La fuerte mano armó 
Con el cesto feroz, Calias indómito, 

Y vencedor salió 
Merced á los dos hijos de Latona, 
La de la rueca de oro, allá en Pitona. 

A orillas de Castalia, de las. Carites 

La dulce procesión 
Le dirigió, á las sombras del crepúsculo. 

Suavísima canción: 
La víctima trienal aún caliente. 
Lo honró Neptuho en el marino puente. 



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230 NEMEAS. 

Con el follaje del león terrífico, 
Su sien pudo ceñir, 

Y vencedor, de las montañas ásperas 

De Flíunde venir. 
¡Isla famosa! El vate vé mil puertas 
Para darte más gloria siempre abiertas. 

Su misión facilitan los Eácidas 

Con hazañas sin par: 
Muy lejos vuela tu renombre espléndido- 

Por tierra y por el mar, 

Y aun á la playa Etiópica remota 
Lo llevó de Memnón la aciaga rota. 

Terrible muerte de la Aurora el vastago 

Frente á Ilion halló: 
El hijo invicto de la bella Tétide 

Del carro descendió, 

Y al negro jefe de sin par pujanza 
Atravesó con su iracunda lanza. 

No me culpéis, si en alabanzas pródigo,. , 

De los antiguos soy: 
Ajeno ejemplo y mi constante método 

Si bien siguiendo voy, 
Más que á las olas de remota orilla 
Atiendo á las que azotan mi barquilla. 

Sin vacilar^ sobre mis hombros débiles 
Hoy doble carga eché, 

Y veinticinco triunfos honoríficos 



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ODA VI. 231 

Alegre cantaré, 
Ganados en la lid que llaman santa, 
Y á la raza de Alcímides levanta. 

Las dos coronas que en el circo Olímpico 

La suerte arrebató 
A tí, querido joven, y al buen Tímidas, 

Callar no puedo yo: 
Desde su templo, Júpiter divino 
Testigo fué de vuestro adverso sino. 

¡Melesias! sin rival entre los púgiles, 

Como el veloz delfín 
Entre los peces de la mar horrísona, 

;A tí gloria sin finí 
Como al potro conduce auriga diestro. 
Del joven luchador eres maestro. 



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ODA SÉPTIMA. 



A SÓGENES DE EGINA, 

JOVEN VENCEDOR EN LOS CINCO-JUEGOS. 



¡Hija divina de la excelsa Juno* 
Que con las Parcas como juez te sientas, 
Óyeme, madre de risueña prole, 
Casta Lucina! 

Sin tu socorro, ni á la luz de Febo, 
Ni en las tinieblas de la oscura noche, 
Hebe tu hermana juventud hermosa 
Puede donarnos. 

Al mismo punto no aspiramos todos, 
Y de la suerte la fatal balanza, 
A unos eleva, y á otros hasta el suelo 
Fiera deprime. 



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234 NEMEAS. 

Por tí, del noble Tearión al hijo 
Himnos de gloria los poetas cantan. 
Hoy que en las cinco juveniles luchas 
Sógenes vence. 

Meció su cuna la ciudad insigne, 
Del canto amiga, que los claros nietos 
De Eaco ilustran con su estrepitosa 
Bélica fama. 



Fama que viva conservar anhelan 
Los ciudadanos de la bella Egina: 
Son las hazañas miel que de las Musas 
Colma la fuente. 

Negras tinieblas y profundo olvido 
Dan las proezas sin el dulce canto. 
¿Quieres que eterno tu valor retrate 
Límpido espejo? 

De Mnemosina, de brillante tiara, 
Favor alcanza; y encontrar procura 
Vate famoso que tus altos hechos 
Ínclito cante. 

Sigue el ejemplo del sagaz marino. 
Que el viento aguarda del tercero día; 
Sin que las anclas á levar lo mueva 
Ansia de lucro. 



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ODA VII. 235 

Rico y mendigo, con igual certeza 
Van á la tumba. Del astuto Ulises 
Los sufrimientos, que su clara fama 
Juzgo menores. 

Al dulce Homero su renombre debe. 
Cuyas ficciones é inspirado vuelo 
Verdad parecen, al que oir sus dulces 
Fábulas logra. 

Ciega es la mente del profano vulgo: 
Si lo que es justo discernir pudiera, 
¿Se. hiriera acaso con su propio sable 
Ayax valiente? 

♦ 

Héroe más grande, con el rubio Atrida, 
(Excepto Aquiles) á salvar á Helena, 
De lio á los muros, en las naves nunca 
Záfiro trajo. 

Del Orco triste las hinchadas olas p 

Cubren la barca de la humana vida, ^^ 

Y al hombre oscuro y al varón preclaro 
Juntos sumergen. 

Y si á la muerte sobrevive eterno 
El claro nombre de esforzados héroes, 
Al Dios lo debe que inmortales cantos 
Plácido inspira. 



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236 NEMEAS. 

Así de Pirro la memoria vive, 
Aunque su cuerpo sepultado yace 
En los que Centro de la tierra llaman , 
Délñcos campos. 

Cuando á cenizas la ciudad de Priamo, 
A la cabeza de sus Griegas ñlas, 
Fuerte redujo, navegar á Esciro 
Quiso de vuelta. 

Pero los vientos su bajel á Efira 
Llevan errante; y aunque breve tiempo 
Reina en Molosia, la corona ciñe 
Su descendencia. 

Llegando á Delfos á ofrecer á Apolo 
Ricos despojos que en Ilion ganara, 
De un sacerdote la ávida cuchilla 
Torpe lo hiere. 

Llora su muerte Delfos, que se precia 
De hospitalaria; mas se cumple el Hado, 
Que en aquel bosque manda que repose 
De Éaco un nieto, 

Y en el de Febo vasto santuario 
Desde su tumba tutelar presida 
Las ricas fiestas, á que sólo asisten 
ínclitos héroes. 



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ODA VII. 337 

Breves sentencias á tu elogio bastan: 
Pirro los juegos, cual veraz testigo 
Viendo severo, los heroicos hechos 
Juzga infalible. 

¡Querida Egina! Pregonar no temo 
Que á tu alabanza belicosos abren 
Real camino, los que á Jove diste 
^ Hijos ilustres. 

Pero ya callo, que el reposo es grato 
En todas cosas: aun la miel hostiga, 
Y de Ciprina las alegres flores 
Causan hastío. 

¡Cuan diferentes hace á los mortales ^^ 
Naturaleza! ¡Cuan diverso rumbo *^ 

Sigue cada uno, sin. que nunca logre 
Dicha perfecta! 

¿A quién fortuna concedió la Parca ít^ 
Hasta la muerte? Tu vejez al menos -^^""^ 
Hizo felice, ¡Tearión! al darte 
ínclita prole. 



Ella te ha dado varonil prudencia 
Y heroica audacia. Mi imparcial elogio 
Nadie deseche; que meció mi cuna 
Tierra lejana. 



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^38 NEMEAS. 

Nunca mi labio negro vituperio 
Lanza envidioso: pura es mi alabanza 
Como las aguas con que el campo riega 
Límpida fuente. 

A los valientes elogiar es justo, 
Y censurarme no podrá el Aqueo 
Que del Mar Jonio más allá reside, 
Si oye mi canto. , 

Sigo las leyes, que amistad al huésped 
Dicta sagrada. Con humilde planta 
Mis compatriotas avanzar me miran, 
Y ojo sereno. 

De las violencias y mordaz censura 
Siempre me alejo; y á los Dioses pido 
Que, en paz con todos, de mi vida al trance 
Último llegue. 

Quien ha escuchado de mi lira el eco. 
Quien mi carácter y candor conoce. 
Diga si acaso mis cantares mancha 
Crítica acerba. 

¡Sógenes fuerte, vastago de Euxeno! 
Mi rauda lengua, cual herrada flecha, 
Fuera del blanco disparar no quise: 
Yo te lo juro. 



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ODA VII. 239 

Limpio tu cuello, sin sudor el pecho. 
Del pugilato vencedor saliste, 
Antes que Febo con su ardiente rayo 
Te calentara. 

Más que fatiga da placer la lucha. 
Nadie me culpe, si mi voz al éter ^ - 
Osado alzando, celebré al atleta: 
Todo le debo. 

Tejer coronas de laurel es fácil. 
¡Joven, aguarda! que mi Musa quiere 
De oro, y corales, y marfil ceñirte 
Rica diadema. 

En Neme estamos: celebrad á Jove. 
En este suelo que resuene es justo 
De las Deidades en honor del Padre , 
Canto divino. 

Dicen que Jove fecundó á la madre 
De Éaco insigne, que reinó en mi patria; 
Huésped benigno, y amoroso hermano , 
Hércules, tuyo. 

Si al hombre sirve la amistad del hombre, 
¿Cuánto consuelo no dará un vecino? 
Y si es un Numen el que cerca mora, 
¡Cuánta delicia! 



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240 NEMEAS, 

¡Oh de gigantes domador divino! 
A tí cercano, residir agrada 
Al joven púgil, de ínclitos mayores 
Emulo tierno. 



Te ama cual padre Sógenes invicto; 
Y como lanza de dorado carro 
Entre los cuatro rápidos corceles 
Luce brillante, 

Entre dos templos que en tu honor se elevan 
A un lado y otro, su morada tiene, 
¡Oh de gigantes vencedor glorioso, 
Célico Alcides! 

Tú que á los males del mortal remedio 
Fácil encuentras, á la diva Juno, 

Y á su marido, y á la Virgen-Diosa 

De ojos azules. 

Ruega que al joven y á su padre alcancen 
Días hermosos y vejez robusta, 

Y que á los hijos de sus hijos vengan 

Bienes mayores. 

De haber osado calumniar á Pirro 
No me remuerde mi conciencia pura: 
¿Mas qué repito cual locuaz nodriza? 
¡Musa, detente! 



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ODA OCTAVA. 



A DINIAS DE EGINA, 

HIJO DE MEGAS, 
CORREDOR EN EL ESTADIO. 



¡Belleza, casta Diosa, 
De Venus y sus candidos amores 

Mensajera dichosa! 
Que siembras, ya de abrojos, ya de flores 

(En sus párpados venda) 
De mancebos y vírgenes la senda. 

¡A los mortales cuánto, 
Cuánto á los mismos Númenes agrada 

Su sien de tanto en tanto 
Mostrar de verde mirto coronada! 

A Júpiter y á Egina 
Así sus dones prodigó Ciprina. 

16 



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242 NEMEAS. 

De tal amor el fruto 
Fué de prudencia y de valor prodigio; 

Universal tributo 
De admiración le atrajo su prestigio, 

Y al monarca de Enona 
Mil héroes ofrecieron su corona. 

De los alrededores 
Vinieron, ni llamados ni vencidos, 

Los que eran cual señores 
De Atenas pedregosa obedecidos, 

Y la alta dinastía 

De Pélope, que á Esparta dirigía. 

Cual ellos me prosterno, 

Y las rodillas de Éaco hoy abrazo; 

Y elevo ruego tierno 

Por la amada ciudad, cuyo regazo 

Nutre lo mismo que antes 
Heroicos y robustos habitantes. 

Lidia corona tejo 
Con himnos, en carrera prolongada, 
Por Megas, noble viejo, 

Y por Dinias dos veces alcanzada. 

Espléndida presea 
Que ofrece á tronco y vastago Nemea. 

Fortuna que no el dolo, 
Sino Dios aumentó, y en Dios se funda, 
Es durable tan sólo. 



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ODA yin. 243 

La bella Chipre, que la mar circunda, 

Así en su rey Cinira 
Riquezas dadas por el cielo admira. 

¿Dó me lleva imprudente 
Mi raudo pie con ímpetu insensato? 

¡Musa mía, detente! 
inútil es, si viejo, mi relato; 

Y si algo nuevo invento. 
Riesgo y envidia traerá mi cuento. 

¡Envidia abominable! 
Al grande pierde, al inferior olvida; 

Ella su propio sable 
Contra Ayax Telamón volvió homicida: 

Si no nació elocuente. 
Siempre humillado se verá el valiente. 

Premiamos á menudo 
La astuta falsedad. La gente griega 

A Ulises el escudo 
Con fraudulenta votación entrega: 

Sin armas ni esperanza 
En brazos de la muerte Ayax se lanza. 

¡Cuan diferente el porte 
De entrambos, al vibrar asta y alfanje, 

Cuando el feroz Mavorte 
Agitaba de Troya la falange, 

Luchando de Pelides 
Por el cadáver, ó en las otras lides! 



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244 NEMEAS. 

Cual hoy, se conocía 
La blanda adulación, la artera maña, 

£1 chisme, la falsía 
Y la calumnia vil, que el brillo empaña 

Del mérito sublime. 
Alza al cobarde, y el valor deprime. 

Que nunca tal mancilla 
¡Oh Jove salvador! cubra mi pecho. 

Pueda yo la sencilla 
Senda de la verdad seguir derecho: 

Así á mi descendencia 
Nombre sin mancha legaré en herencia. 

Unos, de oro montones 
Piden al cielo, y otros de terreno 

Inmensas posesiones. 
Hiriendo al malo y ensalzando al bueno 

Viva yo, nunca odioso; 
Baje llorado al eternal reposo. 

Como el robusto pino 
Crece gigante, gracias al suave 

Rocío matutino, 
Del poeta imparcial el canto grave 

Así de la victoria 
Eleva al cielo la brillante gloria. 

¡Cuan variados favores 
A los mortales la amistad prodiga! 
Sin duda los mayores 



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ODA VIH. 'M7i 

Presta en la adversidad y en la fatiga; 

También la bienandanza 
Del vate necesita la alabanza. 

Al Orco arrebatarte 
Es joh Megas insigne! empeño inútil. 

Si allá no alcanza mi arte, 
<Para qué fomentar deseo fútil? 

A tu familia intento 
Con las Musas alzar un monumento . 

De la doble carrera 
En honra cederá. Dolencia y llanto 

El cántico aligera, 
Y yo á los dos, cual merecéis, os canto. 

Ya sonaban las odas 
Antes que Adrasto y las Tebanas bodas. 



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ODA NOVENA. 



A CROMIO ETNEO, 

VENCEDOR CON EL CARR^. ^ v ¿ 

Venid desde el santuario 
O ^ Que alzó Sición á Febo, 
De Etna al recinto nuevo, 
¡Oh Musas! en solemne procesión. 
¡Cantad himnos de gloria! 
\ Al peregrino abiertas 

De par en par las puertas 
Están de Cromio en la feliz mansión. 

Con rápidos bridones, 
En la veloz cuadriga, 
Supo, valiente auriga, 
Espléndidos laureles alcanzar; 

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248 KEMEAS. 

Y á los divos Gemelos, 

Y á su madre Latona, 
'X Señores de Pitona, 

Hoy quiere sus cantares dedicar. 

Los que en honor de Febo, 
De Asopo en la ribera, y. wW^ ^^(j3 
Adrasto instituyera, 
Certámenes ecuestres, cantaré; 

Y al recordar las luchas 
Primeras de corceles, 
Con deíficos laureles 

Al fundador ilustre cubriré. 

Con juegos nunca vistos, 
Ya de atletas bizarros, 
Ya de pulidos carros. 
Rey nuevo, dio renombre á la ciudad. 
Do sedición tremenda, 
Del patrio suelo Argivo 
Lo trajo fugitivo, 
Y del fuerte Anfiarao la maldad .1) -rs^^^f,-^^ 

". ^ o'.^l 

De Talao á los hijos, 

El rico principado 

Había arrebatado 
De su primo la audaz conspiración; 

Pero á las disensiones. 

Fin el varón prudente 

Pone, sin que fomente 
Odio, su generoso corazón. / 

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ODA iX. 249 

Y de amistad en prenda, 
. De Erífile^ su hermana, 

(Después por oro insana) 
^ej A Oiclides la mano concedió; 

Y príncipes más grandes 
Que Adrasto y Anfiarao, 
Del antiguo Danao 

Jamás la rubia estirpe conoció. 

Y á Tebas, por sus siete 
Puertas tan renombrada, 
Hueste mal augurada 

Llevaron á sus órdenes los dos: 

Ni el relámpago Jove 

Vibrando desde lo alto, 

Los animó al asalto: 
A no partir los excitaba el Dios. 

A inevitable rota 
La tropa se apresura: 
Ni al peón su armadura. 
Ni al caballero salva su bridón; 

Y á orillas del Ismeno .\ ) 
De siete piras sube 

El humo en blanca nube, 
Término de la tri^e expedición. 

No ve ni sus cenizas 
La patria encantadora: 
De jóvenes, devora 
Cadáveres el fuego mil y mil. 

>» ¿!^ /híÍ -r-^*' /';-/'/. Digitizedby Google 



250 NEMEAS. 

En tanto, con el rayo 
Cuyo furor no yerra, 
Jove, abriendo la tierra, 
A Anfíarao libró de lanza hostil. 

Con cuadriga y caballos 

Lo sepultó en su seno. 

Cuando Periclimeno 
Iba al guerrero por la espalda á herir. 

De ignominioso golpe 

Salvarlo así consigue: 

Cuando un Numen persigue, 
Aun al hijo de un dios es dado huir. 

Si libre ¡oh de Saturno 

Prole! el Hado te deja, 

Del Siciliano aleja 
La guerra, y del audaz Cartaginés. 

Sabias leyes, durable - 

Paz, civiles honores. 

De Etna á los pobladores 
Ruégote ¡oh padre Júpiter! que des. 

Entre ellos hay insignes 

Jinetes, y varones 

Que á ricas posesiones 
(¿És creíble?) prefieren la virtud. 

Sobre el honor, que sólo 

Da al hombre estable gloria, 

Gana triste victoria 
De riquezas la vil solicitud. 



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ODA IX. 251 

Mas si como escudero 

Impávido acompañas 

A Cromio en sus campañas, 
La diosa del honor verás con él. 

Ya al frente de su flota, 

Ya de su infantería; 

Ya la caballería 
Comande lidiador, la sigue fiel. 

C» ) Ella á romper lo mueve 

La enemiga cohorte; 

Por ella de Mavorte 
El ímpetu contiene vencedor. 

Unir es dado á pocos 

Al valor, el talento 

Que de la guerra el viento 
Vuelva contra el ejército invasor. 

Atribuye tal gloria 
La fama vocinglera 
A Héctor, que en la ribera 
De Escamandro, la patria defendió: 
Y junto al hondo Heloro, 
En el paso llamado 
De la Amenaza Vado 
¿^ De Agesidamo el vastago brilló. 

Los que en el mar vecino 
Altos hechos de guerra 
Acometió, y en tierra. 
Otra vez cantarás. Musa gentil. 






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252 NEMEAS. 

Después de las hazañas 
Que en juventud robusta 
Consuma en lucha justa, 
Plácida le vendrá la edad senil. 

Si al ínclito renombre 

Debido á sus proezas, 

Espléndidas riquezas 
Aduna el benemérito mortal, 

A más sublime altura 

Subir le está vedado. 

lOh Cromio! Te han donado 
Los Númenes ventura sin igual. 

Da lustre á los banquetes 
Del huésped la alegría; 
Y el triunfo de este día 

Con el suave canto crecerá: 
\ pues valor y audacia 
Presta á la lengua el vino. 
Dadme el licor divino 

Que mi dulce cantar inspirará. 

Henchidas hasta el labio 

Con el líquido opimo 

Del domador racimo, 
Las argentinas copas distribuid. 

Que de Sición sagrada 

Trajeron los corceles, 

Con Febeos laureles 
Que á Cromio conquistaron en la lid. 



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El favor de las Gracias 
Tu diestra me conceda 
¡Oh Júpiterl y pueda 

La victoria de Cromio celebrar, 
Las Hechas de mi musa 
Rectas al blanco lance, 
Y entre muchos alcance 

Esplendoroso triunfo mi cantar. 



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ODA DÉCIMA, 



Á TIEO, HIJO DE ULIO, 

VENCEDOR EN LA LUCHA. 



Cantad ¡oh Gracias! á Argos opulenta^ 
De Juno celestial digna morada, 
De Danao ciudad, y sus cincuenta 
Célebres hijas de mansión dorada. 
Mil hazañas le dan ínclita gloria: 
^Repetirá mi musa 
La dolorosa historia 
De Perseo y la Górgona Medusa? 
¿Contaré las ciudades y las villas 
Que Epafo alzó, del Nilo en ks orillas? 



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25() NEMEAS 

Sola entre sus hermanas, Hipernestra 
Deja en la vaina el homicida acero, 
Con que el padre cruel arma su diestra 
Contra el esposo que le dio primero. 
A la inmortalidad la Virgen- Diosa 
Sublima al gran Tidides; 

Y Júpiter la fosa 

Con sus rayos abrió, do yace Oiclides, 
Cuando de Tebas al volver, la tierra 
Tragó al que fuera vendaval de guerra. 

Por sus bellas mujeres es famosa: 
Testigo Jove, que en las redes cae 
De Alcmena, sin saberlo inñel esposa, 

Y de la gallardísima Danae. 

De Adrasto al padre, y á Linceo augusto, 
Exquisita prudencia 

Y un espíritu justo. 

De Júpiter donó la omnipotencia; 

Y el mismo dios, á Anfitrión valiente 
(Mortal afortunado) hizo pariente. 

Cuando el Argivo con robusta lanza 
Contra los Teleboas combatía. 
El Padre de los Dioses su semblanza 
Tomaba, y en su hogar se introducía. 
A tanta dignación Hércules debe 
Su ilustre nacimiento, 

Y su enlace con Hebe, 

Entre las Diosas de beldad portento. 
Que con su madre Juno, protectora 
De las esposas, en Olimpo mora. 



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ODA X. 257 

A celebrar no basta los loores 
Del Argólico suelo, el canto mío; 

Y temo, con empresas superiores 
A mi escaso vigor, causar hastío. 

No obstante ;oh Musa! tu valor no pierdas, 

Y de mi dulce lira 

Con las templadas cuerdas, 

Canta los himnos que el triunfo inspira. 

Oid, Argivos, de la lucha el juicio, 

Y de Juno venid al sacrificio. 

El hijo de Ulio, reluciente escudo 
Dos veces en las luchas ha obtenido; 

Y con tal premio, sus trabajos pudo 
Tiéo vencedor dar al olvido. 

El ofreció á las Musas su corona 
En los Ñemeos juegos; 

Y en el Istmo y Pitona 

Las que arrancara á multitud de Griegos; 
Que tres victorias alcanzó en Corinto,- 

Y tres también de Adrasto en el recinto. 

La noble aspiración que su alma enciende,. 
Entre sus labios la modestia hiela. 
jOh Padre Jove! pues de tí depende 
Toda victoria, la que no revela 
Dígnate concederle, ínclita gracia. 
Su pecho férvido arde 
Con juvenil audacia 

Y abriga un corazón nada cobarde. 

Tú lo sabes ¡oh Dios! y él, que ambiciona 
La que te pido, Olímpica corona, 

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258 KEMEAS. 

Por Hércules fundada, resplandeces, 
Pisa, entre las atléticas arenas; 

Y á tí el joven irá, que ya dos veces 
Vencedor aclamaron en Atenas. 

De dulces himnos al concento blando 

El tierno púgil iba. 

El ánfora llevando 

Con el licor de la sagrada oliva^ 

En rica cesta de áurea filigrana, 

A la ciudad de Juno soberana. 

A las Gracias, Tiéo, y los Gemelos, 
Debes la que te cubre, inmensa gloria; 
Que á tus maternos ínclitos abuelos 
Concedieron victoria tras victoria. 
;0h! Si yo fuera del divino Antías, 
Ó Trasiclo, pariente, 
Por Argos me verías 
Andar altivo con erguida frente. 
De Preto á la ciudad, tales varones 
Dieron más lustre aún que sus bridones. 

En el Istmo y Cleona recogieron 
Cuatro laureles. Con argénteas copas 
Llenas de vino, de Sición volvieron; 

Y de Pelene, con purpúreas ropas. 
Los escudos y trípodes, en vano 
Enumerar quisiera. 

Que su robusta mano, 

Ó su pie, sin igual en la carrera. 

En Acaya, en Tegea, y en Clitora, 

Y el Liceo ganó, do Jove mora. 



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ODA X. 259 

Si á Castor y á su Hermano, en hospedaje 
Panfaes recibió, ¿qué maravilla 
¡Oh Tiéol si tu ínclito linaje 
Por su afición al pugilato brilla? 
De Esparta los Tindárides divinos 
Con Mercurio y Alcídes 
Dirigen los destinos. 
Arbitros son en las heroicas lides, 
Del antiguo favor guardan memoria, 

Y dan al varón justo la victoria. 

Cada cual á su turno mora un día 
Del Padre Jove en la mansión eterna, 

Y otro, desciende á la región umbría 
De Terapne en la lúgubre caverna. 
Place el destino igual á los Gemelos: 
Que Pólux cariñoso, 

A vivir en los cielos 
Como perfecto dios, siempre dichoso. 
Partir de Castor prefirió la suerte, 
Cuando éste halló en la guerra triste muerte. 

De Idas la lanza atravesó su pecho. 
En pleito vil, por míseros despojos: 
Sobre el Taigeto hallándose en acecho, 
Lo ve Linceo, el de agudos ojos, 
A través de la encina que lo oculta* 
Bajan ambos insanos, 

Y su acero sepulta 

En Castor, el mayor de los hermanos. 
A entrambos Afarétidas alcanza 
De Júpiter la súbita venganza. 



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260 NEMEAS. 

El vastago de Leda armipotente 
Acude; y á la tumba de Afareo 
Se acogen, con furor haciendo frente 
Al fuerte Castor, Idas y Linceo; 

Y al paterno sepulcro arrebatando 
La marmórea ñgura 

De Plutón venerando, 
Sobre Pólux arrojan la escultura; 
Mas ni detiene su ímpetu robusto, 
Ni á herirlo llega, el cincelado busto. 

Sobre Linceo el semidiós se arroja, 

Y le abre el corazón su dardo agudo; 
Mientras un rayo envuelto en nube roja, 
A Idas dispara Júpiter sañudo. 

Piedad no encuentran: en ceniza fría 

La Parca los convierte, 

Que en vano el hombre ansia 

Sus armas por medir con el más fuerte. 

A auxiliar á su hermano agonizante, 

Tindárides acude en el instante. 

Del moribundo Cáitor ñel derrama 
Sobre el abierto pecho, amargo llanto, 
Y: «¡Oh Padre amado! (sollozando clama) 
¿Remedio no darás á mi quebranto? 
A mí también la muerte ¡oh Rey del cielo! 
Cual á mi hermano envía: 
Sin él, vivir no anhelo; 
Sin él, ni honor ni gloria alcanzaría. 
Muy pocos hay que en la fatiga ruda 
Al afligido amigo den ayuda.» 



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ODA X. 261 

Tales palabras á su padre dijo 
El tierno joven. Júpiter avanza, 

Y le responde: «jOh Pólux! tú eres mi hijo, 
Mas la inmortalidad á éste no alcanza; 
Que de esposo mortal, aunque guerrero, 
Lo concibió tu madre; 

Pero que elijas quiero 
La varia suerte que á tu afecto cuadre. 
Tendrás en el Olimpo, si te agrada. 
Sin muerte ni vejez, dulce morada. 

)>Con Palas y con Marte, trono eterno 
Llenarás á mi lado; mas si pide 
Gracia para el mortal tu amor fraterno, 
Todo con él sin excepción divide . 
Del cielo morarás en las alturas 
La mitad de la vida, 

Y la otra, en sus oscuras 
Cuevas, la tierra te dará guarida.» 
El buen hermano sin dudar resuelve, 

Y el habla, luz y vida á Castor vuelve. 



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ODA UNDÉCIMA. 



A ARISTÁGORAS, 

HIJO DE ARCESILAO, GOBERNADOR DE TÉNEDOS. 



¡Oh Vesta, hija de Rhea, 
De Juno soberana 

Y del excelso Júpiter hermana, 
Que imperas en el aula Pritanea! 
Abre tu regio alcázar á Aristágoras, 

Y al pie de tu ara, con amor materno, 
Acoge á sus colegas, que de Lírneso 

Dirigen el gobierno. 

A tí, que la primera, 

Eres entre las Diosas, 
Con muchas libaciones te venera 
El Senado, y con víctimas copiosas. 



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264 NEMEAS. 

El dulce canto alegra con la cítara 
Sus banquetes sin fin, según el rito 
Que les dejara hospitalario Júpiter 
Para el festín prescrito. 

A los Númenes plegué 

Que en su magistratura 
Al fin del año sin tropiezo llegue 
Rebosando su pecho de ventura. 
¡Dichoso Arcesilao! Regocíjate 
En el gran hijo que te dio el Destino: 
Ve cómo aduna á forma gallardísima 

Valor casi divino. 

Varón que es eminente 
Por beldad y riquezas, 

Y vencedor entre la Griega gente 
Ostentó su vigor y sus proezas, 
Recuerde que lo visten miembros frágiles, 

Y que ese cuerpo triunfador y esbelto, 
Bajo la tierra yacerá por último 

En polvo vil envuelto. 

Digno de eterna fama 

Y de armoniosos vates, 
Todo buen ciudadano te proclama 
jOh vencedor en diez y seis combates! 
Soberbio luchador era Aristágoras 
En su natal ciudad y alrededores; 

Y con laureles el Pancracio espléndido 

Premiaba sus sudores. 



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ODA XI. 265 

¿Por qué al robusto niño, 

Buscar bella corona, 
De sus padres el tímido cariño 
No permitió en Olimpia y en Pitona? 
Del Monte de Saturno entre los árboles 
Ó á orillas de Castalia si luchara, 
¡Oh! yo le juro que en la lid atlética 

Ninguno lo igualara; 

Y de purpúrea oliva 

Coronada la frente, 
La quinquenal solemnidad festiva 
De Alcides, retornar viera al valiente. 
Pierde al mortal la presunción estólida; 
Pero también la nimia desconfianza 
Que lo contiene, le arrebata el éxito 

Que ya seguro afianza. 

No es conjetura vana 
¡Oh joven! cuando llevas 
Por Pisandro el Lacón, sangre Espartana, 
lé 4f por Melanipo audaz, sangre de Tebas. 
Este de Ismeno en las floridas márgenes 
A tu madre engendró; y aquél las huestes 
De Amida, trajo á la colonia Eólica 
Unido al gran Or estes. 

Virtud que en el abuelo 

Altísima florece, 
En el hijo se oculta bajo un velo 
Y en el nieto de nuevo resplandece. 



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266 NEMEAS. 

Así el campo feraz, no en todas épocas 
Presenta de sus mieses el tributo; 

Y un año niegan, y otro dan los árboles 

Su flor y rico fruto. 

También de los mortales 
El Destino condena 
Al desdichado género, de iguales 
Vicisitudes, á fatal cadena: 
Pues no ha querido el Padre de los Númenes 
De la victoria ó del revés futuro 
Que aguarda al luchador en los certámenes. 
Dar indicio seguro. 

Mas la soberbia insana 
A lo alto nos empuja; 

Y nos mueve á emprender confianza vana 
Lo que á la fuerza nuestra sobrepuja. 
Seguir no puedes el torrente rápido; 

A poco lucro, si eres sabio, aspira: 
Quien lo imposible en alcanzar obstinase^ 
¡Pobre mortal! delira. 



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ODAS ÍSTMICAS. 



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ODA PRIMERA. 



A HERÓDOTO DE TEKAS, 

VENCBDOR CON EL CARRO, 



¡Madre dulce y amante, 
Divina Tebas, que los ojos hieres 

Con tu escudo brillante! 

Pues así lo requieres, 
Para cantarte dejo mis quehaceres. 

¡Isla de Apolo, Délos, 
Que mi alma toda tienes embargada, 

No me mires con celos! 

¿Qué cosa más sagrada 
Que nuestros padres, y la patria amada? 



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270 íSTBncAS. 

Con la gracia divina, 

Llenaré de una y otra ips deseos, 

Entre gente marina 

Cantando á Febo en Ceos, 

Y en Corinto los ístmicos trofeos; 

Que el monte cuyas faldas 
Baña uno y otro mar, con justa mano 

Ha dado seis guirnaldas 

A mi pueblo Tebano, 
De quien fué el grande Cadmo soberano. 

Donde también Alcmena 
Al infante alumbró, de alma cual hierro 
Intrépida y serena, 
Que á despecho del perro 
Quitó á Gerión hasta el postrer becerro. 

Mi musa, á la cuadriga 
De Heródoto, coronas entreteja; 

Que sin pagado auriga, 

Una y otra pareja 
De caballos, destrísimo maneja. 

Cantarle un himno quiero, 
Cual los que de \olao en alabanza, 

Ó de Castor guerrero. 

Era la antigua usanza 
Al compás entonar de alegre danza. 



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ODA I. 271 

¡Semidioscs augustos! 
Nunca vieron Tebanos ni Lacones 

Atletas más robustos, 
' Ni más diestros varones 
En manejar cuadrigas y bridones. 

Para ellos, de la arena 
Sin coronas volver, fuera desdoro. 

Su casa estaba llena 

De bellas copas de oro, 
Y en trípodes guardaban un tesoro. 

¡Cómo resplandecía 
Su agilidad, cuando correr desnudos 

El gimnasio los vía, 

Y cuando sus nervudos 
Brazos, cargaban sólidos escudos! 

¡Con qué vigor su diestra 
Disco de mármol, y acerada lanza 

Vibraba en la palestra! 

Reducir no era usanza 
A una, las cinco lides de ordenanza. 

Premiaba cada juego 
Una corona. ¡Y cuántas en su frente 

Vio la tierra, á que riego 

Da la Dircea fuente, 
Ó del Eurotas la veloz corriente! 



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272 ÍSTMICAS. 

¡Adiós, conciudadano 
De la sembrada grey, de ífícles hijo! 
¡Adiós, de Helena hermano. 
Siempre en Terapne fijo! 
Fin debo dar á mi cantar prolijo. 



Al Istmo sacrosanto, 
A Onquesto, y á Neptuno á quien adoro, 

Ha de volar mi canto; 

Y al héroe que decoro 
Añade á su buen padre Asopodoro. 

También la gloria aumenta 
De Orcómeno, su patria; que algún día, 

Cuando en feroz tormenta 

£1 piélago rugía. 
Náufrago entre sus brazos lo acogía. 

Hoy le devuelve el Hado 
La dicha que gozó desde la cuna. 

El varón que ha probado 

Buena y mala fortuna. 
La previsión á la experiencia aduna. 

A fuerza de combates 
Y de gastos, se llega á altos honores. 

Sin envidia los vates 

Celebrar los loores 
Deben, de generosos vencedores. 



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ODA I. 273 

Que á inspirado poeta 
Premiar es cosa fácil la fatiga 

De afortunado atleta, 

Con expresión amiga 
Que á él y á los suyos ilustrar consiga. 

No con premios iguales 
El desigual trabajo se contenta. 

Labradores, zagales, 

Aquel á quien sustenta 
La caza, ó bien el piélago alimenta, 

Se juzgan satisfechos 
El hambre con saciar que los acosa. 

No así los que sus pechos 

En guerra peligrosa 
Exponen, ó en palestra resbalosa. 

El colmo de la gloria 
Es para estos magnánimos varones 
Una oda laudatoria, 
Que en extrañas regiones 
Proclame, y en la patria, sus acciones. 

Gracias mi musa debe 
Rendir á la Deidad que cerca mora, 
Cuyo Tridente mueve 
La tierra, y fué inventora 
Del circo y la cuadriga voladora. 

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274 ÍSTMICAS. 

A tus hijos desea 
Ensalzar ¡oh Anfitrión! y el golfo Minio; 
Las carreras de Eubea, 

Y el célebre Eleusinio 
Bosque, de Ceres ínclito dominio. 

También quiere su acento 

¡Protesilao! fúnebre tributo 
Rendir al monumento 
En que de Grecia el luto 

Guarda en Filace el arenal enjuto. 

Numerar los laureles 
Que Hermes (que á los certámenes preside) 

Donó por sus corceles 

A Heródoto, me impide 
Este cantar, que pocos versos mide. 

Agrada con frecuencia 
Más que lisonja, y da mayor consuelo 

Prudente reticencia. 

¡Que eleve, quiera el cielo, 
En alas de las Musas su alto vuelo! 

En Pitona recoja 
Mil ramos de laurel; mil de la oliva 
Que el claro Alfeo moja; 

Y más honor reciba 
•Cuando entre vencedor, Tebas altiva. 



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ODA I. 

El que avaro sepulta 

Su inútil oro, y con sarcasmo rudo 

Al generoso insulta, 

Sepa que al Orco mudo, 

Sin gloria bajará, pobre y desnudo. 



275 



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I 
ODA SEGUNDA. 



A XENÓCRATES DE AGRIGENTO, 

VENCEDOR CON EL CARRO. 



En el tiempo pasado 

¡Oh Trasibulo amado! 
Los vates que en el carro (relumbrante 

Con sus doradas bridas) 

De las musas queridas, 
Marchaban con la citara delante, 

Generosos poetas, 
De su canto lanzaban las saetas, 
A jóvenes gallardos, que Citeres 
Ya invitaba á sus candidos placeres. 



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278 ÍSTMICAS. 

Entonces codiciosa 

No era la Musa hermosa 
Ni por ruin salario se alquilaba; 

Ni melosos encantos 

De plateados cantos 
Terpsícore á vender se sujetaba. 

Mas hoy, el dicho altivo 
Que, abandonado y pobre, el sabio Argivo 
Triste lanzó, resulta harto verace: 
Mortaly el oro, el oro todo lo hace. 

Lo que yo canto, nuevo 

No es para tí, mancebo, 
Que eres sabio y prudente cual ninguno.. 

Celebro los laureles 

Que dio por sus corceles, 
En el Istmo, á Xenócrates, Neptuno. 

La corona de Doria 
En premio de su espléndida victoria 
Al vencedor envió; luz de Agrigento^ 
En potros y cuadrigas opulento. 

Febo lo ve clemente, 

Y en Crisa, omnipotente. 
De auréola sublime lo rodea: 

En Atenas la rica 

Sus triunfos multiplica 
La gente cortesísima Erectea; 

Do espléndida alabanza 
A Nisómaco trajo su pujaixza. 
Nunca tu padre á más valiente auriga. 
Las riendas entregó de su cuadriga. 



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ODA u. 279 

Los heraldos de Elea 

Que anuncian la pelea 
Y á Júpiter ofrecen libaciones, 

Conocen al instante 

Al príncipe triunfante 
Que los colmó de hospitalarios dones; 

Y danle dulce abrazo 
Hoy que de la Victoria en el regazo 
Cae, en su propia patria y su morada, 
Selva de Jove Olímpico llamada. 

Debieron á aquel suelo, 

Los hijos de tu abuelo 
Enesidamo, honores inmortales; 

Que no es la vez primera 

Que á tu familia entera 
Regocijan los cánticos triunfales. 

No hay camino escabroso 
Para el mortal, que del varón famoso 
Llegar hasta el alcázar ambiciona, 
Seguido de las Nueve de Helicona. 

¡Oh Trasibulo, cuánto, 

Cuan lejos, de mi canto 
El disco raudo que lanzar habría. 

Para llegar al punto 

Que á tu padre difunto 
Sobre los hombres diera su hidalguía! 

Ameno, culto, afable. 
Entre los suyos era venerable. 
Bellos potros nutría; y de los Griegos 
Nunca faltaba á los divinos juegos. 



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280 ÍSTMICAS. 

Jamás brisa contraria 

Su vela hospitalaria 
Plegó, que iba de Fasis hasta el Nilo, 

En verano, en invierno.-. 

Tú, el mérito paterno 
No dejes de ensalzar. Puedes tranquilo 

En medio de envidiosos 
Mis himnos repetir, que ponderosos 
Cual estatuas no son. Y de ello en prueba. 
Este á mi huésped,^ ¡Nicasipo! lleva. 



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ODA TERCERA. 



Á MELISO DE TEBAS, 

VENCEDOR CON LA CUADRIGA. 



El hombre que no fía 
En próspera fortuna ni riquezas; 

Que nunca se gloría 
De su poder ni atlé ticas proezaíi, 

Merece que con manos 
Frenéticas, le aplaudan sus hermanos. 

¡Oh Jove poderoso! 
De tí sus prendas el mortal recibe; 

El varón religioso 
Largos años, en paz, contento vive: 

Quien de impiedad alarde 
Se atreve á hacer, felicidad no aguarde. 



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282 ÍSTMICAS. 

Con fiestas y canciones 
(De las Gracias favor) premiar es justo 

Las ínclitas acciones. 
Enalteciendo al vencedor augusto. 

¡Meliso! Honor y gloria 
A tí, que alcanzas hoy doble victoria. 

Sin rival el gentío 
En el ístmico valle hora te aclama; 

De jinete el umbrío 
Bosque del gran León te ha dado fama: 

¡Gózate, sil que elevas 
Al cielo el nombre de tu patria Tebas. 

De tus progenitores 
No hay miedo, no, que tu valor desdiga: 

El carro mil honores 
A Cleónimo dio; y en la cuadriga 

(De tu madre parientes) 
Los Labdaquidas fueron excelentes. 

¡Ay! Nada su opulencia 
Sirvió para evitar la del mudable 

Tiempo, dura sentencia; 
Que es sólo contra el Hado invulnerable 

Quien tuvo la fortuna 
Que un dios meciera su celeste cuna. 






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ODA CUARTA. 



AL MISMO MELISO. 



Con el favor divino, 
Para cantar tus hechos hallo abierto 

Multíplice camino. 
jMeliso afortunado! Rumbo cierto 

A mi cítara diste, 
Cuando el ístmico lauro te ceñiste. 

Hasta el fin de la vida, 
La celestial virtud que tu alma alienta. 

Todo Cleonimida 
Por gracia de los Númenes fomenta. 

Mas lay! imprime el viento 
A los hombres contrario movimiento. 



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284 ÍSTMICAS. 

Era de tus mayores 
En Tebas preclarísima la gloria; 

En los alrededores 
De hospitalarios dejan la memoria; 

Y la calumnia impía 
Jamás con sus saetas los hería. 

Su alto renombre excede 
Cuanto la edad presente ó la pasada 

Mostrar el mundo puede, 
Y doquier su pujanza es celebrada. 

Más gloria en vano pides: 
A las G>lumnas llega ya de Alcides. 

Espléndidos corceles 
Fué su gusto nutrir. Darles solía 

Mavorte mil laureles; 
Mas bélico huracán en solo un día 

A aquel hogar dichoso 
Cuatro varones arrancó furioso. 

Los tenebrosos meses 
Pasaron ya del aterido invierno; 

Y tras tantos reveses, 

De las Deidades el consejo eterno 

Manda cubrir de rosas, 
Con la tierra, sus sienes victoriosas. 

El Dios cuyo Tridente 
Mueve la tierra; que en Onquesto mora, 

Y en el marino puente 



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ODA IV. 285 

Que su muralla ve, Corinto adora, 

De Cleónimo llama 
A celebrar al vastago, á la Fama. 

A la Fama, que yerta 
Sobre su lecho ha tiempo desfallece; 

Mas ved que se despierta, 
Y con nuevo fulgor hoy resplandece, 

Como en el cielo brila 
Véspero, entre los astros maravilla. 

En la Ática llanura 
Cantó sus glorias: ella en los combates 

De Adrasto, su bravura 
Hizo encomiar á los antiguos vates. 

De los héroes bizarros 
Doquier brillábanlos volantes carros. 

Competir con los Griegos 
De todas las comarcas, fué su gloria; 

Vieron todos los juegos 
Su lujo, y su anhelar por la victoria. 

Jamás el orbe escucha 
El nombre sin honor del que no lucha. 

I Y cuánta incertidumbre 
Tiene hasta el lidiador, antes que ascienda 

Del honor á la^umbre! 
Da palmas y reveses la contienda, 

Y al más robusto abate 
Del más débil la maña, en el combate. 



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%6 ÍSTMICAS. 

¿Qué Griego al fin ignora 
De Ayax, guerrero cual ninguno fuerte, 

Que en noche aterradora 
Con su propio puñal se dio la muerte? 

¡Suicidio que á la Helena 
Gente que á Troya fué, de oprobio llena! 

Mas Homero de gloria 
Cubrió su nombre; y á la edad futura 

Legó la bella historia 
Del semidiós, que espléndido figura 

En su inmortal poema, 
De cantares sin fin eterno tema. 

La diva Poesía 
Da la inmortalidad á cuanto canta: 

Hace que la bravia 
Mar atraviese; al éter lo levanta, 

Y con luz siempre nueva 
Del mundo por el ámbito lo lleva. 

Las Camenas su amparo 
Me den, hoy que la antorcha luminosa 

A encender me preparo, 
De mis himnos: auréola preciosa 

De Meliso en la frente, 
De Telesiades vastago fulgente. 

Cuando en la lid se ensaña, 
De rugiente león su ardor semeja; 
Cuando prudencia y maña 



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ODA IV. 287 

Quiere mostrar, parece la vulpeja, 
Que supina se tiende, 

Y del águila astuta se defiende. 

Para salir triunfante 
De todo ha menester, porque Natura 

No le dio del gigante 
Orion la terrífica estatura. 

La majestad le falta, 
Mas ¡cuan terrible si al contrario asalta! 

A Libia asi (que llena 
De trigo el mundo) á desafiar á Anteo 

Vino el hijo de Alcmena 
De la ciudad de Cadmo. Aunque pigmeo 

Su cuerpo parecía 
Junto al gigante, su valor crecía. 

Y castigó su clava 
Al monstruo vil, que el templo de Neptuno 
Con cabezas techaba, 

Y vivo no dejó huésped alguno. 

De su trabajo el premio 
Hoy tiene, de los dioses en el gremio. 

Recorrió todo el mundo: 
Penetrando en su seno, abrió á las naves 
El piélago profundo; 

Y ahora disfruta las caricias suaves 

De Jove sempiterno, 
De Hebe esposo feliz, de Juno yerno. 



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)8 ÍSTMICAS. 

Nosotros entretanto 
Cada año ornamos con coronas nuevas 

El altar sacrosanto 
Que en la puerta de Electra le alzó Tebas; 

Y fúnebre convite 

De Alcides en honor, se nos permite. 

El día en que Aqueronte 
Mandó los ocho infantes, que le diera 

Megara, de Creonte 
Hija infeliz, solemne se venera; 

Y á la aurora, aún arde 

La ñamé que brilló desde la tarde. 

Toda la noche sube 
El humo de las víctimas al cielo, 

En olorosa nube; 
Y cuando el nuevo sol alumbra el suelo. 

El certamen se inicia. 
Del luchador robusto honra y delicia. 

En él, triple corona 
De mirto ornó tus sienes: la primera 

¡Meliso! galardona 
La que niño ganaste, ardua carrera, 

Merced á sabio auriga. 
Os saluda á los dos mi musa amiga. 



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ODA QUINTA. 



A FILACIDES de EGINA, 

VENCEDOR EN EL PANCRACIO. 



¡Madre ilustre del Sol, de quien el oro 
Es rico emblema! Por honrarte loh Thea? 
Lo estima el hombre más que otro tesoro, 

Y oro y más oro conquistar desea. 

Por tí cruzan el ponto los bajeles, 

Y por tí en las durísimas campañas,. 
Al carro se atan rápidos corceles 

Y se admiran espléndidas hazañas. 

A tí en los juegos de la gloria el sello 
Debe el atleta, que por fuerte mano, 
O por rápida planta, su cabello 
Ceñide muestra de laurel lozano. 



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290 ÍSTMICAS. 

Tan sólo á la divina Providencia 
Debe el triunfo el valor. Dos bendiciones 
No más, la vida endulzan: la opulencia, 
Y el oir elogiar nuestras acciones. 

Te bastan ¡oh mortal! goces mortales; 
El Olimpo á escalar en vano aspiras: 
Deseos contra el Hado son fatales: 
Si ambicionas ser Júpiter, deliras. 

Dos lauros ¡oh FilácidesI ya tienes 
Del ístmico pancracio: las Nemeas 
Luchas, otro te dieron, que las sienes 
Ornó también del ínclito Piteas. 

Himnos tejer mi corazón no sabe 
Si de Eaco la prole no menciona. 
Hoy, que á los hijos de Lampón alabe 
Quieren las Gracias, y á su patria Enona. 

Y si para rendir justos honores 
Hallo una senda abierta y expedita, 
¿Por qué de antiguos héroes los loores 
Quiere la Envidia que mi musa omita? 

Celebrar á magnánimos guerreros 
Con cítara y con flauta, es vieja usanza. 
Merced á Jove, vates lisonjeros 
Cantarán hoy y siempre en su alabanza. 



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ODA V. 291 

Etolia así con víctimas venera 
A los hijos intrépidos de Éneo; 
Tebas al gran Yolao, en la carrera 
Nunca vencido, y Argos á Perseo. 

De Castor y de Pólux la divina 
Bravura, admira el cristalino Eurotas, 
Y de Éaco y sus hijos canta Egina 
El alma grande en armoniosas notas. 

Dos veces por su brazo las murallas 
De Ilion sagrada fueron demolidas: 
Una, Hércules los guía á las batallas; 
Siguieron» la segunda, á los Atridas. 

Elévame del suelo en tu sublime 
Cuadriga ¡oh Musa! y quién á Héctor valiente, 
Quién á Cieno mató y á Memnón, díme. 
Fiero caudillo de la Etiope gente. 

• ¿Quién del Caico atravesó en la orilla 
A Telefo indomable con su acero? 
¿Quién, sino aquellos por quien la isla brilla 
De Eginá, admiración del orbe entero? 

Allí desde el principio alta se eleva 
Excelsa torre, que las nubes hiende; 
Y fuerte escala de virtudes lleva 
Quien subir á su cúspide pretende. 



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292 ÍSTMICAS. 

De alabanza sin íin dardos certeros 
Puede mi lengua disparar á Egina. 
Te acaban de salvar sus marineros 
iDe Ayax Ciudad, insigne Salamina! 

Tragó la mar cadáveres sin cuenta; 
Que el contrario poder Jove deshizo, 
Fiero mandando bélica tormenta, 
Como á la tierra asolador granizo. 

A su gloria dará mejores mieses 
De oportuno callar riego fecundo: 
Que manda Jove triunfos y reveses; 
Jove, Señor de cuanto encierra el mundo. 

Mas ¿cuánto á la victoria satisface 
Triste silencio? El héroe que pelea, 
En cánticos triunfales se complace, 
De más dulce sabor que miel Hiblea. 

Venga ahora á luchar quien las hazañas • 
Sepa de la familia de Cleonico. 
Su brillo ¡oh tiempo destructor! no empañas: 
En esperanzas y oro el nieto es rico. 

Viva también Piteas, que á su hermano 
Guió de la gloria en la difícil senda; 
A correr lo adestró; formó su mano 
Y á su ardor juvenil impuso rienda. 



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ODA V. 



Í93 



Llévale tu corona, y tu velluda 
Cinta de lana; adórnenlo tus galas, 
Y á tu hermano ¡oh Filácides! saluda, 
Con este canto de ligeras alas. 



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ODA SEXTA. 



A FILÁCIDES, JOVEN LüéHADOR* 



Cual requiere festivo convite, 
Otra copa con himnos llenemos; 

Y á salud del atleta brindemos, 
Postrer hijo del grande Lapón. 

La primera te dimos ¡oh Jove! 
Cuando al ágil hermano Piteas, 
Coronaron las luchas Nemeas 
Con su lauro y mejor galardón. 

Hoy que el Istmo á Filácides canta ^ 
A vosotras, Nereidas cincuenta. 
La segunda mi mano presenta, 

Y á Neptuno, del Istmo Señor. 



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296 ÍSTMICAS. 

La tercera Castálide copa 
Que reservo á las glorias de Egina, 
Ya desde hora mi mu^ propina 
Al Olímpico Dios Salvador. 

El varón de los Dioses amado 
Que trabajo y tesoros prodiga, 

Y en su pecho magnánimo abriga 
El valor y virtud celestial. 

De la gloria si el árbol frondoso 
La Fortuna ha plantado en su huerto. 
Ancló ya de la dicha en el puerto 
El bajel de tan sabio mortal. 

Tai mostrarse hasta edad avanzada 
Quiere el hijo del gran Cleonico, 

Y en virtudes y méritos rico, 
A la tumba, por fín, descender. 

Y yo pido á las Parcas divinas. 
Sobre todo, á la altísima Cloto, 
Que se dignen al ínclito voto 
De mi amigo querido acceder. 

¡Oh Señores del carro dorado! 
Si á tal isla ¡oh Eácidas! llego, 
He probado que siempre la riego 
Con encomios de plácido olor. 

Hasta el Norte, y del Nilo á las fuentes. 
Llevaré vuestros hechos divinos, 
Por millares de largos caminos, 
Que hay abiertos de cómodo anchor. 



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ODA VI 297 

^Quién conoce tan bárbaro pueblo, 
Tan extraño al Heleno lenguaje, 
Que á la fama no rinda homenaje, 
Del gran héroe que á Tetis se unió? 

De Ayax fuerte y su padre robusto 
Con las glorias, la tierra está llena: 
En sus naves el hijo de Alcmena 
A luchar en Ilion los llevó. 

Telamón del falaz Laomedonte 
Corre alegre á vengar la perfidia; 
Fiel aliado, con Hércules lidia, 

Y penetran en Troya los dos. 

Con las flechas que nunca descansan 
Mata en Flegra al pastor (semejante 
A montaña) á Alcioneo el gigante, 

Y á los fieros Meropes en Cos. 

Al partir á la guerra de Troya, 
Telamón en gran cena se hallaba: 
Entra Alcides, al hombro la clava, 
Del león ostentando la piel. 

Lo ve el héroe; y el brindis primero 
Que jhronuncie, á Anfitriónides ruega: 
Copa de oro esculpida le entrega. 
Con licor más sabroso que miel. 

Elevando las manos al cielo, 
Invencibles en cien y cien lides. 
Majestoso á las preces Alcides 
Da principio, y al brindis, así: 



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298 ÍSTMICAS. 

«¡Padre Jove! Mi súplica ardiente 
Más que nunca hoy escucha propicia, 
Si á tu Numen algún sacrificio 
Agradable en un tiempo ofrecí. 

»A este joven, mi huésped futuro, 
Como el Hado inmutable desea, 
Tal progenie le dé su Eribea 
Que en valor no conozca rival. 

))Cual la piel que me cubre, su carne 
Penetrar no consiga el acero: 
La arranqué (mi trabajo primero) 
Al Ñemeo león colosal.» 

Así dice: y el águila augusta 
Hace Dios que á la tierra descienda, 
De las aves cual reina, y en prenda 
De que ha oído su santa oración. 

Se estremece de gozo al mirarla, 

Y así clama en su gran regocijo 
Con acento profético: «El hijo 

A que aspiras, tendrás, Telamón.» 

Y del águila el nombre le impone 
En memoria del fausto prodigio 
A Ayax fuerte, de inmenso prestigio 
En la guerra, y de Marte secuaz. 

Así el brindis Alcides termina: — 
Mas volver á Piteas importa, 

Y Eutimeno y Filácides; corta 
Tus recuerdos, ¡oh musa locuaz! 



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ODA VI. 299 

A los hijos ilustres y al tío 
Cantaré brevemente, á la Argiva: 
Tres coronas de espléndida oliva 
El pancracio en el Istmo les dio. 

Otras tres la frondosa Nemea 
En sus sienes impuso galante. 
¡Qué cantares su gloria brillante 
A los v/ites después inspiró! 

Con el suave celeste rocío 
De las Gracias, bañar les agrada 
La familia gentil Psalaquiada, 
De hijos ínclitos madre y nutriz. 

De Temistio la casa dejando 
Sobre sólida base construida, 
En Egina, del cielo querida, 
Residencia eligieron feliz. 

El anciano Lampón, el trabajo 
Con la industria acompaña de modo, 
Que el axioma del vate Hesiódo 
Con los hechos demuestra seguir. 

Lo repite á sus hijos constante, 

Y cok voz paternal los excita 
A dar gloria á su villa bendita 
Con proezas y honesto vivir. 

Su mansión se halla al huésped abierta; 
Lo hace amar su gentil cortesía; 

Y guardar la feliz medianía 
Ha sabido, á que sólo aspiró. 



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300 ÍSTMICAS. 

Cual la piedra que, en Naxos criada, 
Pulveriza los duros metales. 
Es buscada entre cien pedernales; 
Tal el mundo al anciano admiró. 

Entre atletas sin cuento descuella; 
Fiel la lengua interpreta su mente... 
Yo de Dirce en la límpida fuent;,e 
Hoy sus copas intento llenar. 

A las puertas de Tebas ilustre, 
Las que á Jove alumbró Mnemosina 
Dulces hijas, la fuente divina 
A mis plantas hicieron brotar. 



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ODA SÉPTIMA. 



A ESTREPSIADES DE TEBAS, 

VENCEDOR EN EL PANCRACIO. 



De los antiguos timbres de alta gloria 
Con que tu patrio suelo resplandece, 
¿Cuál ¡oh Tebas feliz! más te envanece? 
¿Será quizá la historia 
De Baco, tierno infante 
De melena flotante, 

Que diste tú á la luz, y es siempre al lado 
De la ruidosa Ceres adorado? 

¿Ó aquella noche en que con rica veste 
De nieve de oro, Júpiter divino 
De Anfitrión á la morada vino, 
Y progenie celeste 



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902 ÍSTMICAS. 

Vio germinar serena 

La afortunada Alcmena? 

¿Ó más de haber nutrido te glorias 

A Tiresias, fecundo en profecías? 

¿Por ventura en Yolao, de bridones 
ínclito domador, ó en los valientes 
Que produjeron del dragón los dientes 
Tus complacencias pones? 
¿O la derrota aciaga 
De Adrasto» más te halaga. 
Cuando sólo, sin huestes ni laureles, 
A Argos huyó, criadora de corceles? 

lÓ tu orgullo mayor, en la colonia 
Dórica cifras, que de tu almo seno 
Mandaste, y encontró firme terreno 
Allá en Lacedemonia, 
Cuando tu heroica raza 
(Los Égidas) la plaza 
De Amida, conquistó tras largo sitio, 
Según la predicción de Apolo Pitio? 

Se adormece la fama en sólo un dia, 
Y olvidan los mortales cada hazaña 
Que el rocío dulcísimo no baña 
De ínclita poesía. 
Unid á alegre canto 
De danzas el encanto 
En honor de Estrepsiades, cuya frente 
Corona el Istmo en el pancracio ardiente. 



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ODA VI). 303 

Tremenda robustez, bella figura, 

Y virtud no inferior el mozo ostenta: 
De las bellas Piérides ya cuenta 
Con la grata dulzura; 

Y al tío, cuyo nombre 
Lleva, inmortal renombre 

El joven sabe dar; noble Tebano 

Que en la guerra inmoló Marte inhumano. 

Va del honor la intrepidez seguida; 

Y el que en la nube de enemiga armada 
Aleja la sangrienta granizada 

De su patria querida, 

Y la feroz tormenta 

Que del hermano ahuyenta 

Lleva al contrario, gloria, vivo ó muerto, 

A su familia legará de cierto. 

¡Hijo de Diodoto, del guerrero 
Meleagro imitador, y del Tebano 
Anfiarao rival, y Héctor Troyano! 
Exhalaste el postrero 
Aliento, de la vida 
En la edad más florida, 

Y en las primeras filas, do se lanza 
El más bravo á lidiar sin esperanza. 

De inefable dolor tu triste muerte 
Llenó mi corazón; mas hoy la calma 
Neptuno conmovido trae á mi alma 
Tras vendaval tan fuerte. 



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904 ÍSTMICAS. 

Al son de mis cantares, 

Coronas á millares 

Tejeré al vencedor. ¡Mano enemiga 

De adverso Numen ¡ay! no me persiga! 

Si lejos de la guerra, consagrado 
De las amenas Musas al cultivo. 
En mi risueño hogar tranquilo vivo. 
Así lo quiso el Hado. 
Morir debemos todos; 
Mas de diversos modos 
Al sepulcro cada uno se encamina; 
Ni cuál será su término, adivina. 

Quien quiere más allá de su horizonte 
Llegar, ve que son débiles sus alas 
Para llegar á las etéreas salas. 
Así á Belerofonte 
Que penetrar desea 
De Jove en la asamblea, 

Y en su corcel subir al alto cielo. 
El alado Pegaso arroja al suelo. 

Del vedado placer tras la dulzura 
Amarguísimo fin al hombre espera. 
íOh tú. Señor de la áurea cabellera, 
Que de la edad futura 
Predices los arcanos! 
Abre, Apolo, tus manos, 

Y al que hoy celebro, da nueva corona 
En tus sagrados juegos de Pitona. 



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ODA OCTAVA. 



Á CLEANDRO DE EGINA, 



Alguno de vosotros 
¡Oh jóvenes poetas! 
Vaya de Telesarco 
A las doradas puertas, 

Y de Cleandro su hijo 
Las ínclitas proezas, 
Celebre, consumadas 
En juventud tan tierna. 

Los cánticos triunfales 
Organice, y la fiesta, 
A sus trabajos arduos 
Debida recompensa; 

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3(K> ÍSTMICAS. 

Y cante su victoria 
En la ístmica palestra, 

Y en los sagrados juegos 
De la umbrosa Nemea. 

Yo también, aunque mi alma 
Cubre mortal tristeza, 
A la áurea musa pido 
Su inspiración excelsa. 

Y ya que libre y salva 
Se ve la patria nuestra, 
De los grandes desastres 
De la pasada guerra. 

De cantos y coronas 
No es justo que carezca, 
Ni que la faz bañemos 
Con lágrimas eternas. 

Dejemos llanto inútil, 

Y dulce cantilena 
Después de tantos males 
Nuestros oídos hiera. 

Pues benéfico Numen 
Ya de nuestra cabeza. 
De Tántalo ha alejado 
La aterradora piedra. 



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ODA VIII. 307 

¡Ayl Sepultado habría 
La enorme roca á Grecia; 
-Que á repeler no bastan 
Su mole, humanas fuerzas. 



Al huir los temores, 
Huyó también mi pena: 
Gocemos de los bienes 
Tal como se presentan. 

El insidioso tiempo 
Con vorágine incierta, 
Revuelve de la vida 
Las aguas turbulentas; 

Pero remedio fácil 
A todas sus dolencias 
Halla el hombre, si sólo 
La libertad le queda. 

Tiempo es que la esperanza 
Nos llene lisonjera: 
Es justo que yo en tanto, 
Como educado en Tebas 

(¿Quién elogiar no ha oído 
Sus siete ilustres puertas?) 
Las flores de las Gracias 
Dócil á Egina ofrezca. 



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306 ' ÍSTMICAS. 

El mismo padre Asopo 
Las engendró gemelas, 
Y agradaron á Jove 
Las dos hermanas bellas. 



De la ciudad que baña 
La pura agua Dircea, 
(Célebre por sus carros) 
El cetro donó á Teba. 

A tí, Egina, de la isla 
De Enopia te hizo reina, 
Y allí la esposa fuiste 
Del que en Olimpo impera. 

Y ofreciste al Tonante 
Un hijo, cuya ciencia 
No han igualado cuantos 
Habitan en la tierra. 

Éaco fué, el divino, 
Que hasta en las diferencias 
De los Númenes, supo 
Juzgar con vara recta. 

Sus hijos semidioses 
De majestad excelsa; 
Sus nietos fueron héroes 
Terribles en la guerra: 



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ODA VIH. * 309 

Y si en la lid brillaba 
Como rayo su diestra, 
Lucía en el consejo 
Su altísima prudencia. 

De los Númenes, todo 
Recordó la asamblea, 
De Tetis por la mano 
En la viva contienda. 

Codiciaban Neptuno 

Y Jove su belleza, 
Ambos de amor -heridos 
Por la gentil Nereida; 

Mas de los Inmortales 
La sabia providencia 
Llevar no quiso á término 
La suspirada empresa. 

Consultan el oráculo, 

Y su veraz respuesta, 
La fatídica Temis 
Así al Senado lleva: 

«El hijo á quien dé vida 
La marina doncella, 
Del padre que lo engendre 
Superará la fuerza. 



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310 • ÍSTMICAS 

))Si,Jove, opondrá al raya 
Rayo de más potencia; 
Si Neptuno, un tridente 
Que su Tridente venza: * 



»Tal (dice) de los Hados 
La voluntad decreta. 
Vuestra amorosa lucha 
Fin ¡oh Númenesl tenga. 

))Dejadla que se enlace 
Con un mortal, y vea 
Al hijo de su vientre 
Morir en lid horrenda, 

»Aunque iguale su braza 
A Marte en fortaleza, 
Y aunque su pie veloce 
Relámpago parezca. 

»Yo opino que al Eácida 
Peleo, se conceda 
La ninfa en matrimonio, 
De gratitud en prenda, 

»Porque es el más piadoso 
Varón (la fama cuenta) 
De cuantos asaltaron 
De Jolcos las trincheras. 



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ODA VIII. :311 

)>De Quirón al instante 
A la inmortal caverna, 
Rápido mensajero 
Corra á anunciar la nueva. 

»De Nereo la hija 
A ser causa no vuelva 
pe que la paz perturben 
Disensiones acerbas; 

»Y luego que en el cielo 
Brille la luna llena, 
Rómpase de su intacta 
Virginidad la rienda.» 

Así á los dos Saturnios 
La Diosa habló severa, 
Y aprobación mostraron 
Con sus divinas cejas. 

Del vaticinio el fruto 
Germinó con presteza; 
Que apresuró las bodas 
Peleo, según cuentan. 

De Aquiles, tierno vastago 
De aquella unión, doquiera 
Pregonó las hazañas 
La voz de los poetas. 



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a\2 ÍSTMICAS. 

Él del vencido Télefo 
Hizo la sangre negra 
Correr entre las vides 
De la Misia pradera. 

A su robusto brazo 
(Igual á puente férrea 
Sobre la mar) debieron 
Los Atridas su vuelta. 

Él devolvió glorioso 
La libertad á Helena, 
Derribando su lanza 
Las columnas soberbias 

Que del Troyano campo 
En las lides sangrientas, 
A su marcha oponían 
Impasable barrera: 

A Memnón orgulloso, 
A Héctor, rayo de guerra, 
Y á mil otros caudillos 
De indómita fiereza, 

Que á la morada oscura 
Do Proserpina reina, 
Mandó de los Eácidas 
El Rey y flor primera 



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ODA VIH. 313 

Que á Egina y á su estirpe 
Dio fama sempiterna, 
Y en cuyo honor, los himnos 
Ni aun en la tumba cesan. 



Su pira circundaron 
Las Vírgenes Pimpleas 
Entonando elegías 
De celestial cadencia. 

Con tal ejemplo al hombre 
Los Númenes enseñan, 
Que cantar á los muertos 
Es piadosa tarea. 

Del carro de las Musas 
No sin razón las ruedas, 
Hoy del púgil Nicocles 
Sobre la tumba vuelan . 

Honradlo: que en el Istmo 
Coronó su cabeza 
El apio que germina 
En las Dóricas glebas, 

Después que á sus vecinos, 
En menores palestras, 
Venció mil ocasiones 
Con indómita diestra. 



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314 ÍSTMICAS. 

De su robusto primo 
No desdice, de veras, 
Quien hoy en el pancracio 
Venció, joven atleta. 

A Cleandro coronas 
De verde mirto teja 
Alguno de vosotros 
¡Oh jóvenes poetas! 

Que ya luchó de Alcato 
Con éxito en la arena, 
Y en Epidauro obtuvo 
Magnificas preseas. 



¿De elogio quién más digno 
Que el joven que su tierna 
Edad no gasta en ocio 
Oscuro, y vil pereza? 



FIN DE LAS ODAS. 



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NOTAS. 



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NOTAS A LAS OLÍMPICAS. 



JUEGOS OLÍMPICOS. 



Los juegos Olímpicos tomaron su nombre de Olim- 
pia, llamada también Pisa, ciudad de Elide; ó quizá de 
Júpiter Olímpico, á quien eran dedicados. Celebrá- 
banse cada cinco años en la referida Olimpia, y de 
aquí vino la costumbre de computar el tiempo por 
Olimpiadas ó lustros. Se empezaban el undécimo día 
de Hecatombeón, mes griego que corresponde, poco 
más ó menos, á nuestro julio, y duraban los certáme- 
nes cuatro días, siendo en el cuarto el plenilunio que 
dividía el mes en dos partes iguales. El premio del 
vencedor consistía en una corona de oliva silvestre; 
pero su fama era tal que se le erigían estatuas y se 
cantaban y componían himnos en su honor. 

Según nuestro Píndaro y Estrabón, Hércules fundó 
los juegos Olímpicos cuando, burlado por Augías, in- 
vadió la Elide y mató al infiel monarca. 



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318 NOTAS. 



ODA PRIMERA. 

Está dedicada áGerón, rey de Siracusa, vencedor en 
las carreras de caballos de silla. Algunos han creído 
que la carrera en el velete (xéXijtt) se hacía sobre dos 
caballos en pelo, saltando el jinete con velocidad de 
uno á otro. La opinión general es que el tal célete era 
un solo corcel, que sin ser uncido á carro alguno, se 
montaba como hoy día nuestros caballos de silla. Se 
escribió esta Oda en la Olimpiada 77, año i.o, 472 an- 
tes de J. C. Fué cantada en Siracusa en un banquete 
en el palacio del Rey. 

Pág. 3, V. I. — Nada hay mejor que el agua, etc. — 
Era opinión de Tales de Mileto, uno de los siete sabios 
de Grecia, que el agua era el primero de los elemen- 
tos y el origen de los demás. Es como si dijera Pin- 
daro: Entre todos los juegos, los Olímpicos son los 
mds eminentes, como el agua tiene el primer lugar 
entre los cuatro elementos, el oro entre los metales^ el 
sol entre los astros. 

Pág. 4, V. 8 — El arpa hiere, etc^Parece que era 
costumbre en los banquetes presentar una arpa á los 
convidados: el no saberla tocar era señal de educación 
poco esmerada. 

Pág. 4, V. II.— Líi citara de 2>oriVi.— Había tres cla- 
ses de cantos entre los Griegos, el Dórico, el Lidio y 
el Eólico. Eli otra parte hablamos de ellos más exten- 
samente. No sabemos si el descolgar la lira es aquí 
una simple ñgura, ó si terminado el recitado empeza- 
ba la música con este verso. 

Pág. 4, V. i3 — Del Alfeo y Ferénico la gloria.— 
Ferénico era el nombre del famoso caballo de silla de 
Gerón. El río Alfeo nace en Arcadia, corre cerca de 
Pisa por el territorio Eleo, y entra en el mar Jonio. 

Pág. 4, V. 20.— Que Pélope ele Lidia condujera 

Pélope, y su padre Tántalo, rey de Sípilo en Lidia, 



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NOTAS. 319 

derrotados por lio, rey de Troya, fundaron una colo- 
nia en Grecia. 

Pág. 4, w. 24 y siguientes. — Alude Píndaro á la co- 
nocida fábula que supone que Tántalo sirvió á los 
Dioses en horrendo banquete los miembros de su hijo 
Pélope. La Parca Cloto volvió á formar el cuerpo de 1 
niño en la caldera que el Poeta WAma pura en contra- 
posición á la impía en que le coció el padre inhumano; 
pero Ceres, más hambrienta que las otras Deidades, 
había ya devorado un hombro de Pélope, y fué pre. 
ciso hacérselo de marfil. El piadoso P/ndaro desecha 
esta irreverente historia. 

Pág. 6, V. 2.— Dice el original: (Jicxá Tpc6í>v tiTapxov 
icóvov, y leyendo de este modo he traducido conforme 
á la interpretación del Escoliasta. Otros leen tiTapToc, 
es decir: es el cuarto que sufre tan tremendo castigo, 
siendo los otros tres Ixión, Sísifo y Ticio. 
• Pág. 7, V. 19. — Ya de Enomacf trece corazones la 
lan^a atravesó, — Enomao, rey de Pisatis, prometió 
dar á su hija Hipodamia en matrimonio á aquel de sus 
amantes que lo venciera en las carreras de carros. 
Los caballos del suyo eran hijos del viento, y nadie 
antes de Pélope pudo vencerlo; antes bien, trece des- 
dichados cayeron atravesados par la lanza del padre, 
demasiado amante de su hija, en el momento en que 
creían alcanzar la victoria. 

Pág. 8, V. i¿^.—Seis héroes le dio Dos de estos se- 

midioses, criados por las Virtudes, cual por celestes 
nodrizas (según la fuerza intraducibie del original)) 
fueron Atreo, padre de Agamenón, y Tiestes. ,^' j /^ 

Pág. 8, V. 17. — Cabe su altar y túmulo. — Hércules 
separó un terreno llamado el Pelopion, en que Pélope 
era venerado sobre todos los semidioses , del mismo 
modo que Júpiter sobre todas las Deidades. 

Pág. 9, V. 16. — De Croñio la región,— Etsl el Cronio 
un monte cerca de la Olimpia, consagrado á Cromos, 
ó sea Saturno. /^-^ *. ..'*>•- *•• ■ --r. 



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320 NOTAS. 



ODA SEGUNDA. 



Dedicada á Terón, rey de Agrígento, vencedor en 
las carreras de carros. Fué escrita en la Olimpiada 76, 
año I.**, 476 antes de J. C, y cantada, probablemente, 
en un banquete en Agrigento. 

Pág. 12, V. 22. — Lo que pasó, niel tiempo d deshacer 
alcan:(a. — Alude esta sublime sentencia á una disen- 
sión terrible entre las cortes de Agrigento y de Sira- 
cusa, y á la guerra que estuvieron á punto de decía- 
rarse Gerón y Terón. 

Pág. i3, V. 9. — Aunque del rayo Aerzíte.— Semele, 
madre de Baco (por otro nombre Lieo) y amada de 
Júpiter, se empeñó en que su divino amante dejara el 
incógnito; y pereció herida por uno de los rayos que 
tenían que acompañar á la descubierta majestad del 
Tonante. 

• Pág. i3, V. iS.—Ino en el Ponto, etc Ino, otra hija 

de Cadmo, fué esposa de Atamante, rey de Tebas, á 
quien Juno volvió loco. Ella desesperada se precipitó 
en el mar; pero Neptuno, rindiéndose á las súplicas 
de Venus, le convirtió en divinidad marina. 

Pág. 14, V. 7 Desque el fatal Edipo. — Conocida es 

la triste historia de Edipo. Predijo el oráculo Dél6co 
que había de dar muerte á su padre Layo, y éste lo 
mandó matar en la infancia. Salvado el niño por un 
criado compasivo, y educado por un pastor, encontró 
más tarde al autor de sus días y lo mató sin conocerlo. 

Pág. 14, V. i3,-~Erints mira el crimen. — ^Polinices 
y Eteocles, hijos de Edipo, convinieron en reinar en 
Tebas alternativamente. Al terminar Eteocles su pe- 
ríodo rehusó entregar el trono á su hermano, quien 
huyó á Argos y consiguió que Adrasto (con cuya hija «-T;"^- 
Argía casó) y otros cinco caudillos vinieran con él á 
asaltar á Tebas al frente de numerosas huestes. Pe> 
recieron los dos hermanos, pero sobrevivió Tesandro, 

j:^-. ■/-' . /// r A^^ I' " 

^p ^'Uj¿r-^ Ja 



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NOTAS. 321 

hijo de Polinices y Argía, de quien, según Píndaro, 
era descendiente Terón. 

Pág. i6, vv. i3 y sig.— Notable es todo este pasaje 
impregnado de las doctrinas pitagóricas, que han re- 
sucitado en nuestros días los llamados espiritistas. 

Pág. 19, V. 2.— Ingratos turbulentos,— Fueron éstos 
dos primos de Terón, Capis é Hipócrates, que el rey 
había colmado de favores, y acaudillaron contra su 
bienhechor una rebelión que fracasó. 

ODA TERCERA. 

Dedicada al mismo, y probablemente por la misma 
victoria. Cantada verosímilmente en Agrigento en 
las fiestas Teoxenias en honor de Castor y Pólux, lla- 
mados por antonomasia los Gemelos, 

Pág. 22, V. 24. — Eljue![ Etolio. — Los jueces en los 
juegos Olímpicos, llamados Helanódicas, eran todos 
Eleos, Aquí alude Píndaro á Oxilo, de Etolia, que llevó 
á los Heráclidas al Peloponeso, y fué. rey de Elide y 
el primer juez de los juegos Olímpicos: de aquí el 
epíteto de Etolio se extendió á todos los Helanódicas. 

Pág. 22, V. 25.— 7r¿yo de las umbrosas fuentes del 
Istro.—Ni Píndaro ni los poetas antiguos en general 
er§in muy peritos en geografía. No se admire, pues, 
el lector de ciertos viajes rápidos y extraordinaria- 
mente asombrosos que nuestro autor hace emprender 
á sus héroes, ni se maraville de que Hércules haya 
ido á las márgenes del Danubio y á las regiones más 
septentrionales á buscar la oliva que nosotros esta- 
mos acostumbrados á ver florecer en el Sur. 

Pág. 23, V. 14. — Pupila de la noche.— A pesar de mi 
resolución de ser brevísimo en las notas, no pueda 
menos de llamar la atención del lector á este bellísima 
epíteto de la luna. 

Pág. 24, V. 25. — A la tribu Emenida,—Ersí la tribu 
de Terón, y le dio el nombre su abuelo Emenides,, 
que destruyó la tiranía de Faláride. 

21 



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322 NOTAS. 



ODA CUARTA. 



Dedicada á Saumis, hijo de Acrón, de Camarina en 
Sicilia, vencedor el año i de la Olimpiada 82, 452 an- 
tes de Jesucristo. Cantada en Olimpia durante la pro- 
cesión al altar de Júpiter. 

Pág. 27, vv. I y sig. — ^En el original la expresión 
iXaxi^ ppovxflíc &)ca(iLavxóicoSo<, tiene una fuerza que 
he procurado en lo posible darle en la versión. Nos re- ' 
presenta á Júpiter agitando sus rayos á guisa de cor- 
celes de terrible cuadriga. 

Pág. 27, V. 4.— Yii volvieron tus Horas,— Etaií tres 
las Horas é hijas de Júpiter. Indica esta frase que 
había ya vuelto el tiempo prefijado para los juegos 
Olímpicos. 

Pág. 28, V. 5. — Las cien cabe!(as de Tifón rugien- 
te,— Evdi Tifón uno de los Gigantes que hicieron la 
guerra á Júpiter, por quien fué vencido y encadenado 
bajo el monte Etna, hoy Mongibelo. 

Pág. 29, vv. 6 y sig.— -Pasó esta escena durante la 
expedición de los Argonautas. 



ODA QUINTA. 

Dedicada al mismo Saumis, y cantada en Camarina 
en la procesión al regreso del vencedor. 

Pág. 3i, w. I y sig—Junto á Camarina había una 
laguna del mismo nombre, y es la que el poeta ape- 
llida hija del Océano, Aquí, como en otras mil oca- 
siones, Píndaro se dirige á la ninfa ó deidad protec- 
tora del lugar. 

Pág. 3 1, V. II.-— Loí seis altares dobles, — El vence- 
dor en los juegos Olímpicos acostumbraba sacrificar 
á los dioses protectores de los mismos, en cuyo honor 
se habían construido seis altares, llamados dobles por- 



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NOTAS. 323 

<]ue cada uno estaba consagrado á dos divinidades. El 
primero (según Herodoto) estaba dedicado á Júpiter y 
Neptuno, el segundo á Juno y Minérra, el tercero á 
Mercurio y Apolo, el cuarto á Baco y á las Gracias, 
*^-e\ quinto/al río Alfeo, y el sexto á Saturno y á Rhea. 
Pág. 32, V. 5.— y d tu sede now'ftma.— Camarina 
fué dos veces destruida por los Siracusanos, y Saumis 
contribuyó mucho á su reedificación. 

Pág. 33, V. 3.-^Y al antro sacro Ideo.^En esta ca- 
verna, situada en el monte Ida, en la isla de Creta, 
ocultó Rhea á Júpiter, que de otra manera habría 
sido devorado por Saturno. 



ODA SEXTA. 

Dedicada á Agesias, hif o de Sóstrato de Siracusa , 
perteneciente á la tribu de los Yámidas, vencedor en 
la carrera de carros tirados por muías. Era el gran 
sacerdote que sacrificaba en el grande altar de Júpiter 
ea Olimpia. Fué cantada en Estinfalia, en Arcadia, 
probablemente en algún banquete de los Yámidas, y 
escrita, quizás, el año de 468 antes de Jesucristo, 
I.® de la Olimpiada 78. 

Pág. 35, vv. I y sig. — Permítame el lector llamarle 
la atención á este espléndido exordio. 

Pág. 36, vv. 4 y 5 — Tal coturno pones d tu divina 
planta.-^Crto haber traducido con suficiente elegan- 
cia una frase que á varios modernos ha parecido baja, 
pero que no lo es en griego. 

Pág. 36, V. i5. — Anfiarao, hijo de Oicleo, profeta y 
guerrero, fué uno de los siete jefes que asaltaron á 
Tebas. 

Pág. 35, V. 21. — De Talayón el vdstago.^Es decir, 
Adrasto. 

Pág. 37, vv. 10 y sig. — ¡Oh Fintis, ven! etc.— Este 
arranque poético es encantador. Apostrofa el poeta á 
Fi ntis, cochero de Agesias, y le manda lo lleve á Pi- 



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324 NOTAS. 

tana, ciudad en las orillas del Eurotas, que el autor 
identifica luego con Pitaña la ninfa, hija del Eurotas 
cuya historia narra. 7^ e J^i4-fi}^-^^ ^\ ^- j t o A* ^ ^t , . 

Pág. 38, V. 7.— y de^ta* Arcadia ai 'pr¿nctpe!-^És 
decir, á Epito. 

Pág. 40, V. 2. — Nombre inmortal, — ''lov, nombre de 
la violeta en griego, tiene alguna semejanza con 
Yamo, 

Pág. 41, y. 6.-^De la adivinación la doble ciencia. — 
Es decir, la. piromancia y el entusiasmo (según Bene- 
dict), ó el arte de vaticinar y la piromancía (según 
Heyne), ó el privilegio de oir la voz de Apolo en esta 
ocasión y de oficiar después como sacerdote (según el 
Escoliasta). 

Pág. 42, V. i6.^¡Esttnfalia Metope !—Metope, hija 
del río Landón, cerca de Estínfalo, en Arcadia, fué 
esposa del Asopo, río Tebano. De Metope y Asopo 
nació Teba, ninfa que dio su nombre á Tebas, patria 
de Píndaro. 

Pág. 43, V. I. — ¡Vamos, Eneas!— Se dirige al direc- 
tor del coro por quien fué cantada esta oda. 

Pág. 43, V. S.^El viejo adagio.— BotúiTia oc, Bofotia 
sus, era el proverbio despreciativo con que se desig- 
naba á los habitantes de Beocia. Notemos que el nom- 
bre de este inmundo animal no tenía en griego el sig- 
nificado obsceno que en algunos idiomas modernos, y 
equivalía únicamente á nuestro asno, 

Pág. 43, vv. 10 y sig.— Ceres y Proserpina eran dei- 
dades tutelares de Sicilia, y Júpiter era especialmente 
adorado sobre el Monte Etna. 



ODA SÉPTIMA. 

Dedicada á Diágoras de Rodas, vencedor en el pu- 
gilato. Escrita en la Olimpiada 79, año i.^, 464 antes 
de J. C. Cantada en Yaliso, en un banquete público 
de los Eratidas. Esta oda se considera modelo acabado 



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NOTAS. 325 

de poesía lírica, y dice se que agradó tanto á los Ro- 
cíos, que la hicieron grabar en letras de oro en el 
templo de Minerva Lindia, no sólo en honra de la isla 
y de su afortunado campeón, sino también del inmor- 
tal poeta. 

Pág. 46, V. 25,^Ninfa que el Sol augusto, —Aquí, 
•como en otros mil casos, identiñca Píndaro á la ninfa 
con la isla, 

Pág. 52, V. i.^Del Sol un hijo Siete fueron los 

hijos que tuvo el Sol en la ninfa Rodas, á saber: Cer- 
cafo, Actis, Macareo, Tenages, Triopi, Faetonte y 
Oquimo. El primero fué el padre de los tres héroes 
mencionados en el texto, que dieron sus nombres á 
las tres célebres ciudades de la isla. 



ODA OCTAVA. 

Dedicada á Alcimedonte de Egina, vencedor en el 
•certamen de pugilato entre los jóvenes. Escrita el 
año I ,^ de la Olimpiada 80, 460 antes de Jesucristo. 
Cantada en la misma Olimpia en la procesión después 
<le la victoria. 

Pág. 55, V, 3.^Reina de la verdad.-^Alude á las 
profecías del sacerdote, descendiente de Yamo, que 
oficiaba en el altar de Júpiter. 

Pág. 55. w. 4 y sig El corazón, el hígado y los 

demás intestinos de las víctimas, suministraban al 
augur medios para adivinar lo futuro. Parece que los 
atletas consultaban á éste antes de la lucha. 

Pág. 56, V. 22.-'Alli TVmií.— Temis, madre de la 
Justicia, era hija del Cielo y de la Tierra. Tenía un 
templo en Tebas, y quizá por esto la menciona Pín- 
daro tan á menudo. 

Pág. b-j^ V. 10.— Desde Eaco^ la Dórica familia la 
gobernó. — Muerto Eaco, Triacón tomó posesión de 
Egina con un ejército de Argivos, que eran de origen 
Dórico. 



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326 NOTAS. 

Pág. 57, ▼. i3.— -4/ semidiós Uamaron.-^Dt otra ma- 
nera no habrían podido ser destruidos los muros de 
Troya, si sólo dioses inmortales los hubieran edi- 
ñcado. 

Pág. 57, V. 23.— Ltf asaltan tres serpientes Simbo- 
lizaron éstas los tres asaltos dados á Troya: el pri- 
mero por Peleo y Telamón, el segundo por AquÁes. 
y el tercero por Pirro. T^. ^* ^cvui-^U^^ ^*^,^Á^- ¿Sl^ 

Pág. 58, V. 7. — En la primera y cuarta genera- 
ción, — Peleo y Telamón pertenecían á la primera ge- 
neración de Eaco, exclusive; Pirro á la cuarta, inclu- 
yendo á Eaco en el cómputo.VrÍ'ft|t't^e/^^<**;A^351 - 

Pág. 58, V. w.—Yáe las Ama:{onas, etc.— Esta na- 
ción, real ó imaginaria, de belicosas mujeres, se ha- 
llaba en Capadocia, cerca del río Termodonte. No se 
dice por qué las visitó Apolo, ni menos cómo pasó 
por esas comarcas, yendo del Xanto (río llamado Es- 
camandro por los Dioses, según Homero, y que corría 
cerca de Troya) al Danubio y á la región de los Hi- 
perbóreos. 

Pág. 59, V. i.-^En él pancracio — Era el pancracio 
una especie de combate en que los atletas luchaban 
con todos los miembros y fuerzas de su cuerpo. Plu- 
tarco da á entender que era un certamen compuesta 
del pugilato y la lucha. 

Pág. 59, V. 26.— A los bravos Blepsíades. — Eran una 
tribu de Egina, á la cual pertenecía Alcrmedonte. 

Pág. 60, V. y.—: Oh Fama, de A^ercurio hija! No es 
á la Fama que conocemos á quien invoca el poeta, 
sino á 'A^Y^^'*» hija de Mercurio, ^ffú^n^ 6 mensa— 
jero de los Dioses, encargado de llevar al Orco las 
almas de los muertos y de presidir los juegos. Algu- 
nos intérpretes latinos traducen esa palabra Nuncia- 
tio, ; Quedaría bien expresada en castellano, por 
Anunciación, hija del heraldo de los Dioses? Puede 
ser; pero no me atreví á traducirla de tal modo, y 
preferí seguir á los intérpretes ingleses é italianos, y 
á nuestro Berguizas. Parece que los difuntos Món y 



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NOTAS. 327 

Calimaco, que más abajo se mencionan, eran el tío y 
el padre del vencedor. 

Pág. 6o, V. 19.-— il I^émesis. — Era Némesis diosa de 
la venganza, la más inexorable de todas las divinida- 
des, 7 destinada á mezclar infortunios con la felicidad 
humana para apartar á los hombres de la insolencia y 
del orgullo. 



ODA NOVENA. 

Dedicada al luchador Efarmosto, de Opunte, capi- 
tal de Locris. Escrita en la Olimpiada 81, año i.«, 
456 antes de J. C. Cantada á la luz de las antorchas en 
dicha ciudad, al volver el vencedor de coronar el altar 
de" Ayax. 

Pág. Oí, V. i. -^Bastante ha resonado, etc.— Fué 
Arquíloco, poeta de Paros, célebre por sus versos 
yámbicos y por la acrimonia de su musa. Floreció 
trescientos años antes de Píndarb, y compuso un 
himno en honor de Hércules, que constaba de tres es- 
tancias, y que, según la costumbre que después se in- 
trodujo, tres veces se cantaba en los juegos olímpicos. 
Píndaro, con su oda compuesta ad hoc, hace callar 
esta triple melodía, que siendo de communi, no podía 
satisfacer á cada vencedor. Véase en la Olímpica I la 
historia de Hipodamía y Péiope, y no se olvide que el 
monte Cronio era una colina en Olimpia, consagrada 
á Saturno. 

Pág. 62, vv. 7 y sig. — ¡Temis! En ella imperas, con 
Eunomia. — Temis y Júpiter eran padres de las Horas, 
llamadas Dice ó la Justicia, Irene ó la Paz, y Euno- 
mia ó la Buena Ley, Cerca del Alfeo estaba Olimpia , 
y junto á la fuente Castalia Delfos ó Pitona: la madre 
de los Locreses es Opunte, su capital. 

Pág. 62, vv. 25 y sig.— ¿5m ellos cómo pudo, etc. — 
Hércules, muerto Traquinio, vino á Pilos por orden 
de Febo, para que Neleo, hijo de Neptuno, lo purifi- 



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328 NOTAS. 

case. Negóse Neleo, y riñó con él el semidiós, y con 
Neptuno, que acudió á la defensa de su hijo. 

El mismo Hércules vino á Delfos á consultar al 
oráculo, y al respondérsele que Apolo no estaba en 
casa ni podía darle audiencia, airado derribó la trípo- 
de y se portó en el templo con desacato inaudito. 

El mismo, cuando bajó al Infierno á sacar al Cerbe- 
ro, tuvo antes que vencer á Plutón, que se oponía á la 
empresa. La vara que aquí se dice pertenecer á éste, 
generalmente se atribuye á Mercurio, á quien servía 
par^ conducir á las regiones infernales las almas de 
los difuntos. 

Pág. 63, V. iZ.—De Protogenia la ciudad Llámase 

así á la ciudad de Opunte, del nombre de Protogenia. 
madre del joven Opunte. 

Pág. 63, vv. i6 y sig. — Bajaron del Parnaso y de. 
las piedras, etc. — Pirra y Deucalión, salvados del di- 
luvio en el monte Parnaso, consultaron el oráculo de 
Temis sobre la regeneración de la raza humana. Por 
su orden arrojaron piedras tras de sí, que se convir- 
tieron en hombres y mujeres, y formaron un pueblo 
nuevo. En griego piedra es XaSc, y de esta palabra se 
supone derivada la voz Xadc, pueblo. 

Pág. 64, vv. 7 y sig. — Oscuro es este pasaje en el 
original, y no me glorío de haberle dado claridad en la 
traducción. Consulte el curioso á Benedict, Heyne y 
el antiguo Escoliasta, á quien he seguido esta vez. Di- 
rígese el poeta á los Locreses, descendientes de Júpi> 
ter y de Protogenia, hija de Deucalión (llamado tam- 
bién Opunte y nieto de Japeto) y esposa de Locro. ¿Se 
llenó éste de regocijo porque su consorte había con- 
cebido por obra del Rey de los Dioses, ó porque creyó 
que era propio el fruto divino? Benedict en su pará- 
frasis indica lo segundo. 

Pág. 65, vv. 8 y sig.— Cío^o vdstagOyttc, — Patroclo, 
el amigo de Aquiles, era hijo de Menéelo y de Estéiie- 
le; Telefo lo era de Hércules y Auge. Teutrante (que 
aquí llamo Teutrano) era rey de Misia, en cuya costa 



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NOTAS^ 329 

desembarcaron por error los Griegos en su expedi- 
ción contra Troya. 

Pág. 66, vv. II y sig. — No sólo había en Grecia los 
juegos Olímpicos, Píticos, Ístmicos y Ñemeos, sino 
que se celebraban en Atenas los Panateneos, en honor 
de Minerva; en Argos y Pelene otros en honor de 
Juno; en Mará tona, en honor de Hércules; en Parra - 
sia, ciudad de Arcadia, los Liceos, en honor de Júpi - 
ter Liceo. En Eleusis, Ceres y Proserpina eran hon- 
radas con los juegos Demetrios, Anaclipterios y Eleu- 
sinios; y en Tebas, donde estaba el monumento de 
Yolao, hijo de Iñcles, el hermano de Hércules, cele- 
brábanse fiestas en honor del mismo. 

Pág! 67, V. último. — Lleva al altar del vastago de 
Oileo, — En Opunte había también juegos consagrados 
á Ayax, hijo de Oileo, caudillo de los Locreses en la 
guerra de Troya. 



ODA DÉCIMA. 

Dedicada á Agesidamo, hijo de Arquéstrato, de Lo- 
cris Epizefiria ú Occidental, quien fué vencedor en el 
pugilato en la Olimpiada 74 según unos, en la 84 se- 
gún otros. La oda fué escrita muchos años después, y 
para compensar al héroe de la tardanza, le promete 
pagar su deuda con usura, como lo hace dedicándole 
con este nombre también la oda siguiente. 

Pág. 71, V. 2. — Del inocente Cteatoy de Eurito. — 
Eran éstos hijos de Neptuno y de Moliona, que ayu- 
daron á Augías en su guerra contra Hércules, cuando 
éste quiso hacer efectivo el precio estipulado por 
aquél, por la limpia de sus establos. 

Quien haya leído atentamente las notas anteriores, 
comprenderá esta oda sin necesidad de más explica- 
ciones, que omito brevitatis causa. 



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330 NOTAS. 



ODA UNDÉCIMA. 

Constituye esta oda la ganancia ó usura prometida 
en la anterior. 

ODA DUODÉCIMA. 

Dedicada á Ergóteles, natural de Cnoso, en Creta, 
y vecino de Himera, en Sicilia, desde la sedición en 
que tomó parte y lo obligó á expatriarse. Fué vence- 
dor en la carrera larga (es decir, recorriendo doce 
veces el estadio; ó, según Suidas, veinticuatro veces) 
en la Olimpiada 77, año i, 472 antes de J. C. Fué can- 
tada en Himera, en el templo de la Fortuna. 

Pág. 77, v. 2. — De Jove íoíerawo.— Perdóneme el 
lector por haber omitido, no permitiéndomelo el me- 
tro, el epíteto de Libertador, que aquí da el autor á 
Júpiter, y que le conviene admirablemente, ya por 
haber libertado á Ergóteles de los peligros que corrió 
en Creta, ya en memoria de la derrota que los Persas 
sufrieron en Platea, en Beocia. 

Pág. 78, V. 9 — Cual gallo altivo'^ etc.— Lo que aquí 
expreso en una estrofa entera, Píndaro lo dice con 
una sola palabra: i)íto\>.áLjaL^. Las monedas de Himera 
tenían estampado un gallo, y naturalmente ocurrió al 
poeta esta bellísima comparación. 

Pág. 78, V. T^.^Das de las ninfas d la tibia fuen- 
íe.— Cuando Hércules llevaba por Sicilia las vacas de 
Gerión, Minerva hizo brotar esta fuente, cerca de 
Himera, para alivio del fatigado semidiós. 



ODA DECIMOTERCERA. 

Dedicada á Jenofonte de Corinto, que fué vencedor 
en la Olimpiada 79, año i, 464 antes de J. C. Cantada 



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NOTAS. 331 

en Corínto, en la procesión formada al regreso det 
héroe. Su victoria fué doble, á saber: en la carrera á 
pie» y en el quíntuple ejercicio compuesto de salto, 
carrera, arrojar el disco, lanzar el dardo, y lucha. 
Este último llámase en griego icévradXov, en latín 
quinquertium. Aunque el traductor italiano lo llama 
pentatlOy y nuestro Berguizas quinquercio, no me he 
atrevido á introducir estos nombres en castellano, y 
he preferido llamarle cinco-juegos, cinco-lides ó cinco- 
luchas, 

Pág. 79, V. 9.— jETw donde Eunomia mora — Véanse 
las notas á la Oda IX. 

Pág. 80, V. 9 — Hijos del noble Aleta.-^Wetñ ó Ale- 
tes, biznieto de Hércules, conquistó á Corinto al 
frente de un ejército de Dorios. Los Corintos, por tan- 
to, se llaman aquí sus hijos. 

Pág. 80, V. 18.— y el Bdquico cantar Era el Diti 

rambo una danza circular acompañada de un himno, 
inventada en Corinto, y acostumbrada en las fiestas 
de Baco. El premio del compositor era un toro que se 
inmolaba al dios. 

Pág. 80, vv. 19 y 20.— £/ instrumento que al rápido 
corcel lanj^a y enfrena, etc. — Como veremos en esta 
misma oda, el freno fué inventado en Corinto, lo 
mismo que el arte de manejar caballos. 

Pág. 80, V. 21.— Con las águilas áe oro.— Sobre el 
pórtico de los templos griegos había unas águilas; 
adorno introducido por los Corintios. 

Pág. 80, V. 27.—^ sulaáo Marte — Alude probable- 
mente á la parte que los Corintios tomaron en las ba- 
tallas de las Termopilas, Salamina y Platea. 

Pág. 81, V. 3o.— Loí Helótides arenas — Los juegos 
Helótides consistían en carreras con antorchas, y se 
celebraban en Corinto en honor de Minerva Helótide. 

Pág. 82, V. 6 El bosque del león.—Es decir, los 

juegos Ñemeos. 

Pág. 82, V. 23.— De tu S/íi/ó.— Fué rey de Corintio 
y abuelo de Belerofonte. Aunque condenado en el In- 



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332 NOTAS. 

6erno á estar rodando continuamente, del pie á la 
cumbre de una colina, una inmensa piedra, que volvía 
luego á caer, era muy estimado en su antiguo reino. 

Pág. 8a, V, 27.—^ la tierna Medea. — Fué hija de 
Etas, rey de Cólquide. Cuando llegaron los Argonau- 
tas en busca del Vellocino de oro, ella, enamorada 
del caudillo Jasón, lo libró de las asechanzas de su 
padre, le hizo obtener el deseado vellón, y lo siguió á 
bordo del ^r/^o. • 

Pág. 83, vv. 2 y 3. — Al Efireo se miró ya sitiado, 
ya asaltante. — Efíra es el antiguo nombre de Corinto. 
Glauco, rey de Licia y nieto de Belerofonte de Corin- 
to, combatió al lado de Príamo en el célebre sitio, 
mientras los Corintios, al mando de Agamenón, esta- 
ban de parte de los sitiadores. La fuente Pirene, cé- 
lebre por sus aguas cristalinas, estaba al pie de la ciu- 
dadela de Corinto. 

Pág. 83, vv. 16 y sig. — ¡Cuántas penas al Princi- 
pe^ etc. — Belerofonte, hijo de Glauco (que no hay 
que confundir con el Glauco de que acabamos de 
hablar), domó á Pegaso, el caballo alado de las Musas, 
nacido de la sangre de Medusa, una de las tres Górgo- 
nas, cuando la degolló Perseo. El modo lo narra Pin* 
daro en la oda presente. 

Pág. 85, V. 9. — A Quimera.^Ersi Quimera un mons- 
truo, cuya parte anterior era de león y la posterior de 
serpiente. 

Pág. 85, V. 12— il los Solimos.— Hibitab^n la región 
entre Licia y Panfilia. Después que Belerofonte in- 
tentó subir al cielo sobre Pegaso, Júpiter mandó un 
tábano que hirió al corcel, el cual derribó á su jinete, 
y fué admitido en las caballerizas del cielo, converti- 
do en constelación. 

Pág. 85, V. ig,—Oligetidas. -^El héroe de esta oda 
pertenecía á la tribu de los descendientes de Oligeto. 

Pág. 86, V. 14 Su valor atestiguan^ etc.— Véanse 

las notas á las Odas VII y IX. 



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NOTAS. 333 



ODA DECIMOCUARTA. 

Dedicada á Asópico de Orcómeno, vencedor en las 
carreras á pie en que competían niños, el año i.* de la 
Olimpiada 76, 476 antes de J. C. Cantada en el templo 
de las Gracias en Orcómeno. 

Pág. 87, vv. I sig. — Gracias espléndidas, etc. — 
Orcómeno, llamada también Minia, era una ciudad de 
Beocia bañada por el río Cefíso. En ella había un tem- 
plo dedicado á las Gracias (cuyos nombres vemos más 
abajo); y las estatuas de las tres diosas se veían en el 
de Delfos, sentadas al lado de Apolo. 

Pág. 88, V. 19. — ¡Eco! á Cleódamo la grata nueva.-' 
Es muy admirado este apostrofe á Eco (ninfa que se 
enamoró de Narciso, hijo del Cefíso, cuyas aguas co- 
rrían á los pies del poeta] para que lleve la fausta no- 
ticia al difunto padre del vencedor. 



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NOTAS A LAS PÍTICAS. 



JUEGOS PÍTICOS. 



Eran los Juegos Píticos certámenes sagrados en 
honor de Apolo, que se celebraban cerca de Pitona, 
llamada después Delfos, al pie del monte Parnaso. Se 
honraba en ellos también á Diana y á Latona, y á se- 
mejanza de los mayores, había otros de inferior cate- 
goría en Magnesia, Sición y otros puntos. 

Su institución se remontaba nada menos que al 
mismo Apolo, quien después de haber muerto á la 
serpiente Pitón (nacida del lodo de la tierra al retirar- 
se las aguas del diluvio] los estableció siete días des- 
pués de su victoria, para conmemorar tan fausto 
acontecimiento. Las Ninfas del Parnaso le ofrecieron 
entonces sus dones; y siendo nueve las Musas, se de- 
terminó que los juegos se celebrasen cada nueve 
años. Después se redujo el período á cinco años; su 
época era á la entrada de la primavera. Los primeros 
ejercicios fueron el pancracio y las cinco-luchas ó el 
pentatlo (de que se ha hablado en las notas á las Olím- 
picas); más tarde se admitieron todos los juegos de 



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336 NOTAS. 

Olimpia, con excepción de las carreras de cuadrigas, 
y por último también éstas. Había asimismo certá- 
menes musicales y poéticos, que constituían el rasga 
más prominente de los juegos Píticos, superiores bajo 
este punto de vista á los Olímpicos. Había además 
una especia de exposición de pinturas y esculturas. 
El premio consistía en una palma, y en una corona 
que primero fué de encino y después de laurel. 



ODA PRIMERA. 

Dedicada al mismo Cerón de la primera Olímpica,, 
que aquí se titula Etneo, por haber fundado reciente- 
mente la ciudad de Etna en el lugar de Catania, á 
cuyos habitantes, desterró. La victoria en el carro,, 
que aquí se conmemora, fué obtenida, probablemen- 
te, en la Pitiada 29, equivalente al año 3.** de la Olim- 
piada 76, 474 años antes de J. C. Cantada en Siracusa 
en un banquete en el palacio real. 

Pág. 92, V.-22.— TV/'i?©, el enemigo, Qtc, — Fué este 
rebelde gigante el hijo menor de Tártaro y la Tierra, 
según Hesíodo. 

Pág. 95, V. y.— Cual FilocteteSy militó dolieiite. — 
Compara el poeta á Cerón con Filoctetes, no porque 
padeciese la misma enfermedad (que en aquél era el 
mal de piedra), sino por haber salido á campaña en- 
fermo. 

Pág. 96, V. 8.— £/ sabio código /T/'/ío.— Hilo, hijo de 
Hércules, á la muerte de éste se retiró á la Ática coa 
los demás descendientes de su padre, y fué, en una in- 
cursión al Peloponeso, muerto por Equemo de Tegea. 
Los Heráclidas se establecieron entonces entre los 
Dorios, bajo Egimio y su hijo Panfilo, cerca del Pindó 
y el monte Eta. De allí hicieron otra incursión al Pe- 
loponeso y tomaron á Amida (donde nacieron los di- 
vinos Cemelos, Castor y Pólux); y por último se esta- 



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NOTAS; 337 

blecieron en Laconia y Mesenia, al pie del Taigeto. 
Con gente de- estas regiones se colonizó Etna, y Ce- 
rón les dejó sus primitivas leyes. 

Pág. 96, V. 22. — Que cuantos del Amena.-^ErtL el 
Amena río de Sicilia, que corría junto á la ciudad de 
Etna. 

Pág. 97, vv. I y siguientes. — Cerón y su hermano 
Gelón (hijos del viejo Dinomenes) derrotaron en Hi- 
mera á Amílcar el Cartaginés, quien después de ha- 
ber perdido en el mar sus caballos y carros, desem- 
barcó en Palermo. Todos los Cartagineses, incluso 
Amílcar, perecieron ó cayeron prisioneros, salvo 
unos cuantos que se escaparon en veinte buques y 
poco después naufragaron. No sin razón comparan 
Píndaro y Diódoro esta gran batalla á las célebres de 
Salamina y de Platea (junto al monte Citerón), en que 
los Persas fueron vencidos. La batalla naval de Cumas 
fué ganada por Cerón en la Olimpiada 76, año 3." 

Pág. 99, vv. I y siguientes. — No muere la memoria. 
— Creso, el célebre rey de Lidia, se distinguió no me- 
nos por sus riquezas que por su liberalidad y por la 
protección que dispensó á Solón. Faláride era el tira- 
no de Agrigento que se complacía en atormentar á sus 
víctimas, encerrándolas en un toro de metal calentado 
al efecto. 



ODA SEGUNDA. 



Dedicada al mismo Cerón; pero no convienen los 
intérpretes por qué victoria. Cantada en Siracusa. 

Pág. loi, V. g.—A su natal Ortiga,— Ortlgia, que 
por licencia poética llamo aquí Ortiga, isla situada 
junto á Siracusa, donde algunos dicen que nació 
Diana. 

Pág. 102, y. II, —De Cintra, etc.— Era éste rey de 
Chipre, sacerdote del templo de Venus, hijo de Pafo& 

22 



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338 NOTAS. 

y Apolo. Oinomenes, el padre de Gerón, era oriundo 
de Chipre. 

Pág. loa, V. i6.— Lfl Locrés doncella — Alude á la 
seguridad que dio Gerón á los Lx>creses, habitantes de 
Calabria, impidiendo que los asaltase Anaxilao, rey- 
de Regio. 

Pág. I02, V. 22 Del misero Txiótty etc.— Habiendo 

Ixión matado á su suegro, á pesar de la ira general de 
los Dioses, fué defendido por Júpiter, que tenia rela- 
ciones adúlteras con la mujer de aquél. Llevado al 
cielo, pagó á Júpiter sus favores de la manera que 
leemos en el texto. 

Pág. 104, V. i3. — Centauro se llamó. — A pesar de 
este nombre, no fué el hijo de Ixión todavía el animal 
biforme que apellidamos centauro. 

Pág io5,Y.6.—DeArqu¿loco morrfajf.— Vivió este 
poeta doscientos años antes de nuestro lírico. 

Pág. 106, V. i3.--L¿r melodía Castorea.-^Es decir, 
una canción en honor del que ha vencido en las carre- 
ras de carros, por el estilo de las que Castor cantaba. 

Pág. 106, V. 19, — Sírvate Radamanto de modelo, — 
Radamanto, Cretense, hijo de Júpiter, célebre por su 
justicia en la tierra, fué constituido juez también en 
el Averno. 



ODA TERCERA. 



Dedicada al mismo Gerón, dos veces victorioso en 
las carreras de caballos de silla, en las Olimpiadas 73 
y 74. Esta oda sólo se envió á Siracusa, en el aniver- 
sario de la victoria. Olimpiada 76, año 3.^, 474 antes 
deJ.C. 

Pág. III, V. 16.— i4 Lacerea Ciudad de Tesalia, 

cerca del Monte Pelio. 

Pág. 112, vv. 14 y sig. — Aprovechado el discípulo 
fué, etc.— Este pasaje es digno de llamar la atención 



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NOTAS. 339 

<lel lector, por la luz que nos da acerca de la medicina 
de los antiguos. 

Pág. ii3, V. 3,— Arrebatar d Hipólito difunto,— •Hi- 
pólito, solicitado frecuentemente por su madrastra 
Fedra, resistió heroicamente á sus incestuosas ase- 
chanzas. La desdeñada mujer lo acusó entonces á Te- 
seo, esposo de ella y padre de aquél, de haberla re- 
querido de amores, y el crédulo marido maldijo al 
inocente joven, que fué arrojado poco después de su 
carro, asustados los caballos por un monstruo marino 
que envió Neptuno á darle muerte. 

Pág. ii3, V. 24.— i4 magndnimos héroes atormeti' 
ijt.-— Alude á Gerón, afligido entonces por penosa en- 
fermedad. 

Pág. 114, V. fi,— Conquistara en Círra.— Era, Cirra 
el puerto de Delfos. Ferénico, no se olvide, era el 
nombre del caballo de Gerón. 

Pág. 114, V. i3.— i4 la gran Madre — Píndaro, pia- 
doso en extremo, había erigido frente á su casa un 
templo á Rhea y á Pan. 

Pág. ii5, V. a6.— ^ 77on<i.— Otro nombre de Seme- 
je, cuya historia se refiere varias veces en este libro. 



ODA CUARTA, 

Dedicada á Arcesilao, rey de Cirene, vencedor en 
las carreras de carros el año 3.® de la Olimpiada 78, 
466 antes de Jesucristo. Cantada en un banquete en 
Cirene. 

Pág. 117, V. g.— Entre las dureas dguilas.^Psir^ 
saber cuál era el Centro (umbilicus) de la Tierra, Jú- 
piter envió al mismo tiempo dos águilas de Oriente y 
Occidente, y se encontraron en Delfos. En memoria 
de este fausto acontecimiento, se erigieron en el tem- 
plo de Apolo dos águilas de oro, entre las cuales se 
sentaba la sacerdotisa. 

Pág. 117, V. 12.— Baío, fundador de la dinastía Ba- 



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340 NOTAS. 

tiday á que pertenecía Arcesilao, parece ser el asunto 
principal de esta oda, escrita con el objeto de lison> 
jear el amor propio del Rey de Cirene, para que per- 
donase al rebelde Demofilo. 

Pág. ii8, V. 6. — Llegaba (dijo), etc. — Este vaticinio 
confirma el de Medea, que pocas líneas más abajo re- 
fiere íntegro el poeta. Fué dirigido á Bato, al consuU 
tar éste el oráculo Deifico, acerca del modo de curarse 
del defecto que tenía en la lengua y lo hacía tarta- 
mudo. 

Pág. 1 18, V. i5. — Honda rai:^ de almas ciudades. — 
Refiérese al terrón milagroso de que se habla má» 
adelante. Libia (la ninfa) fué hija del Argivo Epafo, y 
Libia (el continente) estaba consagrada á Júpiter. 

Pág. 120, V. i2,^Tenaro do del Orco estala entra- 
da, — Era el Tenaro un promontorio en la costa de La- 
conia, donde había en la tierra una abertura que los 
antiguos creyeron ser una de las puertas del Infierno. 

Pág. 121, V. II. — Hijo de Polimnesto Es decir, 

Bato, el tartamudo progenitor de Arcesilao. 

Pág. 121, V. 24. — Para los Minias.— Llamsi el poeta 
Minias á los Argonautas, quizá porque muchos de 
ellos descendían de las hijas de Minias, hijo de Nep- 
tuno. 

Pág. 123, V. II — Ni Oto ser ni Efialtes podría.— 
Eran hijos de Aloeo é Ifimedía, y á los nueve años 
tenían ya nueve varas de largo y nueve codos de an> 
cho. Declararon guerra á los Dioses, y lograron enca- 
denar á Marte, pero fueron muertos por Apolo. 

Pág. 123, V. 14.— Z)e Artemis las flechas, etc. — El 
gigante Ticio requirió de amores á Latona y fué casti- 
gado con la muerte por Diana. 

Pág. 123, V. 24. — Que el pie derecho solitaria cu- 
bre. — Perdió Jasón una sandalia al cruzar el río Anau- 
ro, cerca de Jolcos. 

Pág. 124, V. y.— De Cariclea, etc.— Era la esposa de 
Quirón. 

Pág. 127, V. 17. — De Neptuno Pétreo, etc. — Vínole 



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NOTAS. 341 

•este epíteto de Petra, ciudad de Tesalia, donde era 
honrado con juegos. 

Pág. 127, V. 26.— il mi abuelo Creteo — Una errata 
de imprenta hizo poner tu abuelo en vez de mi abuelo. 
fie aquí la genealogía de nuestros héroes: 

Eolo = Enarea 

Salmoneo 
I 
Neptuno— Tiro 

I Esón 

Pellas I 

:^' /; Jasón Admeto Melampo. 

Pág. lag, V. 4. — Que saque mepide.—FTixo, hijo de 
Atamante, perseguido por Ino, su madrastra, huyó 
con su hermana Hele sobre un carnero de vellón de 
oro, y se refugió cerca de Etas, rey de Cólquide, por 
quien fué muerto. Finge Pellas que el oráculo Deifico 
le manda aplacar los manes de Frixo y rescatar el ve- 
llocino de oro. Los antiguos tenían cierta idea de que 
-el alma se enterraba con el cuerpo. 

Pág. i32, V. 20. — A la boca del -Ajcino.— Antiguo 
nombre del Ponto Euxino, por su fama de inhospita- 
rio (fi^iivo^). 

Pág. i33, V. 9.—^ las Simplégades.-^ErsLn dos rocas 
botantes, en el estrecho del Ponto Euxino. Envueltas 
en continua niebla y agitadas por los vientos, se jun- 
taban á menudo aplastando cuanto entre ellas se en- 
contraba. £1 Argo pasó por en medio, aunque con al- 
gunas averías, y desde entonces los islotes quedaron 
inmóviles. 

Pág. i33, V. 20. — linge era una ninfa, hija de Eco, 
que con sus encantos hizo enamorar á Júpiter de lo. 
La celosa Juno la transformó en el bullicioso pajarillo 
llamado p«jfi;if¿i.í->^ f/7: "^V"/ ^*^ v>-^A;v/.j . 

Pág. 137, V. io,^Homicida falange de viudas.— Las 



.x-/'»---: 






i:., ^'-^^/.¿-.ir r ;-■ ri:fi r-r :.^' 



342 NOTAS. 

mujeres de Lemnos asesinaron á todos los hombres^ 
con excepción de Toante, padre de su reina Hipsípila, 
en castigo de la infidelidad de aquéllos. Celebraban* 
los funerales de Toante, muerto después, cuando lle- 
garon los Argonautas; y se aproTecharon las viudas 
de la ocasión para que no se despoblara la isla. La que 
se unió á Eufemo fundó así la dinastía real de Cirene. 
Pág. i38, V. 23. — Y viene d interceder por Demo- 
Jilo, — Si hemos de creer al Escoliasta, la oda agradó» 
tanto al Rey, que levantó el destierro al rebelde De- 
mofílo. 



ODA QUINTA. 



Al mismo Arcesilao, por la misma victoria. En la 
oda anterior ensalzó la dinastía; en la presente canta 
el poeta el triunfo del Rey y de su auriga Carroto, y 
celebra las glorias de los Dioses que lo protegieron. 

Pág. 141, V. 9. — La invernal tormenta, — Alude á las^ 
recientes guerras civiles de Cirene. 

Pág. 142, estrofas 5/ y 6.' — Para hacer inteligible 
mi versión, me permití añadir, por vía de paráfrasis, 
las sentencias que se ven en letra cursiva. Epimeteo* 
í^é el personaje que aceptó de manos de Júpiter á 
Pandora, desechando los consejos de su previsor her- 
mano Prometeo, á quien dirigió excusas tardías- 
cuando el mal ya no tenía remedio. 

Pág. 143, V. ig,-~Progenie de Aiexibes »^^El prín- 
cipe y auriga Carroto. 

Pág. 145, V. 14.— i>e Antenor d I0 progenie, — Los 
hijos del Troyano Antenor, después de la toma de 
Troya, se unieron á los Griegos que acompañaron á: 
Helena, y se establecieron en Cirene. 



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NOTAS, 343 



ODA SEXTA. 

En honor de Xenócrates, hermano dt Tsrón de 
Agrigento y padre de Trasibulo, á quien está dedica- 
da. La victoria en las carreras de carros que forma 
el asunto, fué obtenida en la Olimpiada 71, año 3.^, 
494 antes de Jesucristo. 

Pág. 149, V. 5. — A los Emenidas. — La familia de 
Té ron. 

Pág. 149, V. 7. — Tesoro opulento, — Compara el 
poeta sus himnos al tesoro del templo de Febo. 



ODA SÉPTIMA. 

Dedicada al Ateniense Megacles, de la. tribu de los 
Alcmeénidas, por su victoria en las carreras de cua- 
drigas, obtenida el año 3.^ de la Olimpiada 72, 490 an- 
tes de Jesucristo. 

Pág. i53, V. 7. — La ilustre ciudad de Erecteo. — Fué 
Erecteo el sexto rey de Atenas:,; 



ODA OCTAVA. 

Dedicada al luchador Aristomenes de Egina. Su 
fecha es incierta: quizá fué escrita el año 478 antes de 
Jesucristo, dos años después de la batalla de Salami- 
na, á la cual parece aludir el poeta. 

Pág. i56, V, 'j,— Ignoraba Porfirio, — Uno de los gi- 
gantes que, con Tifón, declararon la guerra á los 
Dioses. 

Pág. i58, V. 3. — Del gran hijo de Oicleo — ^Es decir, 
Anfiarao. Sobre su expedición contra Tebas, véase la 
la Olímpica VI. La predicción que en seguida se lee, 
se refiere á la segunda expedición contra Tebas, acau- 



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344 NOTAS. 

di liada por los Epigones, ó sea los descendientes de 
los siete jefes de la primera, entre ellos Alcmeón, 
hijo del mismo Anfíaraol 

Pág.i58, V. 22.^La ciudad de Abante.— Argos, uno 
de cuyos reyes filé Abante, hijo de Linceo. 



ODA NOVENA. 

Dedicada á Telisicrates, hijo de Carniades, que en 
la Olimpiada yS, año 3.®, 478 antes de Jesucristo, ob- 
tuvo el premio en las carreras á pie, en que los com- 
petidores iban cubiertos de pesada ai;madura. 

Pág. i63, V. 8.— Ninfa bella.— De la mención de la 
ciudad de Cirene, pasa el autor con poético arrojo á la 
historia de la ninfa Cirene, fundadora y numen tute- 
lar de aquélla. 

Pág. 164, V. 16. — Pongamos en forma y para mayor 
claridad, la genealogía que aquí traza Píndaro: 

El mar Océano 

El río Peneo=.Creusa, Náyade ó sea ninfa de fuente. 

Hipseo 

Cirene. 

Pág. 168, V. 22. — Tebas del infierno salir lo vio. — 
Yolao, el amigo de Hércules, obtuvo de éste el per- 
miso de salir del Orco por un solo día para librar á los 
Heráclidas del tirano Euristeo, que después de arro- 
jarlos del Peloponeso, los seguía amenazando de 
muerte. 

Pág. 169, V. II,— Desde el dragón y los sembrados 
dientes. — Una de las aventuras de Cadmo fué la 
muerte que dio al dragón que custodiaba el pozo de 
Marte. Por consejo de Minerva sembró el héroe los 
dientes de la alimaña, y de ellos nacieron hombres 
armados, que se destruyeron mutuamente con ez- 



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NOTAS. 345 

•cepción de cinco, los cuales fueron progenitores de 
los Tebanos. 

Pág. 170, V. n. — De Palas en la arena, — Refiérese á 
los juegos Pana teneos, que cada cinco años se cele- 
braban en Atenas. 

Pág. 171, V. y, ^Recuerda de Danao, etc.— El hecho 
narrado por el poeta pasó después que las cincuenta 
liijas de Danao habían degollado á sus maridos, con 
excepción de Hipernestra, que dejó vivir á Linceo, y 
de Amimona, prometida de Neptuno. 

Pág. 172, V. I. — A la hueste de Nómades — Llamá- 
ronse así los habitantes de África que después se ape- 
llidaron Númidas. 



ODA DÉCIMA. 

Dedicada á Hipocles, de Pelineo en Tesalia, que en 
ia Olimpiada 69, año 3.°, 5o2 antes de Jesucristo, 
triunfó en las carreras á pie llamadas dobles ($loivXo<) 
porque se recorría dos veces el estadio, del punto de 
partida á la meta, y de la meta al punto de partida. 

Pág. 173, vv. i3 y 14.— No se olvide que los Anfic- 
^iones eran los jueces; que Delfos se hallaba junto al 
Parnaso, y Cirra en la costa cerca de Delfos. 

Pág. 175, V. 4.— Z>e/ Hiperbóreo^ etc.— Parece que 
esta frase es hiperbólica, semejante á la de pasar más 
'.allá de las Columnas de Hércules ^ ú otras de este gé- 
nero. Hércules, como se narra en la Olimpiada 3.*, 
penetró en aquella región septentrional, de donde 
sacó el laurel para los vencedores en los juegos. 

Pág. 175, V. 5.— 5d/o Perseo, etc.— Fué Perseo hijo 
de Danae y de Júpiter, quien penetró, bajo la forma 
de lluvia ó nieve de oro, á la torre en que Acrisio 
había encerrado á su hija. Perseo y su madre fueron 
lanzados al mar por el mismo Acrisio, en una frágil 
barquilla que los llevó á la isla de Serifo, una de las 
^^ícladas. Lo educó Polidectes, rey de la misma; pero 



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346 NOTAS. 

más tarde, queriendQ deshacerse de él, lo invitó á tm 
banquete á que cada uno de los convidados tenía que 
llevar copQO presente un caballo. No pudiendo cum- 
plir Perseo con este requisito, ofreció llevar la cabeza 
de la Górgona Medusa, como lo hizo, precisamente en 
el momento en que Polidectes requería de amores á la 
madre de aquél. Dicha cabeza tenía la propiedad de 
convertir en piedras á cuantos la miraban, y así suce- 
dió con Polidectes y sus compañeros. 

Pág. 176, V. 14 — Los habitantes de la bella Efira.^- 
No sólo Corinto, sino otras vanas ciudades se llama- 
ron al principio Efira, Aquí parece que se habla de 
Cranonia, en Tesalia. 



ODA UNDÉCIMA. 

Dedicada al joven Trasideo, de Tebas, vencedor en 
la carrera sencilla á pie en la Olimpiada 75, año 3.^, 
478 antes de Jesucristo. Cantada en Tebas, en la pro- 
cesión al templo de Apolo Ismeno. 

Pág. 179, vv. II y sig. — De Mella, txc — ^FuéMelia 
una Nereida, madre de Ismeno por obra de Apolo. Dio 
su nombre al río Ismeno, que bañaba á Tebas, y al 
templo que en sus orillas se edificó al divino padre 
del río. 

Pág. 180, V. ig.—De Pttades, etc — Fué éste rey 
de Focis, en cuyo territorio se celebraban los juegos 
Píticos. 

Pág. 182, vv. 12 y sig ¡Oh Musa, si vendieras,,, — 

Este es uno de los muchos pasajes de Píndaro, no sólo 
oscuros, sino que se prestan á versiones contradicto- 
rias. Yo he seguido á Heyne en su interpretación fa- 
vorable al poeta; pero en el fondo de mi corazón creo 
que el gran lírico dijo, como otros traducen: He alqui- 
lado mi musa al héroe de esta oda, y no me es licito 
divagar elogiando d quien no me paga, 

Pág. 184, estrofa última.— Ya se ha hablado de Yo- 



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lo 

0- 

a- 

íO 

ti- 
Ito 



NOTAS. 347 

lao, sobrino y auriga de Hércules. Castor y Pólux, 
como se verá más extensamente en la Nemea X, vi- 
vían alternativamente en el cielo y en Terapne, donde 
estaba su sepulcro. 



ODA DUODÉCIMA. 

Dedicada á Midas de Agrigento, que dos veces en 
los Juegos Píticos y una en los Panateneos, ganó el 
premio en los certámenes musicales, como flautista. 
Escrita en la Olimpiada 72, año 3.^, 490 antes de Jesu- 
cristo. Cantada en Agrigento (la moderna Girgenti)al 
entrar en triunfo el vencedor. 

Pág. i85, V. a.— Tií, de Proserpina.'^LBL isla de Si 
cilia fué concedida por Júpiter á Proserplna, como 
dote. 

Pág. 186, V. 7 — Las tres audaces Górgonas — ^Eran 
hijas de Forcls y Ceto. — Llamábanse Medusa, Enría- 
la, y Esteno; sólo la primera era mortal; pero todas 
veían con los mismos ojos, de modo que al morir 
aquélla quedaron ciegas aun las inmortales. Véanse 
las notas á la oda anterior. 



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NOTAS A LAb NEMEAS. 



JUEGOS ÑEMEOS. 



Los Juegos Ñemeos, una de las cuatro fiestas nacio- 
nales de primer orden entre los Griegos, se celebra- 
ban en Nemea, cerca de Cleona, en la Argólide. Fue- 
ron fundados por los siete caudillos de la primera ex- 
pedición contra Tebas, y restablecidos por Hércules 
después que mató al terrible león de Nemea. Se con- 
sagraban á Júpiter, y al principio sólo guerreros, ó 
hijos de guerreros, podían tomar parte en los certá- 
menes, todos de un género belicoso. Al último, todos 
los Griegos podían concurrir, y se admitieron toda 
clase de luchas, á saber: las carreras en el estadio, el 
di SCO, el salto, la lucha, el pugilato, el pancracio, el 
quinquercio ó los cinco-juegos, y las carreras de ca- 
rros. Los jueces eran de Cleona, vestían togas negras, 
y daban por recompensa una corona, que al principio 
era de oliva y después de apio. La época de la cele- 
bración era cada tres años, en el mes Panemo según 
unos, en invierno según otros. 



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350 NOTAS. 



ODA PRIMERA. 

Dedicada á Cromio, hijo de Agesidamo y cuñado del 
rey Gerón, Tcncedor en las carreras de carros, en la 
Olimpiada 76, año 3.% 473 antes de J. C, poco después 
de la fundación de la ciudad de Etna. Cantada en la 
isla de Ortigia, en el vestíbulo del palacio del ven- 
cedor. 

Pág. 191, V. 2. — Ortigia sacra, que reposo d Alfeo, 
•^El río Alfeo, enamorado de la ninfa Aretusa, la fué 
siguiendo por debajo del mar hasta Sicilia; y en Ort i « 
gia, isla frente á Siracusa, filó donde primero se detu- 
vo á respirar después de tan larga excursión. En la 
misma Ortigia nació Diana; en Délos (hasta entonces 
isla que erraba por los mares] nació su hermano 

Apolo. 

i 

Pág. i93,w. 7y8 — 

Que á todo pecho emprendedor alcanza 
De cubrirse de gloria la esperártela. 

El original dice: Kotval yáp Spx^^' ¿Xm$s< icoXuvó- 
vcDV ¿vSpOv. 

Puede significar precisamente lo opuesto, y tra- 
ducirse: 

Sin olvidar que d todos nos alcan:(a 
Hondo temor de súbita mudamfa» 

Pág, 193, V. 12 — Nuevo Everides Tiresias, hijo 

de Evero. Véanse, su vaticinio en el Idilio xxiv de 
Teócrito, y las notas á mi versión del mismo. 



ODA SEGUNDA. 

Su fecha es incierta: fué cantada en Atenas y dedi- 
cada á Timodemo, hijo de Timonoo, vencedor en el 



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i 



NOTAS. 351 

pancraeio. No se olvide que eXpancracio era un ejer- 
cicio doble, compuesto de lucha y de pugilato. El 
luchador nunca hería con los puños; el púgil nunca 
intentaba derribar á su adversario: al pancraciasta 
«ran permitidas ambas cosas, y otras más^ como pe- 
llizcar, morder, etc. 

Pág. 198, V. i3.— Orion asi á las Pléyades. — ^La 
constelación de Orion nace en marzo, poco después 
de la de las Pléyades. Timodemo, aunque Ateniense, 
se educó en Salamina, patria de Ayax. 

Pág. 198, V. a3. — Arcania hijos magnánimos. -^Et9í 
Arcania uno de los 174 pueblos (^llH'OO ^^ 1& Ática. 

Pág. 199, V. 14.— En los juegos de Egíoco,-— Es de- 
cir, Júpiter portador de la Egida. 



ODA TERCERA, 

En honor de Aristoclides, hijo de Aristófanes, de 
Egina. Fué compuesta mucho después de la victoria , 
enviada á Egina y cantada en conmemoración del 
mismo triunfo, al volver la época de las Nemeas. 

Pág, 2o3, V. 19.— -4 Eaco y d Egina, etc.— La si- 
guiente genealogía aclarará mucho ésta y otras odas. 

El rio Asopo Saturno-»Fil¡ra 

Júpiter=-Egma Cariclea=-El Centauro Quirón 
Psamatea— Eaco ==Endáis 

I ^_^^^ 

Foco Telamón Peleo— Tetis 

Ayax Teucro Aquiles 

Neoptolemo ó Pirro 
La ninfa Egina dio su nombre á la isla. 

Pág. 206, V. 2 — Pobre primo de Heleno.-— lAome- 



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352 NOTAS. 

donte era padre de Heleno y de Titono, que lo fué de 
Memnón, el negro hijo de la Aurora, quien al frente 
de lo.ooo guerreros vino al sitio de Troya. 

Pág. 20^, V. 2o.^La dignidad r^rw.— Era el Ted-^ 
rio ó Teório^ un lugar consagrado á Apolo Pitio, 
quien también se llamaba Teório. Parece que en Egi- 
na había una dignidad de este nombre, en que al sa- 
cerdocio de Apolo estaba unida la magistratura. 



ODA CUARTA. 

Dedicada al joven Timasarco, hijo de Timócrito, de 
Egina, vencedor en la palestra, en la Olimpiada 8o, 
año 456 ant^s de J. C. Cantada en Egina mientras la 
procesión triunfal pasaba por las calles de la ciudad. 

Pág. 211, V. 3.— En los Cleonios juegos,-^Es decir, 
los juegos Ñemeos. Cleona distaba poco de Nemea. 

Pág. 21 r, V. 8 Tebas, ciudad amiga.^Ls. ninfa 

Teba, lo mismo que Egina, era hija del río Asopo. 

Pág. 2i3, V. 2.— La nueva lu^ de Cintia,— Los jue- 
gos Ñemeos se celebraban en el novilunio. 

Pág. 214, V. g.—Que grato vaya d Enona^—EraL 
Enona el antiguo nombre de Egina. En esta y las si- 
guientes estrofas narra el poeta las vicisitudes de los 
descendientes de Eaco, y supone que rigen como dei- 
dades tutelares los pueblos donde reinaron en vida. 

Pág. 2i5, estrofas 2.* y siguientes. — Astidamíí, lla- 
mada también Hipólita, esposa de Acasto, requirió de 
amores á su huésped Peleo. Desechada por éste, lo 
acusó ante su esposo (como casi siempre sucede en 
tales casos) de haber sido él quien atentó á su virtud. 
Bajo pretexto de una partida de caza, llevó el monar- 
ca al casto joven al monte PeMo, donde, atado á un 
árbol, lo expuso á ser devorado por las fieras. Liber- 
tado de ésta y otras asechanzas, tomó á Jolcos, a3ru- 
dado por sus amigos, derrotó á Acasto y mató á Asti- 



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NOTAS. 353 

dám/a. Téngase esto presente al leer la oda que 
sigue. 

Págr 217, V. 9.— Gof oío d los Tedndr idas. —Tribu á 
que pertenecía el héroe de la oda. 



ODA QUINTA. 

Dedicada al niño Piteas, vencedor en el pancraciOy 
algún tiempo antes de la batalla de Salamina. Cantada 
en un banquete de Egina, patria del vencedor. 

Pág. 221, vv. I.** y síg — Escultor no soy yo, etc. — 
Cuéntase que pareciendo muy alto á los interesados 
el precio que pedía el poeta por su oda, respondieron 
que era más barata una estatua. AI ñn se vieron obli- 
gados á ceder á las exigencias de Píndaro, que empez6 
su cantar con este magnífico exordio, verdadera pro- 
fecía que todavía se cumple, aun en nuestra remota 
América, después de 2.362 años. Las estatuas que se 
erigieron al vencedor, mutiladas y rotas, si es que no 
sepultadas bajo tierra, ni se reconocen ni son visibles 
sino á uno que otro anticuario: los versos del príncipe 
de los líricos se cantan en todas las lenguas, y estam- 
pados en mil idiomas, circulan por todo el mundo, lle- 
vados, no sólo en las naves de Egina, sino en los rápi- 
dos vapores de todas las potencias navales modernas. 

Pág. 222, V. i5.— i4/ otro hijo de Enddis. ^^Yéeinst 
las notas á la Neqiea III. Una errata de imprenta hizo 
poner Perseo en vez de Peleo. 

Pág. 222, V. ig.—Me da vergüen:{a referir la fea y 
etcétera. — Nosotros diremos lo que calló Píndaro. 
Endáis, repudiada por su esposo Eaco, por causa de la 
ninfa Psamatea, excitó á sus hijos á la venganza. Estos 
mataron á Foco, y se vieron obligados á emigrar, Te- 
lamón á Salamina y Peleo á Ftía, en Tesalia, de donde 
llegaron á ser reyes respectivamente. 

Pág. 223, V. 22.— De Hipólita, etc.— Su otro nombre 
era Astidamía. Véanse las notas á la oda anterior. 

23 

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354 KOTAS. 

Pág, 324, y. 23 — De su fértil Egá. — Era Ega una 
ciudad de Eub«a, enfrente de Beocia y de'Focis, donde 
había un templo consagrado á Neptuno. 

Pág. 225, y. iS.-^El mes Deljino. — ^Nuestro junio 
poco más ó menos. 

Pág. 225, V. 16.— La colina de Niso.—Es decir, Me- 
gara, de que Niso fué rejr. 

Pág. 226, y. 4. — Y si pidiereis que d Temistío alabe. 
— Era abuelo materno de Piteas. 



ODA SEXTA. 

Dedicada al EginetaAlcf mides, hijo de Teón y dis- 
cípulo, en la lucha, de Melesias. Escrita en la Olim- 
piada 80, cantada en Egina, en un banquete de la fa- 
milia Básida á que pertenecía el vencedor. 

Pág. 229, V. 17. — La fuerte mano armó con el cesto. 
—Era el cesto una arma ofensiva y defensiva, inven- 
tada por Amico, rey de los Bébrices. Se componía de 
gruesas correas y tiras de cuero, á veces con alma de 
plomo, con que se armaba la parte exterior de la mano 
y .se ligaba el brazo, unas veces hasta el codo, otras 
hasta el hombro. 

Pág. 229, V. 27. — En el marino puente, — En esta y 
otras varias odas se llama al Istmo de CofintOy puente 
de un mar d otro mar^ 

Pág. 23o, V. 4.— Z)e i^íi/n/^.— Ciudad en el territo- 
rio de Sición, cerca de Nemea. 1£\ follaje del león Ñe- 
meo, de que se habla al principio de la estrofa, es el 
apio con que se premiaba á los vencedores en los 
j uegos. 



ODA SÉPTIMA. 

Dedicada á Sógenes de Egina, hijo de Tearión, yen- 
cedor en el pentatlo^ ó quinquercio, ó los cinco-juegos 



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NOTAfc. 355 

<n el certamen de jóvenes, en la Olimpiada 79, año 
4.*, 461 antes de Jesucristo. Cantada en Egina. 

Pág. 234, V. 3.— /íbr ^"^ ^^ ^^^ cinco juveniles 
iiícAíií.— Pondremos aquí el verso de Simónides que 
-enumera las cinco luchas del quinquercio^ y el ende- 
casílabo castellano en que lo he vertido, 

"AXjAa, ico8w3ctítiv, 8í<txov, élxwta, TiáXTjv. 
Salto, carrera, disco, dardo, lucha. 

Pág; 335, V. II ¿Se hiriera acaso?— X la muerte 

de Aquiles se disputaron sus armas el valiente Ayas 
y el astuto Ulises. La elocuencia ó maña del último 
hizo que fuera él el preferido por los Griegos^ Ayax, 
<lespechado, se suicidó. 

Pág. 239, V. 3.— i4^teí que Febo, etc.— Para tener 
tiempo de luchar en los cinco-juegos, empezaban los 
atletas muy de mañana. Sogenes se mostró tan fuerte 
y tan diestro, que terminó antes de salir el sol. 

Pág. 240, estrofa última.— Habló el poeta de la des- 
graciada muerte de Pirro; y agitado por religiosos es- 
crúpulos, vuelve al asunto, excusándose. Termina con 
un proverbio, entonces vulgar, ahora ininteligible en 
los idiomas modernos. 



ODA OCTAVA. 

Dedicada á Dinias de Egina, dos veces victorioso en 
«1 estadio ó carrera sencilla. Cantada en el templo de 
Eaco en Egina. La fecha de las victorias es incierta. 

*Pág. 245, v^ último.— -4 wte* que Adraste y las teha- 
ñas ^o¿/aí.— Adrasto, rey de Argos, indujo á los siete 
caudillos á asaltar á Tebas. Polinices, desterrado por 
su hermano Eteocles, se refugió en la corte de aquél, 
y se enlazó con su hija Argía. Las notas á las Nemeas 
•que preceden, y la oda siguiente, hacen inútiles más 
explicaciones. 



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ILOTAS. 



ODA NOVENA. 



Aunque forma, parte de las Nemeas, se refiere á lar 
victoria que Crómio, gobernador de Etna, alcanzó ea« 
Sición en los juegos Píticos menores. 

Pág. 248, .V. 20.-^ Y del fuerte Anfiarao la maldad^ 
— Adrasto, hijo de Talao, desterrado por Anfiarao eiv 
una guerra civil, se refugió en Sición en las riberas 
del Asopó, cuyo rey Poli bo le dió por e&posa á su hija 
y le entregó el reino. 

Pág. 249, V. I.' — Ydeamistadenprehda.-^AáréiSto, 
para reconciliarse con Anfiarao (hijo de Oicleo), lo^ 
casó con su hermana Erífíle. Está, seducida con ora, 
descubrió después á su esposo qUe st había ocultado 
por no ir á una guerra, que sabía iba á ser desgracíadar. 
y en que él mismo pereció. 

Pág. j5o, V. i5,^Del Siciliano aleja la guerra» — 
Parece qUe los Cartagineses querían invadir á Sicilia^ 



ODA DÉCIMA. 

Esta oda se refiere, igualmente, á fuegos diversos- 
de los Ñemeos. Conmemora dos triunfos del Argivo- 
Tiéo, en los juegos Hecatombeos ^que se celebraban 
en Argos. Para no multiplicar notas, referimos al 
lector á laá odas y anotaciones anteriores, donde ha- 
llará explicadas muchas fábulas á que en la presente 
poesía se hace alusión. 

Pág. 257, V. 2ú.^De Adrasto en el recinto Refi'é- 

resé aquí á los juegos Neníeos. 

Pág. 258, vv. 29 y 3d.— Licaóh edificó en la cumbre 
del monte Liceo una ciudad en - honor dé Júpiter. 0os 
de sus hijos, Teegeates y Clitor, fundaron otras dos 
ciudades á que dieron sus nombres.' 

Pág. 259, V. 2. — Panfaes recibió.— Ersi éste uno de 



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NOTAS. 357 

los progenitores de Tiéo. Sobre la historia que sigue, 
pueden verse mi versión del Idilio xxii de Teócrito, y 
¿mis notas al mismo. 



ODA UNDÉCIMA. 

Esta oda, en honor del gobernador Aristágoras, no 
se refiere á victoria alguna obtenida en los juegos. 
Fué cantada en el Pritaneo de Ténedos (por otro nom- 
bre Lirneso) al inaugurar sus funciones el nuevo ma- 
gistrado. 

Pág. 263, V. 4. — Que imperas en el aula Pritanea, — 
Los Pritanes, en Atenas, y quizá lo mismo en Téne- 
dos, eran ciertos magistrados que presidían el Sena- 
do, y tenían el privilegio de convocar á los senadores. 
En el aula Pritanea, donde se reunían, ofrecían 'sa- 
crificios, daban audiencia y deliberaban. 

Pág. 26Í), V. 20. — Por Melanipo auda^ sangre de 
Teioí.— Fué éste uno de los jefes que defendían las 
-puertas de Tebas contra Adrasto y los Argivos, y cú- 
pole el honor de matar á Tideo. Antes de espirar 
éste, mató Anfiarao á Melanipo y trajo su cadáver al 
jefe agonizante, quien le desgarró la cabeza con sus 
propios dientes. Irritada Minerva con este acto inhu- 
¿mano, lo privó de la inmortalidad. 



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NOTAS A LAS ÍSTMICAS. 



JUEGOS ÍSTMICOS. 



Los Juegos ístmicos tomaron este nombre del Istmia 
de Corinto, doade se celebraban. £n.su parte más an- 
gosta, entre la costa del golfo Sarooio y la falda occi> 
dental de los montes Éneos, se alzaba el templo de 
Neptuno, y cerca de él había un teatro de mármol 
blanco y un estadio. La entrada del templo estaba 
adornada con las estatuas de los vencedores, y con 
bosques de pinos. La institución de los juegos se debe 
á Sísifo: Teseo los restableció y los consagró á Nep- 
tuno. Celebrábanse cada tres años, en diversos meses; 
7 se admitían toda clase de certámenes, lo mismo que 
en los demás juegos. El premio era una corona, pri- 
mero de hojas de pino, 7 después de apio. 



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NOTAS. 359 



ODA PRIMERA. 



Dedicada al Tebano Heródoto, hijo de Asopodoro, 
vencedor en las carreras de carros, tal vez el año 454 
antes de Jesucristo. Escrita y cantada en Tebas, pro - 
bablemente poco antes de la batalla de Tenagra. 

Pág. 269, V. 5,— Para cantarte dejo mis quehace- 
res. — Píndaro, residente, á lo que parece, en la isla de 
Ceos, se hallaba ocupado en escribir un himno en 
honor de Apolo y de la isla natal de este Numen. 

Pág. 270, V. 14. — Que d despecho del perro, — El 
monstruo Gerión vivía en Gades, y guardaban sus 
bueyes el pastor Euritión y un perro de dos cabezas 
llamado Orto. 

Pág. 271, V. 20. — Las cinco lides deordenan;[a. — AF 
principio los cinco juegos: v salto, carrera, disco, 
dardo, lucha,» que constituyeron después el pentatlo 
ó quinquercio^ eran premiados cada uno por separado. 

Pág. 272, V, i,-^ Conciudadano de la sembrada 
grey — Ificles, padre de Yolao é hijo de Anfitrión, 
era de Tebas, y por lo mismo conciudadano ó descen- 
diente de aquellos hombres que nacieron de los dienr 
tes del dragón sembrados por Cadmo, y que se llama- 
ban generalmente Sembrados, Sccaptol. 

Pág. 272, V. 4. — Siempre en 2 erapne fijo.-^En Te- 
rapne estaba la tumba de Castor. 

Pág. 274, V. 7. — ¡Protesilao, etc.— Fué rey de Fila- 
ce, y el primero que saltó á la playa Troyana, siendo 
muerto en el acto, conforme á la predicción que él na 
ignoraba. En memoria de su heroica abnegación, se 
establecieron en Filace fúnebres juegos en su honor. 

Pág. 274, V. 12,— Hermes, etc.— Es el nombre griego> 
del dios Mercurio. 



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960 NOTAS. 



ODA SEGUNDA. 



Dedicada á Xenócrates, hijo de Enesidamo, y her- 
mano del rey Tetón, de Agrigento. Después de la 
muerte del héroe, se le envió á su hijo Trasibulo por 
conducto de Nicasipo. La victoria en las carreras de 
carros que aquí se celebra, se obtuvo el año 476 antes 
de Jesucristo, i.o de la Olimpiada 76; la oda se com- 
puso cuatro ó cinco años más tarde. 

Pág. 378, V. 8.:-.^/ sabio Argivo.—XTistodtmo, que 
habiendo perdido sus riquezas, se vió abandonado de 
sus Amigos. 

Pág. a8o, V. I — Jamás brisa contraria, etc. — Com- 
párase la hospitalaria mesa de Xenócrates á una nave 
que camina á toda vela, del Norte, figurado por el Río 
Fasis, hasta el extremo Sur, figurado por el NUo. 



ODA TERCERA. 

Dedicada al Tebano Meliso, vencedor en las carre- 
ras de cuadrigas. Su fecha es incierta. 

Pág. 282, v. lo.-^Bosque del gran. León.^Es decir, 
los Juegos Ñemeos. 

Pág. 282, V. iB.T^Los Labd¿^^uidas, --^eliso perte- 
necía por su madre á la real prosapia de Edipo y de 
Layo, descendientes de Lábdaco, rey de Tebas. Cleó- 
nimo parece haber sido el abuelo paterno del héroe. 



ODA CUARTA. 

Dedicada al mismo Meliso. Algunos la ju;:gan parte 
•de la oda anterior, y yo traduje ambas en el mismo 
metro. 

Pág. 284, V. 26. — Q,ue en Onquesto mora.— Tenía 
Neptuno un célebre templo en la ciudad de Onquesto, 



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NOTAS. 361 

que se veía desde el cercano Istmo de Corinto, llama- 
do, como ya se ha dicho, puente de un mar á otro mar. 

Pág. 286, V. I.— ¿Q«^ Qriego el fin ignora deAyax? 
Véase la oda Nemea vii. 

Pág. 288, V. j.^Eldia en quedAqueronte.^Hércu- 
les, en un ataque de locura, mató á sus propios hijos. 



ODA QUINTA. 

Dedicada á Filácides de Egina, hijo de Lampón y 
hermano de Piteas, vencedor en' el pancracioj proba- 
blemente dos años después de la batalla de Salamiaa, 
es decir, el año 478 antes de Jesucristo. 

Pág. 289, v.i Madre ilustre del Sol, etc Tam- 
bién de la Luna era emblema la plata, de Marte el hie- 
rro, y asía cada ciierpo celeste se atribuía un metal. 

Pág. 291, V. 2.— i4 los hijos intrépidos de Éneo, — 
Era Éneo rey de Calidona, en EtoHa. Los más céle- 
bres de sus hijos fueron Meleagro,'uno de los héroes 
de la expedición Argonáutica, y Tideo, padre de Dia» 
medes. 

ODA SEXTA. 

Dedicada al mismo FiUcides, y escrita quizá, como 
algunos suponen, antes que la oda precedente. 

Pág. 296, V. 22.— 5t dtal isla, etc.-~.La isla de Egina. 

Pág. 29S, V. 2X. — y del dguila el nombre le impo- 
ne. — ^En griego el nombre de Ayax, At«<, algo se pia- 
rece al del águila, sUt^. 

Pág. 299, V. 2.-^Cantaré brevemente, d la Argi- 
va^^hos Argivos eran no menos célebres que los La- 
cones, por esa concisión que después se ha llamado. 
laconismo. 

Pág. 299, V. tg.— 'El axioma del vate Hesiodo. — A 
saber: Crece el trabajo juntamente con la industria, 

Pág. 3oo, V. II. — Dulces hijas. — Las Musas. 



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362 NOTA8. 

ODA SÉPTIMA. 

Dedicada al Tebano Estrepsiades, rencedor en eí 
pancraciOy tal vez el año 456 antes de Jesucristo, sei& 
meses después de la batalla de Enofita, perdida por 
los Tebanos. 

Pág. 3oi, V. 8.— Z)e la ruidosa Ceres — Llámase asf 
por haber recorrido' la tierra en busca de su hija, so- 
nando cascabeles, panderos y otros ruidosos instru- 
mentos. 

Pág. 3oi,- V. 10. — Nieve de oro.— No hay que con- 
fundir la venida de Júpiter á la estancia de Alcmena^ 
madre de Hércules, para la cual tomó la figura de su 
propio esposo Anfitrión, con la risita á Danae, madre 
de Perseo, bajo la forma de lluvia de oro. La nieve de 
oro, 6 fulgor de blanco y oro, que aquí se menciona^ 
es como la auréola del Padre de los Dioses, de que se 
despojó al entrar en la casa de la matrona á quien iba 
á engañar. 

Pág. 3o3, V. 9 Hijo de Diodoto.— -Tío del vence» 

dor, llamado también Estrepsiades. 

ODA OCTAVA. 

Dedicada á Oleandro de Egina, vencedor en el pan- 
cracio. Escrita pocos meses después de la batalla de 
Platea, año 479 antes de Jesucristo. Cantada en Egina. 

Pág. 3ii, V. 9. — Y luego que en elcielo brille la luna 
llena.-^l curioso lector podrá ver en las notas á la 
traducción, italiana de Borghi una larga disertación 
sobre los motivos para qué las bodas de Tetis fuesen, 
en el plenilunio. 

FIN DE LAS NOTAS. 



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ÍNDICE. 



Carta-prólogo áD. Marcelino Menéndez Pelayo. v 

Vida de Píndaro. ..... ^ xxi 

ODAS OLÍMPICAS. . . 

Oda I. ÁGcrón, Rey de Siracusa. ...*... 5 

— II. A Terón, Rey de Agrigcnto ii 

•— III. Al mismo Terón , ^ . , 21 

— IV. A Saumis de Camarina 27 

— V. Al mismo Saumis 3i 

— VI. A Agesias de Siracusa 35 

— Vil. A Diágoras de Rodas 45 

— VIII. A Alcimedonte de Egina 55 

— IX. A Efarmosto de Opunte 61 

— X. A Agesidamo de Locris 69^ 

— XI. AI mismo Agesidamo. 75 

— XII. A Ergóteles de Himera 77 

— XIII. A Jenofonte de Gorinto 79 

— XIV. A Asópico de Orcómeno , > 87 

. ODAS PÍTICAS. 

Oda I. A Gerón.Etneo, Rey de Siracusa. . . 91 

— II. Al mismo Gerón loi 

— III Al mismo Gerón 107 



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364 ÍNDICE. 

Págs. 

— IV. Á Arccsilao, Rey de Cifene 117 

— V. Al mismo Arcesilao. 141 

— VI. A Xenócrates de Agrigcnto 149 

— VH. Á Megacles de Atenas i53 

-. VIH. Á Aristome^es de Egina i55 

— IX. Á Telesicrates de Cirene i63 

— • X. A Hipocles de Tesalia 17.^ 

— XI. A Trasideo de Tebas 179 

— XII. A Midas de Agrigento i85 

ODAS NEMEAS. 

Oda I. A Gromio Etneo . -. 191 

— II. A Timodemo de Atenas. . 197 

— III. A Aristoclídes de Egina 201 

— IV. A Timasarco de Egina . 209 

— V, A Piteas de Egina 321 

— VI. A Alcímides de Egina, 227 

— VII. A Sógenes de Egina 233 

— > VIII. A Dinias de Egina 241 

— IX. A Cromio-Etneo 247 

— X. ATieo, hijode Ulio 255 

— XI. A Arístágoras 263 

ODAS ÍSTMICAS. 

Oda I. AHeródoto-de Tebas 269 

— 11. A Xenócrates cíe Agrigento. •....-. 277 

— III. A Meliso de Tebas 281 

— IV. Al mismo Meliso . 283 

— V. A Filácides de Egina . ^89 

— VI. A Filácides, joven luchador 295 

— VIL A Estrepsiades de Tebas 3oi 

— VIII. A aeandro de Egina. . ........ 3o5 



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ÍNDICE. 365 

NOTAS. 

Págs. 

Notas á las Olímpica». 317 

Juegos Olímpicos Ibid. 

Oda! 3i8 

Oda II Sao 

Oda III 321 

Oda IV 332 

Oda V Ibid. 

Oda VI 323 

Oda VII 324 

Oda VIII 325 

Oda IX 327 

OdaX 329 

Oda XI 33o 

Oda XII Ibid. 

Oda XIII Ibid. 

Oda XIV '333 

Notas á las Píticas. . 335 

Juegos Píticos Ibid. 

Oda 1 335 

Oda II 337 

Oda III 338 

Oda IV 339 

Oda V 342 

Oda VI 343 

Oda VII Ibid. 

Oda VIIÍ ibid. 

Oda IX 344 

OdaX 345 

Oda XI 346 

Oda XII 347 

Notas á las Nemeas 349 

Juegos Ñemeos Ibid. 

Oda 1 35o 

Oda II Ibid. 



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366 ÍNDICE. 

Págs. 

Oda m 35r 

Oda IV 352 

Oda V 353 

Oda VI _ . 354 

Oda VII . Ibid. 

Oda VIII 35i> 

Oda IX 356 

OdaX . Ibid. 

Oda XI 357 

Notas á las ístmicas 359 

Juegos ístmicos Ibid. 

Oda 1 36o 

Oda II 36i 

Oda III Ibid. 

Oda IV.. .• Ibid. 

Oda V . . 362 

Oda VI Ibíd. 

Oda VII 363 

Oda VIII . Ibid. 



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FE DE ERRATAS. 



Pdg, Linea. Dice. Léase. 

127 26 tu abuelo mi abuelo 

222 1 5 Perseo Peleo 

265 20 Y por Por 

323 5 al río Alfeo. . . . á Diana y al río Alfeo 



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5r 
3 



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Ju 4^JKJ^